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Mostrando las entradas etiquetadas como Poemando o intentándolo

A medio gas

Ahora que la vida nos arranca nuestra manta Y perdido e hipocondríaco, ya no duermo de un tirón Ahora que la noche, es un rumor de risa ajena Que se aleja por la calle y nos congela el corazón Ahora que respiro y resulta más difícil Sacar bajo nuestra piel las astillas del recuerdo Ahora que me pierdo las auroras de Madrid Y no suenan en las radios, las canciones que te debo Ismael Serrano  Sacar fuerzas de flaqueza. Apretar los dientes, tragar saliva. Enumerar por enésima vez, más una, que todo saldrá bien, que podría ser peor. Sacar fuerzas de dureza. Hacerte roca pero romperte por dentro. Recubrir tus cicatrices con oro, buscar aliento, esperar a que alguien sople y seque rápido la herida. Sacar fuerzas de entereza. Fingir ante los demás que aún eres fuerte. Fingir ante la muerte, gritarle que no la temes. Fingir ante ti mismo, ensuciar el espejo, perderte. El saco de las fuerzas está casi vacío, roído por los ratones de las alcantarillas de todas, todas las ciudades del mundo; ...

Maremoto

Un día, a última hora, tomaré el camino que lleva a la costa, ese que se bifurca en miles de recodos y no permite adivinar el mar final. Pero, el mal final. El mal final es ese que no te deja dormir, que te atenaza las sienes y las manos, y dibuja pesadillas en los rincones de la playa hasta que despiertas de la vida. Y el despertar. Cuando tomas la curva en la tercera ola, dos rocas a la derecha, una a la izquierda, de frente hasta que te engulla la marea, en el horizonte encontrarás el destino. Pero, el desatino. Ese día, a última hora, el camino de la costa, las curvas, las rocas, el timón dará un volantazo y se cernirá una oscuridad de sal. Y la salida. Despertar, frente al mar enlatado, mientras las sardinas huyen despavoridas y el camino de la costa no permite adivinar el mal final.

El camino de tu tinta comienza hoy a caminar

El camino de tu tinta comienza hoy a caminar esculpiendo artículos casi con aire de poesía, que sirven de almohada a esa literatura sentida sintiendo ella un nuevo corazón convencido desde el instante en que te decidiste a acertar. A acertar aceptándote a ti misma con un futuro que reverdece y a mi fuero si te miro escribir mientras miras de improviso, sin poses de foto, para observar la realidad que tienes que sentir desde la piel hasta tu frente, pasando por cada uno de tus verdes nervios, con tantos colores y estilos como una suerte de tintas, parte de la misma naturaleza que cualquier ecosistema que hoy siente que es ella misma viéndose como la niña que nunca has dejado de ser realmente ella, y que hoy comienzas a escribir tus sueños como cuando soñabas soñar mientras no podías salir de los teoremas. El camino de tu tinta siempre lleva a un agua que no sé por qué pero me inspira a escribir caminando por la calle mientras mi camino más le...

Montañas

Las nubes claroscureaban en las laderas de las montañas creando un juego alterno de luces, pico iluminado, falda apagada. Tu falda descendía hasta el pico virgen de tus tobillos cuando apagábamos la luz, y así encendíamos el cuarto. Las cumbres salpicadas de nieve eran testigos mudos de tus cálidos terrones de azúcar cayendo en alud por el pecho. En tu espalda seguían los claroscuros del sol de invierno, una senda a través del bosque donde perderse a soñar. El camino se ensanchaba hasta llegar al valle húmedo, y yo, sediento tras el viaje, bebía el maná de tus labios. Y por fin, en la gruta escondida y secreta de tu montaña, nos uníamos al grito del viento y verdecía de nuevo la vida. Fuiste mi definición de paisaje, la savia latente en los árboles, la madera de los pinos y a veces también sus agujas. Fuiste el agua y la tierra, el aire y el hielo, naturaleza salvaje, las hojas caídas y las flores preferidas por las abejas. Fuiste el néctar más dulce y más amargo...

2015

Escribir es una forma de hablar sin ser interrumpido . J. Renard. Esta mañana he abierto el cuaderno donde desde hace mucho tiempo apunto los libros que leo cada año para anotar el último del 2014 y escribir con tinta verde un 2015 encerrado entre dos guiones, que no se escape, poniendo título así a la siguiente lista que espero este año sea más larga. Al acabar, he ido como siempre al compartimento trasero "secreto" que tiene la libreta. Allí antes solía almacenar pequeñas notas con lecturas pendientes, sugerencias, incluso citas o frases que me habían gustado. Con el paso de los libros y los años me he ido haciendo más organizada y ahora tengo otros cuadernos donde apunto esas otras cosas. Pero en el pequeño pliegue permanece, como siempre, oculto, un papel doblado, encerrando un intento frustrado de poema, muy breve, pero muy conciso, que debí escribir allá por el 2005 ó 2006. Sé que rondaba los catorce o quince porque recuerdo perfectamente cómo estaba mi mesa...

Agujeros de bala

La relatividad de nuestras distancias, la metamorfosis de los tiempos y los cuerpos. Antes me abrazabas el alma en carne viva, ahora en el abrazo suena el metal de las corazas. Estás lejos, me intento acercar a tientas, despacio, delicado, sin forzar las rozaduras, pero en el camino me cojea la herida de la pierna y el metal hace más ruido. Llevas puesta tu armadura de malla, tan gris, y entre su entramado de anillos de hierro y de hielo intento colar mis suspiros, mis explicaciones, pero así la piel no se acaricia. Tu corazón remendado es ahora una fuerza armada y yo me siento a la vez revólver y agujero de bala. La lejanía y el miedo en tus ojos de animal amenazado se clavan en mí como esquirlas de plata. Encuentro en todas partes los orificios sangrantes, mi espalda llena de impactos, mis manos inservibles, las convulsiones, las contracciones, el espasmo final. Tanta protección no ayuda, sólo rebota y atenaza. Que si no te quitas ya el chaleco antibalas, me ...

Por fin

Hoy ha sucedido, por fin. Llevaba veintisiete años soñando contigo, aguardando impaciente cada noche en vela a que una musa con tu rostro cerrara mis ojos, a que volvieras a poblar las avenidas de mis sueños, a que pasearas con timidez por los recodos de mi mente. Llevaba veintisiete años durmiendo sin ti a tu lado, respirando a ciegas tu perfume entre mis sábanas, saboreando tu saliva onírica entre el alba y el insomnio, dejando que ahuyentaras mis pesadillas sin saberlo, despertando entre sudores calientes que sólo me enfriaban. Llevaba veintisiete años rozando una utopía, tocando las teclas de ese piano que recorre tu espalda, imaginando partituras juntando tus lunares de corchea, fantaseando que tu cuerpo era la colcha y yo el invierno, moldeando tus curvas a mi antojo cada noche en cada cuerpo. Llevaba veintisiete años siendo un juntaletras triste roto remendado desangrado enmascarado, un preso encadenado al cielo con las alas extirpadas, un poeta de nadie p...

Mafalda

"Yo, lo que quiero que me salga bien es la vida." Quino. Eme se despierta con una cortina suave y lisa enmarcándole el rostro, pero ella tiene el espíritu rizado y salvaje. Eme se levanta sin rumbo y le echa un vistazo al estante de los recuerdos, sacudiéndose un poco el polvo del corazón. Eme desayuna y se va sintiendo más entera, aunque sea sólo por fuera, el desasosiego aguarda dentro en un cajón. Eme sabe bien que para desentonar con todo el mundo sólo debe sonreír, las esquinas de sus ojos lo hacen por ella. Eme tiene estilo hasta al andar y, sin saberlo, por donde pasa deja huella, una persona sola en un cruce de caminos. Eme dibuja Mafaldas en los bordes de un pentagrama aún muy vacío, donde a veces el hastío no le permite tocar. Eme baila y con las vueltas se sacude la nostalgia de algo que aún anhela, mi filósofa de la música que también sueña. Eme es una niña que nació siendo mujer y que ahora silenciosamente encierra mil secreto...

Otra vez

O tra vez a limpiar tus labios de la copa, las huellas dactilares de tus pasos y las pisadas en mi piel de tus manos. Otra vez a recoger del suelo tu ropa, a borrar tu perfume con otro que lo tape y que siempre huele a fracaso. Otra vez a morderme hasta sangrar a mí mismo la boca, a sujetar el teléfono y exigirme cállate, a intentar frenar el desenfreno. Otra de muchas, escasa, incoherente, anhelada, sólo otra. Otra vez a pretender quitar tu marca del sofá, a llevar los muebles del corazón al desguace y que salga a devolver y en negativo. Otra vez a esquivar pesadillas en la noche, la noche desestrellada y la falta de sueño, los sueños encerrados en jaulas de cera. Otra vez esa mirada insincera y en números rojos, otra vez a barrer los despojos que apenas quedan entre tú y yo. Otra de cientos, más de cien mentiras, la verdad hecha pedazos, la hipocresía. Otra vez la madrugada extinguiéndose y yo a medias entre un poco y la nada...

Coplas a la muerte de su presente

Si cualquier tiempo pasado fue mejor ¿para qué seguir viviendo sabiendo que lo que vendrá después no será suficiente, teniendo presente que el recuerdo es el único aliciente y la nostalgia un malvivir? Si cualquier tiempo pasado fue mejor ¿por qué empeñarse en batallar con los pretéritos para que se vuelvan atemporales, si con cada día que pasa la memoria se acompasa e insiste en arañar? Si cualquier tiempo pasado fue mejor ¿qué importan entonces el mañana, los sueños, los planes, todas las vanas esperanzas, que más dará que vuelvan las oscuras golondrinas si ya no son las mismas? Si cualquier tiempo pasado fue mejor... Y lo fue.

Susurros

Hilas. Como una aguja que cose heridas y pincha, a veces pincha, pero un pinchazo suave placentero intenso y loco orgánico y orgásmico, como si la condición natural de la piel fuese ser cosida por ti, como si la recepción natural de la herida fuera tu hilar. Giras. Te enredas en un tejemaneje de estrellas girándote en torno a mi eje, y ruedas sin ruedas psicodélica coloreada e indómita salvaje y horizontal, generando una avalancha de riesgos que estoy dispuesto a tomar, consciente mi inconsciencia de que eres tú, la mejor meta eres tú. Aunque seas demolición. P .

A tu nombre le falta mi voz

A tu nombre le falta mi voz. A tu aliento le falta mi eco. A tus manos les falta mi cuerpo. Faltan tantas cosas que ya no queda nada, ningún resquicio donde resarcirme de tanta pérdida desbocada. Desbocada. Como un caballo al que le desregalan unos dientes para morder del árbol del pecado tu manzana. A tu futuro le sobra mi pasado. A tu espalda le sobran seis arañazos. A tus cartas les sobra mi remitente. Y aún, aún en este vacío tan candente las sobras de una pasión refulguran asfixiadas. Asfixiada. La llama que no quisimos ver lamida ha mutado y a sí misma hoy se llama, se pone en espera, y se apaga.

En el hueco de tu silencio

Tu ciudad sigue con sol y sin jactancia  siempre esperándote Mario Benedetti. ¿Cómo suplo el hueco de silencio que has dejado? Me encorvo aquí tan solo, ciego, sordo. Las paredes de esta casa se pueblan de fisuras y no hay tiritas en el botiquín abandonado a su suerte en el lavabo, donde descansan aún tus restos de carmín que me resisto a limpiar. El olvido es una mancha en el espejo del baño; el espejo, un traidor que me escupe un retrato cincelado de grietas y de arrugas, donde una vez se vieron risueños nuestros rostros. De noche escucho los pasos de otros, los gemidos de otras, un televisor encendido y algunos gritos lejanos. A veces pienso que el que grita soy yo, pero estoy tan afincado en el hueco de tu silencio que no me sé reconocer en otros sonidos que no sean los que tú escuchaste de mí. Me afano en poner tildes a los versos, en corregir gramáticas y necedades, mientras dejo pasar el tiempo intentando reunir el valor para barrer tus recuer...

Confesión de un secuestro por amor

Desapareciste en un parpadeo. Conté hasta tres, abrí los ojos y ya no estabas. Quizás añorabas  todo lo que robé de ti. Merezco una cadena perpetua, mi cara en un cartel de se busca, y todas las condenas del mundo para pagar el botín, para intentar equilibrar la balanza de la cantidad legal de sueños que puede soñar un hombre, y que puede ver cumplir. Este hombre te soñó a ti. Fuiste un tesoro ilícito, una cámara acorazada que se abrió sin llave maestra. Una joya en un escaparate, un año sin almanaques todo hecho de horas soñadas, de esas que desajustan la justicia que ordena el destino de los mortales. Fuiste una colección de arte, a veces la más perfecta imitación de tu propio ser hecho a medida. Yo hurtaba con desenfreno en las esquinas de tu escultura, adueñándome de todo lo que generosamente me dabas. Birlaba tus piedras preciosas, me guardaba con celosía el mapa para escalar a tus piernas, preciosas también. Eras mi diamante en bruto, y te...

El mismo hombre

“No tenían razones para no emborracharse”. Un paseo por el lado salvaje , Nelson Algren Deambula sin pisar las baldosas amarillas en busca de algún bar que le soporte y le expropie de los soportales que le aguantan cada noche el alma. Una persiana subida es un atisbo de vida aún viva a esas horas de la madrugada cuando el cínico suplica y el borracho se desnuda, cuando los gatos se besan en los tejados y la niebla le pone celosa un velo a la luna. En cada nueva vieja barra se desvela y se le revela un antiguo secreto a voces por los altavoces raídos de telarañas del local. A ritmo de blues, las más noches, se encuentra mirando en el fondo de un vaso, fondeando como un buzo a contracorriente, escuchando de un saxo las notas que no toca. Esta noche no le toca hallar respuesta alguna a la ausencia de su boca, y el saxo suena a sexo, y el sexo muere ajeno a todo en los tejados aún poblados por felinos cuando a él le cierran la persiana y corre gatuno a la caza...

Comparanzas

Cuando empieza a doler entonces escribo. Cuando lleva un tiempo doliendo entonces escribo. Cuando deja de doler entonces escribo. Cuando no duele nada entonces escribo sobre cuando empezaba a doler, cuando llevaba un tiempo doliendo o cuando dejaba de doler . Marwan. Como meter los pies en arenas movedizas. Como protegerse de la tormenta con un chubasquero de papel. Como beber alcohol para bajar la fiebre. Como poner en las heridas sal y miel. Como caminar descalzo entre cristales. Como montar en la montaña rusa después de un largo sueño. Como comprar un mapa escrito en árabe. Como dormir desnudo en pleno invierno. Como iniciar un viaje a quién sabe donde. Como nadar en lagunas nocturnas de amnesia e insomnio. Como tirar la piedra y esconder la mano. Como llegar a un punto sin retorno. Como las náuseas, los nervios, la resaca y el frío. Como un abismo a medias lleno de vacíos. Como todo este cúmulo de sensaciones dispersas y dispares. Como ...

Girasol

Es un día de verano, y el gran astro brilla alto, quemándonos la piel. Tú y yo, mano a mano, caminando, se nos clavan las espigas en los pies; seguimos el sendero del campo, buscando alguna sombra para cobijarnos. Y mano a mano, sé que te empiezo a querer. La explanada luce limpia, indómita, repleta de trigo y cereal; la naturaleza se revela paciente, adormecida en la tarde estival. El calor nos hace risueños, transparentes, entorna los párpados, nos sosiega el corazón. En mitad del paraje me siento, te sientas, te recuestas, y abres tus ojos al sol. Se descubren en ellos tus colores: amarillo ocre en torno a un centro marrón, verdes sesgados, motas de azul; me parecen un girasol. La luz irradia de ellos, la paleta de Van Gogh. Me sonrío y me tumbo a tu costado, bendito verano, heliocéntrico amor. En medio de un mar de herbáceas, del Perú vienen en volandas las pipas de esta canción. Arrancamos las semillas, las ponemos a tostar en nuestros cuerpos ya tostado...

Madrugadas en vela

Yo soplo el viento que empuja a esta vela de este barco de esta madrugada en la que me mantengo despierta navegando a la deriva. Yo soplo el aire que da fuerzas a esa vela que me mueve y me marea. Yo soplo a la vela que tira de las riendas de la nave de la noche. La vela, que naufraga. Y en el cajón un candil flotando en el océano.  Yo soplo el viento que empuja a esta vela a extinguir esta llama esta madrugada en que me mantiene despierta escribiendo a la deriva derivadas. Yo soplo el aire que fuerza a esa vela a extinguirse mareada. Yo soplo a la vela que es la luz que tira de la nave de la noche. La vela, que se apaga. Y en la mirada fuego y en sus fauces rabia. Madrugadas en vela. Madrugadas descompensadas, injustas, malogradas. Madrugadas de insomnio, de anorexia mental, de bulimia impersonal. Madrugadas de cera, de bombillas, de calor y de oscuridad. Madrugadas sinceras, malvadas, de suspiro letal. Madrugadas dispuestas a asesinar al más...

Verso libre y encerrado

Tengo frío en los pies, aunque llevo calcetines altos. Se me ha caído tanto pelo que podría hacer una alfombra con él. Una alfombra donde tumbarme a esperar a la Muerte. Madrugo, me desvisto, me sujeto a otra ropa para no caer. Espero, espero, espero, me impaciento, me hundo.  Dióxido de carbono en los pulmones, drogas en el cerebro.  Me cuelgan las mejillas que no se acuerdan de como sonreír. Los ojos me escuecen llenos de lluvia en las pestañas. Lluvia radiactiva, venenosa, como la sangre de mi corazón. Se me rompe el cuello si lo giro mucho hacia atrás. Sólo puedo mirar hacia delante, y allí no veo nada, nada, nada. Sólo oscuridad, penumbra, abismo, tinieblas ácidas. Por la ventana se cuelan voces que hablan en inglés. Entiendo lo que dicen, más que a veces entiendo tu español. Tus palabras no se corresponden con tus actos. Madrugo y me desnudo, despacio, con asco de tocar mi piel. No pasa el tiempo allá afuera,  y y...

En un universo paralelo al nuestro

Que tristeza, que decepción, dos cuerpos inertes sobre el colchón. Ni tuyo ni mío, ni amor ni calor. Sólo ausencia. Ausencia de besos, de más buenos versos, de caricias desnudas en la habitación. Sólo impaciencia, por hallar la manera, de agotar esta espera, de borrar la dolencia, ceniza y carbón. Aguja en vena, aguja de un reloj, que cuenta las vidas, dos vidas, mil vidas, que llevamos perdidas en la habitación. Reloj. Compás de agonía, parsimonía sombría, la cama vacía. No te mires, ¿no me miras? Ni la sangre se calienta en este cuarto con estufas frías, y mucho menos el corazón. Contrarreloj. Menos uno, menos dos, los grados que bajan, los sueños que matan, miradas que espantan, (la ausencia y la presencia, la impaciente adolescencia), y desamor en vena... Buenas noches y adiós. Never look back, my love!