Entradas

Ya a la venta.

Tengo la nariz alargada y no me llamo Inma, ni Ana, ni Marta, ni Sandra. A veces me llamo Soledad, que también empieza por "ese", pero no sé si cuenta. Tengo otras cosas grandes, y otras pequeñas, y hay otras cosas que no tengo. Tendrás que descubrirlas, no lo pone en el envase. Elige. Se compra aquí. Pero no podrás pagar con tarjeta.

Octubre es el mes de hierro del Otoño

Odio soñar con otros hombres cuando duermes conmigo.   Me gusta taparme con el edredón grueso y despertarme con menos peso en la piel. Prefiero escuchar música que me entristece en esos días del mes, y en los demás. Me gusta engañarme a mí misma y creerme que soy valiente. Me alivia el aire fresco que pega en la cara cuando me encuentro enferma.  Quiero que me cuiden cuando lo estoy, lo necesito. Sé que no estoy sola, pero me gusta autocastigarme. Me gustas, yo no me gusto, y odio algunas cosas. Arriesgo en las decisiones pequeñas, porque las grandes se me quedan grandes. Detesto las cosas que no tienen sentido. Prefiero las cuadrículas. No, es mentira. Dame un buen folio en blanco y crearé. Adoro el verdeazul del mar y su olor. Me gusta el tacto de la arena y como deja las uñas la sal. Amo el Sol y lo que crea. Amo la lluvia y lo que destruye en su propia creación. Sé que no soy nada, y eso es suficiente. Por encima de todo, adoro el Otoño. Tend...

Me lo merecía

Ni Ley de Murphy ni tonterías. Yo me lo guiso, yo me lo como. Yo me guiso el añarazo de la frente, los moratones de las piernas, el bulto en la derecha del tamaño de mi estupidez, los ojos hinchados y la nariz llena de mocos. Pero eso no me lo como, por Dios. Yo me guiso también el arrepentimiento y la rabia de lo sucedido, pero no hay forma de digerirlo. Y yo me guiso que no me cojan el teléfono: ¡para adentro también! Y así fue como me peleé por primera vez conmigo misma, y perdí. Vuelvo a la cocina, a guisarle a él su comida. Y yo me guiso que no me cojan el teléfono, cómo era, 017... 018... ¿016? Da igual, no van a cogerlo, no me lo merezco.

Si fueras a morir mañana, ¿qué harías?

Piensa en ello. Piensa en lo que harías si éste fuera tu último día con vida. Sostenlo en la punta de los dedos, deja que se espese y madure; pero sólo un momento. Y entonces, hazlo. Plantéate esto cada vez que puedas, porque así vivirás intensamente, estarás un poco más cerca de tus verdaderos deseos. De la vida de verdad. Cuando se hunda tu ánimo, cuando se doblen tus rodillas y te falte oxígeno en la cabeza, piensa: ¿qué haría si fuera a morir mañana? Entonces el soplo de aire, color de último día, te llenará los pulmones y te devolverá las ganas de vivir, gracias a la satisfacción de saber, que en realidad, no es el final.

Random

Encuentra el punto exacto en el que debes parar.  Cuando las emociones te sobrecarguen, cuando notes que empieza a alejarse tu mente y no puedes controlarla, cuando sientas que estás llegando a esa frontera antes de la explosión, sujeta tu cuerpo justo en ese punto antes de lo irremediable, y no llegues más allá. Detente en seco. Libera de golpe a tus músculos de la tensión y no dejes que tu cabeza quede a merced de la locura. Encuentra el punto exacto en ti, previo a la tormenta, y desconéctalo. (Cambios de temperatura, del azul al rojo ).

Amarillo

Hay cosas de las que debemos saber prescindir en beneficio de otras mejores. O simplemente, porque hay que recordar que perdiendo, también se gana.

Verso libre y encerrado

Tengo frío en los pies, aunque llevo calcetines altos. Se me ha caído tanto pelo que podría hacer una alfombra con él. Una alfombra donde tumbarme a esperar a la Muerte. Madrugo, me desvisto, me sujeto a otra ropa para no caer. Espero, espero, espero, me impaciento, me hundo.  Dióxido de carbono en los pulmones, drogas en el cerebro.  Me cuelgan las mejillas que no se acuerdan de como sonreír. Los ojos me escuecen llenos de lluvia en las pestañas. Lluvia radiactiva, venenosa, como la sangre de mi corazón. Se me rompe el cuello si lo giro mucho hacia atrás. Sólo puedo mirar hacia delante, y allí no veo nada, nada, nada. Sólo oscuridad, penumbra, abismo, tinieblas ácidas. Por la ventana se cuelan voces que hablan en inglés. Entiendo lo que dicen, más que a veces entiendo tu español. Tus palabras no se corresponden con tus actos. Madrugo y me desnudo, despacio, con asco de tocar mi piel. No pasa el tiempo allá afuera,  y y...

The end of August

Imagen
Hay un anuncio que dice que la vida no está hecha para contar calorías. Yo, este mes de Agosto de 2011, he aprendido que la vida, en general, no está hecha para contar casi nada. Pero a veces, hay que contarlo casi todo. No está hecha para contar lágrimas, ni llantos, ni penas, ni para contar mentiras. Está hecha para que algunas verdades sean contadas y para contar con números las sonrisas, y para contarle al mundo porqué sonríes. No está hecha para contar amigos con los dedos de la mano ni para contar con amigos que te den la mano. Al menos no para los amigos falsos. Está hecha para contar con gente de verdad; poca, pero suficiente.  La vida no está hecha para contar los sueños incumplidos, las promesas rotas. No está hecha para gritarle a oídos sordos nuestros anhelos secretos, no está hecha para perder oportunidades lamentándonos. La vida está hecha para contar que lo conseguimos, que luchamos por lo que queríamos; está hecha para contar cuantas veces nos caemos y cu...

Relatividad

Lo dijo Einstein, y aunque esté lejos de ser un genio como él, ahora lo digo yo: No sé si estoy loca, o si los locos son los demás. No necesito una Teoría para saber que la locura es relativa, y que depende estrictamente de las causas que la originan: hay locuras justificadas que clasificaría de estado humano necesario, y hay locuras exageradas ajenas a cualquier causalidad que son un trastorno psicológico. Múltiples elementos de nuestra vida diaria pueden despertar nuestra locura, a cada cual la suya. Es más, casi todas las personas tenemos, al menos, dos personalidades, pero sólo una tiene la mirada aviesa y escurridiza del loco. El eterno caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Pero... ¿quién de los dos está más loco? La respuesta siempre es... el que está detrás del espejo. El mío tiene grietas y está muy roto, así que no lo tengo claro. ¿Y tú, lo tienes claro? A mí los ecos y los fantasmas me confunden... Pero en cualquier caso, es mejor tener cuidado: con no enloquecer y c...

Diario de sueños (2)

La iglesia estaba separada de nosotros sólo por una carretera y una escalinata rodeada de jardines por la que se ascendía hasta ella. Estábamos sentados en la puerta de una casa que estaba en la esquina de una de las calles paralelas, desde donde veíamos perfectamente, aunque lejana, la puerta del templo. Una esquina justo en diagonal con el lugar sagrado: bastaba cruzar la vía para llegar hasta su escalera. Una escalera muy ancha y larga, que colocaba a la iglesia en una elevación más notoria que el resto de los edificios de la ciudad. Pero la abundancia de sus jardines a diferentes alturas y la frondosidad de los árboles que la rodeaban, camuflaban su espigada silueta y la sumergían bien en el entorno, sin perder su grandiosidad. Era una iglesia en tonos tierra, vainilla y blanco roto, con un tremendo portón que la ennoblecía. Los dueños de la casa descansaban apoyados contra un coche aparcado delante de su entrada, donde estábamos nosotros, conversando con ellos, y esperando. ...

Herencia rota

Y cuando no pudo más... sus gafas lloraron por ella. Y tuvieron miedo. Sus gafas tuvieron miedo, porque ni llorando podrían curar su miopía de corazón. Habían corregido su vista durante muchos años, la habían enseñado a observar nítidamente a la razón; pero ahora tenían miedo, porque el amor es ciego, y ella lo era más. Y no podían ayudarla a ver las cosas de otra forma, no podían calmarla ni sonarle la nariz, sólo podían empañarse y llorar con ella, haciendo que todo se mostrara aún más turbio, desorientándola más en su enjambre de lágrimas y dioptrías. Sus gafas tuvieron miedo, y del miedo se descolgaron de sus orejas y se deslizaron por su nariz, estrellándose contra el suelo en una caída vertiginosa que ella ya no pudo contemplar. Y al chocar, se rompieron en mil pedazos, coincidiendo con los fragmentos de su corazón. Trocitos de cristal empapados de agua y sangre que ella nunca volvió a ver, y que en un último rencor de miedo y amor, le cortaron los pies el pasar....