jueves, 16 de junio de 2011

Eclipse de Luna

-No me preguntes más, anda. Hay cosas muy grandes ahí fuera que están lejos de nuestro alcance y no podemos comprenderlas, hijo.
-Pero papá, ¡explícame porqué es tan importante esa pelota blanca que hay dibujada en el cielo!
-Verás, tan sólo piensa, que ese planeta va a vivir y ha vivido muchísimos, muchísimos más años de los que puedas imaginar que tú y yo juntos.
-¿Y más que mamá?
-Y más que mamá, la abuela, la prima Sara, todos tus amigos del cole, tu profesora buena, tu profesora mala, tú y yo juntos.
-Bueno papá, pero es que mamá hace tiempo que se fue, entonces no son tantos años...aunque no sé contar tanto.
-No, hijo mío, no me refiero a eso y lo sabes. Lo que quiero decir es que ese bloque de tierra ocupa tantos campos de fútbol que no podrías jugar en todos ellos ni en un año, y que se mueve más despacio que la máquina de coser de la abuela, pero que nunca se caerá del cielo.
-¿Pero dónde está el arriba y el abajo en el cielo? ¿O la Luna está en otro cielo? ¿Está en el cielo de mamá?
-Puede ser, cariño. A lo mejor la Luna estaba prendada de tu madre y por eso se la llevó; pero seguro que mamá es feliz, ella también la adoraba. Cuando seas mayor tú también te enamorararás de ella, y llevarás a alguna amiga a contemplarla contigo, tal vez una noche tan bonita como ésta, y te pondrás tan rojo como roja se está poniendo la Luna. Y entonces comprenderás que en algunas cosas no hay arriba ni abajo, que tu cielo tienes que elegirlo tú, y que somos muy pequeñitos, hijo, más pequeños que las hormigas al lado de lo que es la vida. Somos tan insignificantes que no valemos nada... Perdona pequeño, eso son cosas de mayores, no hagas caso de lo que te he dicho.
-No te pongas tristón papi...
-Tranquilo hijo, hoy no hay tristezas, hoy hay fiesta en la Luna y tu madre también debe estar poniéndose guapa. Vamos a ver el eclipse, anda...

miércoles, 15 de junio de 2011

Ganas de

Tengo ganas de salir corriendo.

De hacer una maleta sin equipaje, sólo con aire y agua y sol. De olvidarme las pastillas, los colirios, las infusiones. De llorar de emoción y no de desesperación. Tengo ganas de escapar.
De morirme de calor en una playa y no en esta habitación. De sentir el frío de la noche en mi cama y no en el escritorio, que no escribe nada, que me hace escribirlo todo.
Tengo ganas de reír, pero tan fuerte que me duela la cabeza. Tengo ganas de mirar las estrellas del cielo de Madrid. Tengo ganas de un eclipse de mar.
De gritar, de escuchar, de llenarme de arena los bolsillos, de romper el reloj de arena, de ser yo quien da las horas.
Tengo ganas de vida, de más vida, de huir de la muerte. De echarle una foto y guardarla en los álbumes del pasado, junto a los recuerdos que ya no quiero recordar.
Tengo ganas de se duchen mi pelo, mis pestañas y mis ideas, de enjabonarlos a todos juntos, de que se mezclen las sensaciones. Ganas de soñar.
Tengo ganas de sentirme bien y de hacer sentir bien a los demás.
De olvidar que olvidé lo que era incapaz de olvidar, y que ahora no olvido.
Tengo ganas de levantarme una mañana y ponerme mi nombre y mis apellidos, de ser quien yo era, de ser quien nunca debí dejar de ser. Tengo ganas de superarlo todo, incluso de superar mis palabras.

Unas ganas de nada, menos de ti. Unas ganas de todo, hasta de mí.


domingo, 12 de junio de 2011

Desafiando calendarios

Hoy ya ha dejado de ser un sábado que sabía a domingo.

miércoles, 8 de junio de 2011

Al presente

¿En qué momento nos damos cuenta de que no conocemos a la persona a quien amamos?

Quizá cuando tenemos que tumbarnos en la cama, mirando al techo, con las lágrimas escurriéndose hasta las orejas, porque no somos capaces de sosteneros en pie, porque la decepción nos marea, porque todo nos da tantas vueltas que parece que el mundo va a estallar. Quizá cuando sentimos que queremos morirnos, cuando sabemos que vamos a ser incapaces de pensar nada coherente en las próximas horas o días, cuando nos metemos bajo la ducha con el agua estallando en nuestra cabeza, para intentar relajar nuestras sienes, tan tensas como hilos de pescar. De pescar lágrimas en el mar de sufrimiento en que se ha convertido nuestra vida. Además, nos quedamos con la boca abierta, pasmadas, asustadas, olvidadas de todo lo que no sea pensar en eso. Se nos cortan los labios, y también las palabras, y se corta algo más ahí dentro. Y la sangre va manchando las paredes de nuestro cuerpo, tiñéndolas del color del dolor, manchas imborrables, perennes, mortales...

Y en el último momento, te relajas. Te tranquilizas pensando, que todo va a volver a ser como antes. Tonta, no agonices, si al final todo se arregla, como siempre.
Todo se arregla, sí. Pero cada vez un pasito más atrás, y cada pelea otro más atrás, y con cada palabra de odio, otro, con cada desprecio, con cada indiferencia, otro paso atrás. Y al final llega un momento en que no sabes ni donde empezaba el camino, ni mucho menos te acuerdas de como se avanzaba hacia delante.

lunes, 6 de junio de 2011

Al futuro

Ojalá nunca me caigan los anillos de las manos, pero sí gotas de sudor de la frente.
Ojalá no tenga nada de lo que arrepentirme, pero sí miles de errores aprendidos. 
Ojalá llegue un día en el que quiera saber más, y siempre haya aún más por saber.
Ojalá el cielo sea infinito y el infierno se estreche, ojalá se alargue el camino.
Ojalá pueda recordar todos mis pasos dados, o al menos, pueda seguir andando.
Ojalá suene siempre en mis oídos la banda sonora de mi vida, y sea bonita.
Ojalá tuviera muchísimo más que decir, ojalá alguien me pidiera que lo dijera.
Ojalá estas palabras sean eternas,
ojalá no las olvide,
ojalá las hubiera escrito.

jueves, 2 de junio de 2011

Hoy y mañana y ayer

Ansiedad de las ganas irreflenables de coger el mundo con las manos
y no dejarlo escapar
sino poder moldearlo a mi gusto
y a lo que necesito
y a lo que ahora quiero
y saber que es posible conseguirlo sin demasiado esfuerzo,
sino fácil,
bonito,
asequible por una vez,
para mí y para los que quiero que estén conmigo en esta aventura.

Pero siempre la vida se escurre entre los dedos...