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Mostrando las entradas etiquetadas como Amor se llama el juego

Acotaciones

amor Del lat. amor, -ōris. 2. m. Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear. miedo Del lat. metus 'temor'. 1. m. Angustia por un riesgo o daño real o imaginario. Me gusta definir las cosas, entender la amalgama de significados que un concepto, una idea o una persona pueden englobar. Pero hay cosas que no se pueden definir, que no se deben acotar. Ni ponerle diques al mar, ni puertas al campo, ni definición al amor. Qué miedo da el amor. Se habla mucho de ese primer chispazo, del momento en el que piensas, es él, creo que es él, de momento es él, quiero que sea él. Tu corazón empieza a agitarse y pide soltar riendas, desbocarse, salir corriendo. Que el amor no es un límite, es una ventana abierta. Pero el amor real, tangible, recíproco también es cosa de dos. Y en ese dos, entra el miedo. Se habla mucho de ese primer chispazo, pero no de cóm...

La puerta

El primer día que llegué a la casa la sentí sombría e inhóspita. Ajena a mí. Me costó encontrar un espacio allí dentro en el que ubicarme y, en mi indecisión, mientras estudiaba la extraña forma de la estancia principal, reparé en las puertas. Por la mirilla de la tuya salía luz. Me paseé delante de ella durante horas, días, semanas, mientras construía en mi cabeza mi propia maqueta, diseñaba la estructura, decidía los colores. Pasaba el tiempo despacio, pesado, como en los largos días de verano, aunque en la casa era invierno. Y tu puerta cada vez se iluminaba más. Cuando mejoró el frío y la casa se volvió cálida, empecé a preparar los materiales, levantar los tabiques, apuntalar las paredes, situar las ventanas. Para cuando decidí colocar mi puerta, del diminuto ojo de buey de la tuya brotaba ya un fuerte rayo de sol.  El calor casi había llegado. Pensé que a lo mejor no me hacía falta cerrar aquel último rectángulo de la construcción. Después de to...

Vainilla

En los bosques, las ramas de los árboles estaban desnudas y ateridas, mirando desde las alturas la alfombra de hojas que la estación de la caída había tejido a su costa, adivinándose tras sus troncos indefensos los picos nevados de las montañas. En las ciudades, la gente empezaba a ponerse nerviosa al volante, se acercaba la hora punta de la salida del trabajo y querían escapar de la circulación cuanto antes, pitaban impacientes, encendidos por las luces navideñas y atosigados por el reloj. En los pueblos, las campanas empezaban a repicar llamando a la misa de tarde, algunos ancianos salían de sus casas con un bastón en la mano y una manta sobre los hombros, y las madres bajaban las persianas para guardar dentro el calor del hogar. En un universo aparte, estaba nuestra playa. Tu silueta se recortaba sobre el horizonte, un perfil que me sé tan de memoria que podría dibujarlo a ciegas sobre la arena, hundiendo el dedo en ella y creando líneas como las que recorro en tu espalda...

Miradas

Ahí quedaste. La vida te colocó una venda en los ojos que borraba todo rastro de mí, y ahora puedes ver un mundo en el que simplemente ya no existo. Caminar tranquilo por la calle sabiendo que no te darás de bruces con mi presente, hablar con la gente habiendo olvidado que un día nos tuvieron en común, volver a los sitios que compartimos juntos sin tener que guardar prudencia, sin miedo a toparte con mi recuerdo, y rehacer tu vida como si yo nunca hubiera estado en ella. Se consumió el cristal de tus gafas que antes me buscaban, se te emborronó la mirada y la venda mental hizo el resto. Ahí quedé. La misma vida que a ti te cegó de mí, conmigo no fue tan gentil. No me ofreció visión selectiva para el corazón, sino un par de binoculares que analizan de cerca una obra. El escenario está prácticamente vacío, es una habitación desamueblada casi en su totalidad, fría y gris. Sólo una cama, en la que están los fantasmas que fuimos, de espaldas, sin mirarse. Cada vez que me coloco las lente...

La vida moderna

Y tu pulso tamborileaba en mis sienes y muñecas como diminutas patas de ciempiés. Y nos repartíamos los labios y los dientes y el hipo y del alfabeto las impares. Y en tus dedos yo tocaba mis canciones, dedos de teclas de celesta. Maga. Me queda un diecinueve por ciento de batería, y después me apagaré. Tú, que ya no tienes nombre ni rostro para mí, recargas ahora otras pilas, otros cuerpos que nos alejan inexorablemente. Irremediablemente. Parecía que tu clavija no podría encajar en ningún otro lugar que no fuera mi mente, que mi puerto era tu puerto y nada más, o eso prometías. Pero mis terminaciones nerviosas no eran tus únicas conexiones compatibles, y ahora gasto mi última energía, empecinada y malherida, en borrar tus datos. La malgasto. Tal vez ya no tengas nombre ni rostro, pero sigues siendo recuerdos. He conseguido provocarme lagunas considerables, incluso alterar mis archivos y modificarlos. Dejé entrar nuestro final como un virus en mi memoria y desconect...

Editorial: al amor

Lo peor del amor, cuando termina, son las habitaciones ventiladas, el solo de pijamas con sordina, la adrenalina en camas separadas . Joaquín Sabina. ¿Qué es el amor? Las canciones de amor, los poemas de amor, las novelas de amor, las películas de amor; la creación gira en torno al amor. Creo, me aterra, pero creo, que cada vez está más cerca el día en que tendremos que recordarlo a través de esos medios, a través de esa acuarela diáfana que lo retrata y lo ensalza, lo endulza y lo perdona, y le quita todo lo sucio del amor de verdad, el que hay a pie de calle, el que miente y al que siempre le salen tres patas. No sé en qué nos estamos convirtiendo, o tal vez siempre fuimos así y son mis ojos los que se han librado del velo de la inocencia y ahora no pueden volver a ver la pureza del sentimiento; no lo sé. Pero siento que cada vez pensamos más en el yo y no en el otro, que el egoísmo está a la orden del día, que ya no hay respeto, y que la empatía ya no se entiende, y s...

Sin combustible

Hay cuatro grupos de personas en el autobús. Están las parejas que se apretujan entre sí para evitar el frescor gélido del aire acondicionado y exhiben sus besos acaramelados por la ranura que queda entre los dos asientos, con más ruido del que me gustaría, con el inexistente decoro adolescente. Los grupos de señoras que van del pueblo a la ciudad y chismorrean como gallinas, con sus bolsos cargados y sus peinados recién enlacados en la peluquería del barrio esa misma mañana, provocándome mareo por su agitada conversación y el olor fuerte de la laca. Los hombres que van o vuelven de trabajar, con el mono de faena empolvado de tierra y las fiambreras del almuerzo, la mirada perdida por la ventana entre los campos que en otro momento del año les tocará segar, pensando quizás en cosechas más fructíferas. Y por último, ahí estoy yo. Con frío en el asiento, cobijándome tras mi propia sombra de payaso triste, quitándome las gafas para no poder distinguir los detalles del paisaj...

Tarde para cambiar.

Supe que había llegado demasiado tarde, que todo había cambiado, que ella no había estado ni estaba sola. Lo supe por la vajilla, escurriéndose a pares en la encimera: dos tazas, cuatro platos, dos copas. Por los albornoces colgando inertes en el baño, sugiriéndome formas de morir más halagüeñas que esta muerte lenta que me estaba sucediendo. Por los cepillos de dientes, verde y naranja, besándose sin pudor tras el cristal del vaso. Por las revistas variopintas apiladas en el bajo de la mesa, de temas que ella nunca leería. Por los dos paraguas enlazados en la entrada, fundiéndose en uno que salvaría de la mayor de las tormentas; pero no a mí. Por las breves notas pegadas en el frigorífico. Lo supe por el desorden ordenado reinante, atípico en su habitual orden desordenado. En general, por detalles imperceptibles que se habían creado y por otros que ya no estaban. Por el olor diferente, el color sensorial trastocado del lugar, las nuevas vibraciones, la atmósfera desconocida... ...

Carta en el buzón de espera.

Me prometiste que no pasaría nada, pero aquí me encuentro, con la desazón pintada en el rostro. Llevo demasiado tiempo esperando, y no ceso de preguntarme, ¿a qué esperas tú? Dijiste que todo estaría bien, que sería rápido, que en breve volverías a mi lado de nuevo; en vez de eso, me desvanezco cada día un poco más, noto que mi cuerpo disminuye densidad, como un globo perdiendo aire, soltando lastre. He pinchado y descarrilo, la inquietud habita mis avenidas por lo demás desiertas. No me gusta la respuesta que me da el silencio cuando le interrogo exclamando, ¿se habrá olvidado de mí? Esa respuesta callada me hace languidecer. Entonces siento que me esfumo, que a ratos soy sólo humo, un mero recuerdo, una vaga presencia que camina de puntillas mientras la habitación se hace inmensa y me traga. Si tú no estás para mirarme no existo en los espejos. Si no me tocas no soy carne, si no me hueles no expulso aliento, si no me escuchas no tengo voz. Tal vez he olvidado quién soy mientra...

Ojalá que llueva

"This morning, with her, having coffee." Johnny Cash, when asked for his description of paradise. Ya no recuerdo cómo pensé en empezar estas líneas, porque en verdad sé que ahora poco importa lo que pueda añadir. Esta condensación de palabras se pega a mi piel como se adhieren a un enamorado los malos presagios, y alguien dijo que el asesino sabe más de amor que el poeta. Lo pensaba esta mañana, a solas conmigo y sin mí, mirando por la ventana mientras sostenía la taza de café, muy amargo, y volaba a mi frente aquella frase de Johnny Cash. El paraíso ahora está muy lejos, quién sabe si siquiera llegó a existir entre nosotros; eso es lo que me cuentan las gotas de agua que intuyo moverse entre las nubes, abrazadas a su esponjosidad y resistiéndose a caer, negándonos una lluvia que limpie esta ciudad y esta sensación de asfixia desde que ya no estás.  Desde mi segunda planta se adivinan los mendigos tomando posiciones en las esquinas y en los portales, agazapán...

En el hueco de tu silencio

Tu ciudad sigue con sol y sin jactancia  siempre esperándote Mario Benedetti. ¿Cómo suplo el hueco de silencio que has dejado? Me encorvo aquí tan solo, ciego, sordo. Las paredes de esta casa se pueblan de fisuras y no hay tiritas en el botiquín abandonado a su suerte en el lavabo, donde descansan aún tus restos de carmín que me resisto a limpiar. El olvido es una mancha en el espejo del baño; el espejo, un traidor que me escupe un retrato cincelado de grietas y de arrugas, donde una vez se vieron risueños nuestros rostros. De noche escucho los pasos de otros, los gemidos de otras, un televisor encendido y algunos gritos lejanos. A veces pienso que el que grita soy yo, pero estoy tan afincado en el hueco de tu silencio que no me sé reconocer en otros sonidos que no sean los que tú escuchaste de mí. Me afano en poner tildes a los versos, en corregir gramáticas y necedades, mientras dejo pasar el tiempo intentando reunir el valor para barrer tus recuer...

Espejismo al óleo

Él tocó a la puerta, dos golpes secos, y ella tuvo miedo de abrir y dejar a la sequía entrar de nuevo. Pero esta vez no era una tierra árida y reseca la que pedía permiso para regresar, aunque el golpeteo sonara hueco y corto; de alguna forma el manantial se había llenado y lo supo nada más verse en el reflejo de sus ojos acuosos por las lágrimas y por el pasado, que estallaba detrás de las pupilas desvelando más secretos de los que son capaces de confirmar las palabras. Con otro golpe seco cerró la puerta tras de él, los diques estaban a punto de rebosar en forma de tormenta pacífica esta vez, y ella esperaba con el paraguas cerrado, como una bandera blanca ondeando al viento; una declaración de intenciones, una intención declarada, clara y limpia. Si hubo tiempo que perder, no lo supieron, porque todos los relojes se pararon, y sólo horas después, cuando tuvieron que volver al mundo real, vieron como ni siquiera ellos estaban de su parte y les habían mentido, haciéndolos cre...

Por la espalda

Las palabras me han traicionado. Confiaba en ellas, ingenua y ciegamente. Eran los testigos fieles y callados de mis emociones, las consejeras comprensivas de mis pensamientos, la respuesta y la forma de formular la pregunta, la herramienta para dar rienda suelta a las historias y sensaciones que abstrajeran mi mente de la realidad; eran la prosa y la poesía. Después de años usándolas para crear e imaginar, para describir situaciones y versar sentimientos, para idealizar momentos o soñar desenlaces; después de años tendiéndome su brazo silabeado para usarlo a mi antojo y permitirme empatizar con otras vidas; ahora, justo ahora, se burlan de mí. Ahora me está vetado elegirlas, y algunas se empeñan en aparecer en mi boca cuando no quiero nombrarlas, me señalan con su sílaba acentuada y se mofan. Hay grupos de palabras escondidas en algún rincón de mi cabeza que se resisten a mostrarse ante mí, que ya no me dejan usarlas y se ríen con onomatopeyas. Hay otros conjuntos que no pa...

Confesión de un secuestro por amor

Desapareciste en un parpadeo. Conté hasta tres, abrí los ojos y ya no estabas. Quizás añorabas  todo lo que robé de ti. Merezco una cadena perpetua, mi cara en un cartel de se busca, y todas las condenas del mundo para pagar el botín, para intentar equilibrar la balanza de la cantidad legal de sueños que puede soñar un hombre, y que puede ver cumplir. Este hombre te soñó a ti. Fuiste un tesoro ilícito, una cámara acorazada que se abrió sin llave maestra. Una joya en un escaparate, un año sin almanaques todo hecho de horas soñadas, de esas que desajustan la justicia que ordena el destino de los mortales. Fuiste una colección de arte, a veces la más perfecta imitación de tu propio ser hecho a medida. Yo hurtaba con desenfreno en las esquinas de tu escultura, adueñándome de todo lo que generosamente me dabas. Birlaba tus piedras preciosas, me guardaba con celosía el mapa para escalar a tus piernas, preciosas también. Eras mi diamante en bruto, y te...

Pudo empezar por vocal

Empecé por la A, ¿por cuál iba a empezar? A veces me gusta comenzar por el final, eso es cierto, pero en este caso el final me rozaba peligrosamente con las uñas afiladas, así que, falto de imaginación para idear otro criterio, abrí por la primera página sin más y empecé a leer. A, ababillarse, ababol, abacá, abacería, abacial, ábaco, abacorar, abad, abada, abadejo. De cada diez palabras conocía sólo un par; me sentía un inculto y un ignorante a medida que pasaba hojas del diccionario, lo cual no hacía sino motivarme y esperanzarme aún más en mi empresa. Iba con el pesado tomo a todas partes: escrutaba palabras en la cola del supermercado, en los descansos del trabajo, mientras sacaba dinero del cajero, esperando en los atascos, cepillándome los dientes, en la cama hasta caer rendido. Y a la mañana siguiente volvía a retomarlo con más entusiasmo si cabe. Atenuar, ateo, aterciopelado, aterecerse, aterirse, atérmano, aterrada, aterrador, aterrajar, aterrizaje. Cuando acabé con la p...

Transoceánico

Y el mar, el dulce mar tan trágico, a su propia distancia sometido, sabrá dejar escrito que el viaje nunca fue nuestro tesoro. Luis García Montero. Tengo dos relojes en una de las paredes de mi casa. Uno marca esta hora, exacta; el otro, seis horas menos. Mientras me preparo la comida te imagino desperezándote, sepultada bajo kilos de mantas polares, de esas de pelo tan suave como tu piel. Como, y jugando con los cubiertos te veo refrescarte en el baño, lavarte los dientes y vestirte con cinco capas de ropa, abrir las cortinas y contemplar una blancura espesa y limpia. Yo recojo los platos, y fregándolos te diviso desde lejos retirando la nieve de la entrada, empuñando la pala con decisión y gracilidad, resbalándote graciosamente sobre el suelo helado. Tú actúas todo el rato con normalidad, no te sientes observada, pero yo no puedo parar de pensarte. Paso la tarde en el trabajo viendo tu película diaria: te presiento saliendo de casa y dirigiéndote al barrio latino...

Cuando toda la piel sabe a sal

¿Qué nos pasó? Tal vez estamos en el mundo para buscar el amor, encontrarlo y perderlo, una y otra vez. Con cada amor volvemos a nacer y con cada amor que termina se nos abre una herida. Estoy llena de orgullosas cicatrices. Paula, Isabel Allende Cuando nos hacemos una herida y a los días (o eternidades) empieza a cicatrizar, suele invadirnos una cierta comezón. Aunque sabemos que no hay que rascarse porque tardará más en regenerarse la piel, lo hacemos. Detrás parece haber una explicación biológica donde intervienen algunas células y terminaciones nerviosas. La irritación es persistente, molesta, intentamos evitar pensar en ello pero cada vez que algo (o alguien) nos roza la herida nos lanzamos a tocarla para intentar aliviar el picor. En el fondo funciona, nos da unos momentos de placer, pero el resultado es mucho peor: necesitamos rascarnos más y más, el alivio momentáneo provoca que la herida vuelva a abrirse, y ahora duele aún más. Entonces esperamos, nos armamos de paci...

Gravedad cero

- Pasarán más años, mil años, e igual sentiré que el tiempo se ha detenido aquí. Que vuelvo a tener miedo, más miedo, y no sé a quien voy a acudir entonces, estoy perdiendo mi  gravedad . - Estaré, para lo que necesites. Los pasos se desvanecieron a lo lejos por la calle. - Te necesito a ti.

Paréntesis

Hoy es un día de esos que no tienen nombre pero que sólo te pertenecen a ti, un día impropio con nombre propio que me niego a decir. Un día lleno de un vacío que lo llena todo. Hoy se me desparrama el café por la taza, una y dos y tres veces, aunque a la cuarta entiendo que ahora la taquicardia es justificada. Hoy no encuentro el abrigo pero me niego a cerrar la ventana. Hoy pido sin decirlo un alto el fuego, enviando señales de humo mientras me caliento, o lo intento. Y respiro el humo y su veneno a medio pulmón.  Porque hoy funciono a medias como un trasto viejo. Y mientras el hoy se va acabando llega el reloj a una encrucijada. Se me está agotando el día y la señal aún no ha venido aunque no me haya movido de casa. Hoy es un día en que ni la poesía me salva, en que las ojeras hacen sombra en mis clavículas. Hoy busco mi nombre en la sala de espera pero no llega la cita. Hoy ladro blasfemias en un lenguaje que nadie entiende, y cuando hasta mis paredes se aburren d...

High love, heart drugs

God, I’m very, very frightening, I’ll overdo it. The National He cometido un error. Todo lo que amo está perdido en los cajones, en el fondo del armario. Ha pasado algo, algo que ha colmado el vaso y que ahora lo está desbordando. No tengo tiempo, no para esto; me siento perdido. Pero hoy voy a empezar de nuevo. Hoy te voy a llevar a casa. Me apresuraré a buscarte a la salida del trabajo. Aún no sé quien eres, pero sé que lo sabré en cuanto te vea. Te reconoceré entre todas, porque llevo soñando contigo más de veinte años. Una eternidad echándote de menos, antes de conocerte. Hoy va a ser el día. Te encontraré y tú sentirás que has sido encontrada. Eres la última pieza de mi puzzle, te necesito para completarlo. Para completarme. Y sólo encajas tú. Hoy te llevaré a casa. Recorreremos el camino en silencio, te cogeré de la mano. Te guiaré hasta allí como tú me has guiado hasta ti. Y te miraré a los ojos, muy dentro, penetrando tus pupilas. ...