jueves, 1 de enero de 2015

2015

Escribir es una forma de hablar sin ser interrumpido.
J. Renard.


Esta mañana he abierto el cuaderno donde desde hace mucho tiempo apunto los libros que leo cada año para anotar el último del 2014 y escribir con tinta verde un 2015 encerrado entre dos guiones, que no se escape, poniendo título así a la siguiente lista que espero este año sea más larga.
Al acabar, he ido como siempre al compartimento trasero "secreto" que tiene la libreta. Allí antes solía almacenar pequeñas notas con lecturas pendientes, sugerencias, incluso citas o frases que me habían gustado. Con el paso de los libros y los años me he ido haciendo más organizada y ahora tengo otros cuadernos donde apunto esas otras cosas.
Pero en el pequeño pliegue permanece, como siempre, oculto, un papel doblado, encerrando un intento frustrado de poema, muy breve, pero muy conciso, que debí escribir allá por el 2005 ó 2006.
Sé que rondaba los catorce o quince porque recuerdo perfectamente cómo estaba mi mesa de escritorio, recuerdo cómo lo solté sobre el papel sin miramientos, sin pensar mucho, sin contar métricas (aunque guardan cierta rima desordenada), solamente vomitando las palabras que en ese momento tenía dentro y me asfixiaban, que me sonaron bien, y recuerdo bajar al cuarto de la galería donde mi madre estaba planchando y enseñárselo.
Ya se sabe que hay ciertas cosas que se recuerdan nítidamente, con todo lujo de detalles, y otras que se volatilizan de nuestra mente sin piedad. Este recuerdo es nítido, mi mano colocando el papel sobre la tabla de planchar, y mi voz más niña y con vergüenza, mira mamá, ¿quieres leerlo? Y mi madre de espaldas, tras recorrer los pobres versos, diciendo, ¿por qué has escrito esto?, ¿te sientes así? Y yo, no sé porqué, tuve que aguantarme las lágrimas.
Puede parecer mentira, un adorno para esta pequeña historia, pero prometo que sentí que el cuarto me tragaba, que mi mente me gritaba, ¡no lo sé!, ¡no lo sabes!, ¿por qué has escrito eso? No era para tanto, no tenía tanta relevancia el intento de poema, pero de pronto me sentí expuesta, desnuda, como nunca antes me había sentido con los fugaces cuentos e historias que hasta entonces había escrito y enseñado.
Con ese poema y esa pregunta, ¿te sientes así, por qué lo has escrito?, mis sentimientos plasmados en papel adquirieron otra dimensión. El poema es éste:


Navego en el mar de la soledad,
palabras para no naufragar doy.
Como el agua es mi tinta, sin edad,
sonidos de espuma,
versos en los que voy.
Historias y almas con caducidad,
a quien las lea entrego lo que soy:
la voz y la pluma.


Ocho versos, tal vez con no mucho sentido, escritos por una pluma temblorosa e inexperta pero que expresaban toda una declaración de intenciones, una voz no tan temblorosa, una premonición para mi "yo" del futuro que estaba destinado a entender mejor esas líneas, pues ahora, con 23 años, sigo sintiéndome dentro de ese poema, en ese mar tratando de que esa tinta no se oxide, dando brazadas para que aún se me pueda oír, para al menos oírme yo.
Y hoy empieza el 2015, y como cada año todo el mundo habla de nuevos propósitos, de hacer balance, de cerrar círculos pasados, de reorganizar los sueños. Yo recupero este poema. Hay sueños que simplemente permanecen ahí, que se hacen un compartimento trasero secreto a un lado del corazón, y tal vez empiezan a cubrirse de telarañas, a dejarse olvidar, pero nunca mueren.

Ésta debe ser la entrada absolutamente más sincera de este blog, en ella no hay invenciones, no hay literatura ni imaginación, no hay otros personajes que lleven mi voz ni soy yo con la voz de otros personajes. Es sólo un recuerdo, un poema que forma parte intrínseca de mí, unos versos secretos. De nuevo, como cuando rondaba la adolescencia, me siento expuesta, desnuda.
Me pregunto cómo deben sentirse los escritores "de verdad", esos que son leídos por miles y millones de personas, ¿no tendrán miedo de que los juzguen, de que los lectores se metan dentro de las páginas y confundan, de que crean ver al escritor diciendo esos diálogos? Al fin y al cabo son suyos, el narrador plasma sus propios miedos y lucha contra ellos, el poeta exprime sus vivencias y dibuja sus sentimientos, ambos exponen el corazón para que quien los lee juegue con él y se desangren juntos.
No, no es miedo. Es necesidad. De ser escuchado, de ser leído, de vivir a través de las palabras, de matar la soledad escribiendo. Que "con un libro entre manos, sabes que no estás solo".

No haré, pues, listas de deseos de año nuevo, ni objetivos o planes que no cumpliré, ni tan siquiera un cuidado y petulante discurso motivador, estoy demasiado desilusionada para eso. Después de un 2014 lleno de turbulencias, de vaivenes, de montañas rusas, yo de este año sólo espero reencontrarme con mi esencia, tal vez la de la niña que escribió sin saber porqué aquellos versos inocentes, pero hallar por fin, un poquito, el botón de reset.
Espero que todos lo encontréis.


Pero antes de acabar este discurso de inicio de año un poco caótico e improvisado, sin duda hay algo muy importante que tengo que hacer como novedad bloggera: dar las gracias a todos los que habéis hecho que este blog esté un poco vivo. Sé que lo tengo abandonado últimamente, y lo que es peor, que tengo abandonados a los otros blogs que me encantan y suelo leer y comentar, pero me comen la universidad y otras cosas y he tenido que hacer un parón literario y virtual. Lo siento. Aún así, os leo siempre que puedo desde el móvil aunque no comente.
Y si quiero daros las gracias es por todo lo que me habéis leído este año, por el interés absolutamente desinteresado, por vuestras palabras motivadoras y vuestro apoyo, por los halagos y las críticas, por vuestra presencia que se ha vuelto muy importante para mí, por aparecer de las esquinas de internet como algo mágico e inesperado; por leerme, sin más.
Gracias especialmente a Framboise, Sofya, Óscar, Gata, Miguel, Andoni, Diego, Valaf, Mónica, Pedro, José Javier, y a cualquiera que haya gastado un segundo de su precioso tiempo en leer alguna de mis líneas. Lo valoro infinitamente.

Gracias y feliz 2015.
¡Nos leemos!