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Final de novela

He andado mucho durante todos estos años, y aunque mi vida no sea tan larga como la de otros, mis huesos se sienten lo suficientemente viejos como para saber que ha sido intensa y que ahora soy más sabia que cuando empezó todo.   Ahora sé que la tierra y el mar tienen un alma propia, que la naturaleza dispone de nosotros como si fuéramos pequeñas partículas dentro de su inmensidad, porque en realidad lo somos. Conozco el interior de la gente y sus grados de oscuridad, la eterna escala de grises que muchos niegan pero que yo afirmo, lo cual no es un alivio, porque el más resplandeciente de los blancos puede volverse oscuro como la noche dentro de cualquier individuo. He aprendido que da igual cuales sean tus creencias, porque fuera de ti no suelen valer nada si no las comparten los poderosos. Si tus convicciones no influencian a los que te rodean, vivirás en soledad dentro de tu cabeza, porque nadie más querrá ni podrá comprenderte. He estudiado la esencia de lo superfluo y...

Burbuja

Cuando aún ni la sal del mar ha cubierto los poros de mi piel dejándolos blanquecinos ya me estoy ahogando sin remedio a la deriva en los días que vendrán en este océano tan largo y a la vez tan corto que es el verano de mis diecinueve años como diecinueve olas que me hundirán y me dejarán sin aire para respirar sumergiéndome en un torbellino estival de agua que me retorcerá como ha hecho tantas veces hasta quitarme el aliento y soltarme bruscamente en el mismo lugar donde empecé pero sin una burbuja de aire para poder volver a comenzar.

Eclipse de Luna

-No me preguntes más, anda. Hay cosas muy grandes ahí fuera que están lejos de nuestro alcance y no podemos comprenderlas, hijo. -Pero papá, ¡explícame porqué es tan importante esa pelota blanca que hay dibujada en el cielo! -Verás, tan sólo piensa, que ese planeta va a vivir y ha vivido muchísimos, muchísimos más años de los que puedas imaginar que tú y yo juntos. -¿Y más que mamá? -Y más que mamá, la abuela, la prima Sara, todos tus amigos del cole, tu profesora buena, tu profesora mala, tú y yo juntos. -Bueno papá, pero es que mamá hace tiempo que se fue, entonces no son tantos años...aunque no sé contar tanto. -No, hijo mío, no me refiero a eso y lo sabes. Lo que quiero decir es que ese bloque de tierra ocupa tantos campos de fútbol que no podrías jugar en todos ellos ni en un año, y que se mueve más despacio que la máquina de coser de la abuela, pero que nunca se caerá del cielo. -¿Pero dónde está el arriba y el abajo en el cielo? ¿O la Luna está en otro cielo? ¿Est...

Ganas de

Tengo ganas de salir corriendo. De hacer una maleta sin equipaje, sólo con aire y agua y sol. De olvidarme las pastillas, los colirios, las infusiones. De llorar de emoción y no de desesperación. Tengo ganas de escapar. De morirme de calor en una playa y no en esta habitación. De sentir el frío de la noche en mi cama y no en el escritorio, que no escribe nada, que me hace escribirlo todo. Tengo ganas de reír, pero tan fuerte que me duela la cabeza. Tengo ganas de mirar las estrellas del cielo de Madrid. Tengo ganas de un eclipse de mar. De gritar, de escuchar, de llenarme de arena los bolsillos, de romper el reloj de arena, de ser yo quien da las horas. Tengo ganas de vida, de más vida, de huir de la muerte. De echarle una foto y guardarla en los álbumes del pasado, junto a los recuerdos que ya no quiero recordar. Tengo ganas de se duchen mi pelo, mis pestañas y mis ideas, de enjabonarlos a todos juntos, de que se mezclen las sensaciones. Ganas de soñar. Tengo ganas de ...

Desafiando calendarios

Hoy ya ha dejado de ser un sábado que sabía a domingo.

Al presente

¿En qué momento nos damos cuenta de que no conocemos a la persona a quien amamos? Quizá cuando tenemos que tumbarnos en la cama, mirando al techo, con las lágrimas escurriéndose hasta las orejas, porque no somos capaces de sosteneros en pie, porque la decepción nos marea, porque todo nos da tantas vueltas que parece que el mundo va a estallar. Quizá cuando sentimos que queremos morirnos, cuando sabemos que vamos a ser incapaces de pensar nada coherente en las próximas horas o días, cuando nos metemos bajo la ducha con el agua estallando en nuestra cabeza, para intentar relajar nuestras sienes, tan tensas como hilos de pescar. De pescar lágrimas en el mar de sufrimiento en que se ha convertido nuestra vida. Además, nos quedamos con la boca abierta, pasmadas, asustadas, olvidadas de todo lo que no sea pensar en eso. Se nos cortan los labios, y también las palabras, y se corta algo más ahí dentro. Y la sangre va manchando las paredes de nuestro cuerpo, tiñéndolas del color del dolor, ...

Al futuro

Ojalá nunca me caigan los anillos de las manos, pero sí gotas de sudor de la frente. Ojalá no tenga nada de lo que arrepentirme, pero sí miles de errores aprendidos.  Ojalá llegue un día en el que quiera saber más, y siempre haya aún más por saber. Ojalá el cielo sea infinito y el infierno se estreche, ojalá se alargue el camino. Ojalá pueda recordar todos mis pasos dados, o al menos, pueda seguir andando. Ojalá suene siempre en mis oídos la banda sonora de mi vida, y sea bonita. Ojalá tuviera muchísimo más que decir, ojalá alguien me pidiera que lo dijera. Ojalá estas palabras sean eternas, ojalá no las olvide, ojalá las hubiera escrito.

Hoy y mañana y ayer

Ansiedad de las ganas irreflenables de coger el mundo con las manos y no dejarlo escapar sino poder moldearlo a mi gusto y a lo que necesito y a lo que ahora quiero y saber que es posible conseguirlo sin demasiado esfuerzo, sino fácil, bonito, asequible por una vez, para mí y para los que quiero que estén conmigo en esta aventura. Pero siempre la vida se escurre entre los dedos...

11 de Mayo de 2011, el día que tembló Lorca

Es cierto eso de que piensas que nunca te va a tocar a ti, hasta que te toca. A ti, a los tuyos, a tus demás, a tu hogar. Es cierto que yo no estaba allí, que noté mínimamente los temblores de Lorca, el primero de magnitud 4.5 y el segundo de 5.2, pues a Murcia llegaron con reminiscencia, apagados, alejados de ese epicentro que fue mi ciudad natal. Pero mi angustia y mi miedo fueron los mismos, al oír a mi madre llorando desesperada por el teléfono que se entrecortaba, que casi no nos permitía comunicarnos, que me dejaba a ciegas de todo lo que sucedía, con los ojos tapados sin poder ver a mi familia, sin poder saber si estaban bien, si todos habían podido ponerse a salvo, si no se les había caído la casa encima, si aún tenían casa. El terror era sobrecogedor, me sentí apartada, como una desertora por no estar allí con ellos en esos momentos, por no haber sentido mi tierra lorquina temblar y no haber temblado yo con ella. Ojalá nadie hubiera temblado. Tras el susto inicial y el ...

Días raros

Sin carbón no hay reyes magos.

Gravedad

- ¿Sabes lo que más me gusta de ella? Que los problemas a su lado se vuelven más insignificantes. Sigo teniendo miedo, claro. Pero por lo menos siento que puedo vencerlos. - ¿Y cómo has podido vivir sin ella hasta ahora? - ¿Quién te ha dicho que vivía?