sábado, 28 de marzo de 2015

#15 Alguien dice tu nombre. (Biblioteca de cámara)


Cuando se disfruta un libro, cuando se disfruta de verdad, uno está temeroso de llegar a la última página, pero a la vez lo desea con toda su alma de lector. Es la contradicción de los buenos libros. El necesitar saber el desenlace, devorar un párrafo tras otro con el ansia acuciante de meterse más y más en la historia, pero con el desconsuelo de que el inevitable final se acerca. Cuando se disfruta de verdad un buen libro y uno dobla la esquina de la última calle y pasa la última hoja, fuerza a sus ojos a no desviarse hasta la última línea, sino a esperar, a deleitarse en los últimos recodos de las escogidas finales palabras, a saborear con cuidado lo poco que queda de una novela que lo ha maravillado, y segundos después, se sumerge en la última línea, a veces, tan simbólica, instruida y reconfortante como ésta: "A mí me gustaría conocer París". 

Alguien dice tu nombre es una de esas novelas que me ha llegado al corazón. Cuando leo, me gusta encontrar una proporción equilibrada entre estilo, forma y contenido. Unos libros se inclinan más de un lado de la balanza que otros, y para mí siempre prima más la forma de contar las cosas si tengo que elegir. En este caso, la balanza se ve sobrecargada en ambos platillos, todo es tan acertado y cuidado que el peso la hace ceder y a mí sólo me queda decir boquiabierta que esta novela me ha ENCANTADO, en mayúsculas y en negrita, que es perfecta en todos los sentidos.

Ha dicho Sabina de Luis García Montero, que "parece capaz de contarnos, y de qué manera, lo que habíamos olvidado que sabíamos de nosotros mismos". Lo secundo. En estas páginas he encontrado mucho de mí, y también mucho de otras vidas perfiladas con un pincel lleno de maestría narrativa y de poesía. Desarma la facilidad con la que fluyen sus palabras, la estética perfecta, las reflexiones brotadas magistralmente de la boca del protagonista y narrador, León Egea, un estudiante con sueños de escritor que vive un agitado verano que marcará un punto de inflexión en su vida. "Ahí está el mar y yo quiero ser escritor. Su azul es el recurso inmediato que tiene el mundo para reconciliarse con la vida. (...) El mar es el remedio".
A través de estas páginas recorremos vivencias de juventud y madurez, el amor y el descubrimiento del sexo, la responsabilidad, secretos y decisiones, el presente y el futuro, la España franquista de 1963. "Vivimos donde vivimos y a todo el mundo le duelen los pies al caminar. Nos hacen daño los zapatos".
No diré más, sólo que estoy deseando releerla, esta vez con papel y lápiz, para detenerme aún más en las bellas pinceladas que dibuja Luis García Montero.

Sí, todo empieza con el nombre.