Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como A pie de calle

A medio gas

Ahora que la vida nos arranca nuestra manta Y perdido e hipocondríaco, ya no duermo de un tirón Ahora que la noche, es un rumor de risa ajena Que se aleja por la calle y nos congela el corazón Ahora que respiro y resulta más difícil Sacar bajo nuestra piel las astillas del recuerdo Ahora que me pierdo las auroras de Madrid Y no suenan en las radios, las canciones que te debo Ismael Serrano  Sacar fuerzas de flaqueza. Apretar los dientes, tragar saliva. Enumerar por enésima vez, más una, que todo saldrá bien, que podría ser peor. Sacar fuerzas de dureza. Hacerte roca pero romperte por dentro. Recubrir tus cicatrices con oro, buscar aliento, esperar a que alguien sople y seque rápido la herida. Sacar fuerzas de entereza. Fingir ante los demás que aún eres fuerte. Fingir ante la muerte, gritarle que no la temes. Fingir ante ti mismo, ensuciar el espejo, perderte. El saco de las fuerzas está casi vacío, roído por los ratones de las alcantarillas de todas, todas las ciudades del mundo; ...

Mi librera y yo

Mi librera se ha bebido todos los libros del mundo y ahora tiene un problema: en ella habitan tantos personajes que ya no sabe ni quién es. Cuando entras a su librería, es el dragón que defiende el castillo de la literatura; cuando te vas, es Dantès escapando de la fortaleza. Puede inspirarte como Fortunata, conquistarte en la voz de Jane Eyre, acompañarte como un fiel escudero y viajar contigo al centro de la Tierra. A veces coge el arpón y lucha, otras empuña la tinta y es Ismael, incluso zarandea el barco con su cola de ballena. Otros días se transforma en sirena y le canta a Ulises. Según amanezca, puede ser Jekyll o Hyde; rejuvenecer mirándose al espejo; recitarte, fuerte, los últimos versos de Mistral. Nunca puede parar. Sí, es un problema, pero también es la propia solución. Ella ya conoce cuál será el desenlace de todas las historias que le burbujean por las venas. Por eso también es la hechicera que sabe qué libro necesitas leer. En el torreón de la librería te ...

La ciudad de mis sueños que ahora duerme

Llegué a Madrid hace ahora cuatro años con la firme determinación de comerme el mundo, saborear al máximo la ciudad donde siempre había querido vivir y que conocí, antes de pisarla por primera vez, a través de los diestros versos de Sabina. Llegué a Madrid con el objetivo de exprimir todo lo que pudiera de ella, y Madrid me exprimió a mí y me dio incluso más de lo que esperaba. Esa utópica pero a veces realista convicción de que los sueños se cumplen si estás en el lugar adecuado. ¿Nunca descansas?, me han preguntado muchas veces durante estos años de idas y venidas por la ciudad. Poco, lo mínimo, porque Madrid tampoco lo hace. Siempre tiene más que ofrecerte. Lunes mágicos en la presentación de un libro en el sótano de una librería, esas cuya supervivencia ahora peligra y que son emblema de esta ciudad de las letras. Martes improvisados donde siempre aparece un taxi a tiempo, que busca un karaoke abierto para que la noche no se acabe nunca. Miércoles de redención, un cine tranquil...

El día que nunca ocurrió

El reflejo distorsionado que le devolvió la grifería del baño de la oficina hizo que diera un respingo, en esa situación indecorosa en la que se encontraba. Con los pantalones bajados hasta las rodillas y la taza del honorable forrada de papel, vio su caricatura en uno de los pomos metálicos del lavabo y se autocompadeció de sí misma.  La escena era tan patética que poco importaban la camisa de marca, los zapatos lustrosos o el corte de pelo a la última que había copiado de la famosa de turno. El baño se había convertido en una galería de espejos deformantes y ella era ese payaso que no hace gracia a nadie. Ese fue el momento en el que decidió cambiar de vida. Lo vio claro. Saldría ahí fuera, con el ruido de la cisterna aún de fondo, pisando fuerte y con el semblante altivo. Las cejas orgullosas, pero el ceño libre. Sus compañeros quizá advirtieran una energía extraña a su paso, pero estarían tan ensimismados en sus quehaceres que pensarían que había vuelto a estropearse la c...

Mujeres solas

Hace unos días, la madrugada del viernes, compartí en una red social un texto sobre una noticia que me hizo apretar los dientes de rabia. Dos chicas jóvenes, de 21 y 22 años, habían sido asesinadas a golpes mientras estaban de vacaciones , y muchos medios de comunicación se habían hecho eco del suceso informando de que "viajaban solas".  Las mochileras asesinadas en Ecuador, para los medios masivos de comunicación, "viajaban solas". Eran dos mujeres, mayores de edad, viajando juntas. Pero sin embargo estaban "solas". ¿Solas de qué? ¿Falta de quién? Eran dos. Pero como nacieron mujeres, ser dos no les alcanzó. Para no ser "solas", algo les faltaba... Adivinen qué. Mariana Sidoti Crudo, real. Mariana no podría haberlo expresado mejor. Los medios dicen que viajaban solas. La realidad es que así era. Porque una mujer, dos mujeres, tres mujeres, no son nada si un hombre, dos hombres, varios hombres, más fuertes que ellas, quieren hacerles d...

Siempre nos quedará París

La mujer se levantó del sofá para preparar más té; la primera tetera se había acabado y yo no había sabido disimular cuando ella me había preguntado si quería más: dije que sí. Me encanta el té moruno, es sin duda mi infusión favorita, y el más bueno de todos es el que prepara un marroquí. Lo consumen casi desde que nacen, aprenden a prepararlo desde muy jóvenes, y lo hacen durante toda su vida, a diario. Les sale, por supuesto, de manera especial. Con tantísimo sabor a hierbabuena, dulce, dulcísimo, a la par que los dulces bañados en miel que siempre lo acompañan, con forma de triángulo y rellenos de almendra, o rollos retorcidos crujientes, o tortitas esponjosas que untan con más miel. Dulces. Dulces como el ambiente, como el hogareño suelo lleno de alfombras de colores vibrantes, como el niño y la niña de ojos enormes y brillantes que me miraban con interés, como las historias de un lugar lejano que contaba el anfitrión, como el paquete de hojas de té verde que me regalaron. Todo e...

Atención: obras

Siempre parece una ciudad a medio levantar, como si desde su nacimiento no se hubiera terminado de formar y le faltaran brazos o piernas, o cualquier parte que justificara el volver a erigir grúas y andamios. Una de cada tres calles está poblada por obreros con brazos hinchados sacados por unas semanas de la cola del paro, con piel de moreno albañil, chamuscada y curtida al sol más inclemente de las cuatro estaciones de la miseria. Sus chalecos fluorescentes parecen anunciar días de fiesta pero sólo presagian más ruido, polvo y caos en la circulación. Cuatro apoyados en una pala y otro cavando. Cuatro comiéndose un bocadillo y otro armando masa. Cuatro descansando a la sombra y otro vertiendo el hormigón. Un último en traje de chaqueta y casco blanco supervisa. Al final del día aquel es quien menos gana y éste quien más. Maquinaria de precisión quirúrgica, dispuesta a operar a corazón abierto una y otra vez las entrañas de la ciudad, a sustituir sus intestinos por tuberías nuevas más ...

Telediario

2 de septiembre, 2015 Hacía días que no ponía el telediario. Esta noche lo he sintonizado y ha sido un tremendo error. Aunque el error no es ése, el error somos la humanidad; la falta de humanidad. El mundo es un monstruo inhumano que se devora a sí mismo. 3 de septiembre, 2015 Anoche me costó muchísimo conciliar el sueño. Cuando estoy en la cama dando vueltas y no me puedo dormir, suelo coger el móvil y navegar por Facebook o Twitter hasta que consigo adormecerme. Pero anoche, lo mismo que me desvelaba aparecía todo el rato en la pantalla, y por más que intentaba por enésima vez no mirar directamente al rostro del horror, era imposible apartar los ojos, imposible deslizar el contenido hacia abajo para negar una realidad que ayer nos escupieron con toda su crudeza a la cara. Era imposible, egoísta e inhumano rechazar esa visión, y aunque me cuestione seriamente los límites morales de qué se debe y qué no se debe mostrar, tal vez tengan razón los que sostienen que hasta que no ...

Editorial: al amor

Lo peor del amor, cuando termina, son las habitaciones ventiladas, el solo de pijamas con sordina, la adrenalina en camas separadas . Joaquín Sabina. ¿Qué es el amor? Las canciones de amor, los poemas de amor, las novelas de amor, las películas de amor; la creación gira en torno al amor. Creo, me aterra, pero creo, que cada vez está más cerca el día en que tendremos que recordarlo a través de esos medios, a través de esa acuarela diáfana que lo retrata y lo ensalza, lo endulza y lo perdona, y le quita todo lo sucio del amor de verdad, el que hay a pie de calle, el que miente y al que siempre le salen tres patas. No sé en qué nos estamos convirtiendo, o tal vez siempre fuimos así y son mis ojos los que se han librado del velo de la inocencia y ahora no pueden volver a ver la pureza del sentimiento; no lo sé. Pero siento que cada vez pensamos más en el yo y no en el otro, que el egoísmo está a la orden del día, que ya no hay respeto, y que la empatía ya no se entiende, y s...

Gracias, coronel

Imagen
Así es -suspiró el coronel-. La vida es la cosa mejor que se ha inventado.

Peces de estación

Tiene el pelo ralo y le empieza a escasear por la frente, lo lleva peinado hacia atrás y sus cabellos parecen hilos de pescar de distintos tonos grisáceos, tirados por algún marinero desde su cabeza hasta el mar de su cuello. Un bigote espeso le corona el labio superior que ahora se tuerce en un gesto que nunca reconocería como compungido. Usa gafas de cristal grueso y patillas color antiguo, tras ellas se entrecierran unos ojos casi celestes enmarcados de arrugas y pesares. Chaqueta marrón de ante, de esas con muchos bolsillos, pantalón azul de chándal, zapatillas Nike manchadas de tierra; el conjunto de los domingos. De uno de los bolsillos extrae un paquete de Winston y se enciende un cigarrillo. Se lo lleva a la boca una y otra vez, creando ondas de humo que se asemejan a su cabello y que encuadran su cara entre las nubes de la tarde. Mira al horizonte mientras espera en la estación. Acaba de ayudar a su hija a subir al tren. Le ha colocado la maleta, la ha acompañado hasta el...

La movilidad exterior

Volvió de aquel largo viaje muy cansado, y supo, desde el primer momento en que pisó sus antiguas calles, que había cambiado. Cambiado como te cambian todos los viajes, de los que vuelves siendo el mismo pero en distinta piel; pero esta vez, el distinto no era sólo él. Anduvo por la ciudad perdido, siendo sombra e imagen de cientos de otras personas como él, con una historia y un destino similares; nada destacable, nada perdurable. Sólo una maleta tatuada de sellos a cuestas y otras cosas que arrastrar. Las calles grises vomitaban mujeres en vestidos de colores, como colibríes de diciembre haciendo un canto a la primavera; pero ninguna reparaba en él. Había niños jugando en las plazas y su algarabía se le hacía molesta y ruidosa. Se sentía un sin techo del corazón, y al instante se arrepentía de su egoísmo al reparar en los mendigos que adornaban cruelmente las esquinas, como una decoración de navidad más. Deslizó algunas monedas aquí y allá, y se dirigió a un bar. Dentro, nada s...

Que no es el contenido, sino la compañía

No sé de qué vamos a hablar hoy. De la universidad, del amor, de unos, de otras, de política, del futuro. Poco importa; me importa que me escuches, pues lo único que necesito es empezar a soltar pamplinas por la boca. Y desinflarme. Hoy es un día para sentarse en un banco y ver a los niños pasear y a los ancianos gatear; para ponerse cómodo en la acera, al lado de los jardines con geranios del ayuntamiento, con las piernas cruzadas y las manos enlazadas en la nuca. Y soltar al aire ¡qué vida más perra! Aunque no sepa de qué vamos a hablar, voy a hacerlo hasta perder la voz y quedarme afónica y desgarrada, como los cantantes melancólicos y rotos que escriben esas canciones que nos desvelan cada noche. Como un bálsamo que cure cicatrices , voy a parlotear hasta la extenuación. Tú sólo tienes que hacer como que me prestas toda tu atención, no te pido más esfuerzo; cuando hablo y tú me escuchas haces que no me sienta sola. A cambio compartiremos una bolsa de pipas, con la condició...

El discurso

Discurso de Antonio Muñoz Molina, premios Príncipe de Asturias 2013 Escribir empieza siendo casi siempre un sueño o un capricho o una vocación imaginaria . Pero el sueño, el deseo, el capricho, no llegan a cuajar en nada si no se convierte en un oficio. Un oficio, cualquier oficio, requiere una inclinación poderosa y un largo aprendizaje. Un oficio es una tarea que unas veces resulta agotadora o tediosa por la paciencia y el esfuerzo sostenido que exige, pero que también depara, cuando las cosas salen bien, momentos de plenitud, y permite entonces la recompensa de un descanso que es más placentero porque se siente bien ganado, al menos hasta cierto punto. Digo hasta cierto punto porque todo el que se dedica plenamente a un oficio sabe que siempre hay una distancia grande entre las mejores posibilidades de un proyecto y su realización, igual que hay descubrimientos con los que no se contaba. Un oficio es una tarea práctica: uno hace algo que le gusta y que a costa de aprendizaje y em...

Cuando la ciudad es una trampa y tu país su aliado

Recorro las calles de mi ciudad de adopción con más prisa que ningún año, porque este año es peor que ningún otro, y los números dicen que esta función es creciente. Las prisas me ayudan porque me impiden apreciar ciertas cosas, pero aún así, de soslayo, no puedo evitar ver lo que mis ojos, culpables por pasivos, no quieren mirar. Antes me era más fácil deleitarme en los edificios bellos, en sus fachadas y cornisas, en las pequeñas cúpulas de algunas azoteas; en las estatuas  y jardines, en la altura de los árboles y en las iglesias; en los escaparates y en el olor de las panaderías, en el clamor de los bares y el discurrir de la gente; en los paseos, en el río, en la catedral y su plaza, en los detalles de Murcia, qué hermosas eres, qué hermosa eras; era más fácil disfrutar del murmullo de la ciudad. Fácil. Vivir en la comodidad es fácil. La seguridad es fácil. Tener un techo y dinero en el bolsillo es fácil. Creer que dispones de futuro es fácil. La vida es más fácil de lo q...

Un profeta llamado Tú

Hace poco estuve hablando con un amigo, y sin pensarlo mucho, me vino a la boca decirle, como halago, que era "mi ejemplo a seguir". Lo mencioné haciendo referencia a que admiraba el camino que estaba trazando y logrando, en el ámbito de estudios y profesional. Pero éste amigo mío cuando se habla de negocios o de zalamerías es muy serio y correcto, lo cual también valoro, y me contestó: "Síguete a ti misma, no merece la pena seguir a nadie más".  La conversación no avanzó mucho más y cada gorrión a su nido, y cada facebook a otro hilo de mensajes, pero yo me quedé dándole vueltas. No es que mi amigo haya creado una nueva filosofía con lo de tu único ejemplo a seguir debes ser tú mismo, pero sí que me sirvió de pretexto para reflexionar sobre el tema. Y como reflexiono mejor cuando lo escribo, aquí va mi aporte en forma de comentario aburrido de texto, más que nada, para recordármelo a mí misma cuando me haga falta. El camino del "éxito" tiene, entre ...

Mi otra oreja

oreja. (Del lat. auricŭla ). 1. f. Órgano externo de la audición. Que Van Gogh no quiso automutilarse es un hecho, pero hubiera sido difícil inventarle otro romanticismo a las puertas de un burdel, por muy francés que éste fuera. Que Gauguin decidiera privarle de tal saliente craneal fue, quizá, un error, pero en cualquier caso, le limitó su capacidad de audición externa con aquella estocada. ¿Y la interna? Deberíamos empezar a darnos cuenta de que nuestro sentido físico del oído, en el significado estricto de la palabra, no lo es todo. Los humanos podemos oír, sí, pero también podemos aprender a escuchar. No sólo a escuchar música, y sentirla; no sólo a escuchar el ruido, y a diferenciarlo de la ausencia del mismo, que no siempre es el silencio; no sólo a escuchar palabras... sino a escuchar personas. Y a veces, las personas sólo quieren eso: ser escuchadas. Ocasiones en las que en una conversación se oye mucho más una de las voces, gente mayor que cuenta cuentos ...

Nunca estaréis a salvo.

El sol brillaba alto despuntando la azotea, y él se empezó a desperezar. Por la ventana entraban abundantes rayos de luz que irradiaban la estancia y le cegaban los ojos aún dormidos. Por la posición del astro debían ser más de las dos, pensó, y lanzó el primer improperio del día. Se deslizó de la cama hasta el suelo como una serpiente y encendió el televisor. Con las noticias de fondo se aguó la cara y el cuerpo en el baño sin espejo. Ya no tenía. Le daba miedo mirarse en los ojos y no ver nada. Porque hacía tiempo que no sentía nada. Se atusó la barba mientras bebía zumo de un cartón y escuchaba la voz monótona del presentador. Nuevas medidas en el Congreso, últimas exigencias desde Bruselas, novedades viejas sobre juicios de corrupción, un incendio aquí, una caída en la bolsa allá. - Tras haberles contado las noticias destacadas del día, volvemos sobre el suceso con el que abríamos el telediario, y que tiene conmocionada a toda Inglaterra. Sin mediar más palabra, apareció e...

Empatía introspectiva

Aquellos que deseen comprender sus propias vidas deberían conocer las etapas mediante las que sus opiniones y sus costumbres se convirtieron en lo que son... Pretender mirar a la vida moderna de frente y llegar a comprenderla simplemente por introspección, es una filosofía cuyas debilidades pueden ser probadas fácilmente... Es siempre peligroso separar una costumbre de sus lazos con acontecimientos pasado, tratarla como un dato aislado y descartarla simplemente mediante una explicación que resulte plausible. Edward Burnett Tylor

Al filo del rescate.

"Que nadie lo olvide: si somos millones los que damos un paso, daremos un gran salto". No sé si estamos haciendo oídos sordos, o si son ellos los que nos tapan las orejas con sus manos enredadas de hilos políticos. No sé qué definición tiene hoy el poder, pero sé que no es nuestro, y sé que nos falta mucha conciencia social. Porque en Europa nos creíamos del Primer Mundo, y no somos mejores que nadie. Niños que no tienen para comer y se desmayan en la escuela, trabajadores que se suicidan antes que rebuscar en la basura, gente que duerme y vive en las calles, familias con el apellido Endeudados, enfermos expulsados de los hospitales, padres que no llegan a fin de mes, hijos que no pueden ir a la Universidad. Harían falta cuatro años entregando hasta el último euro que genere este país para saldar la deuda. ¿De qué nación es esa deuda, qué le deben los ciudadanos a un mundo que sólo les pide y no les da? Ésta no es la España en la creí nacer, y sobre todo, no ...