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Carreteras secundarias

Un pozo sin fondo, vaciado de petróleo. Una mano que emerge ennegrecida de él. Un cadáver que se pudre en las tinieblas de lo hondo. Una estación sin letrero, sin destinos y sin ley. En los suburbios del desierto, donde muere el horizonte, las colinas serpentean grises sobre el atardecer. Allí ya no hay luz, no hay vida, no hay hombres. Los fantasmas habitan los túneles del ayer. Y de ese pasado feroz, queda un rastro mugriento, que envilece las luces de la antigua estación. La barra del bar está fría y helada, tiemblan los asientos, mueren los perros, las sirenas suenan al anochecer. Las luces de neón ya no brillan como antes, se apagó hasta la oscuridad; se la comieron los coyotes de las carreteras secundarias. En ese mundo cruel y sin colores, saco la mano por el pozo, que me quiere absorber. Saco la mano y la olisquea un lobo, saco la mano y me la enfría el viento, saco la mano y me intento sujetar al borde. Pero la mano me suelta a mí misma y empiezo a caer, caer, caer.....

¡Feliz Vanidad!

Batir de alas salvajes

"Si le hubiera cortado las alas habría sido mía, no habría escapado. Pero así, habría dejado de ser pájaro. Y yo...yo lo que amaba era un pájaro." Mikel Laboa

Post mortem

Perdí las huellas dactilares. De arrancarme la piel a tiras, de morderme el cuerpo, de exprimirme la sangre. Perdí mis huellas dactilares y con ellas olvidé el pasado. Desanduve en mi memoria los caminos recorridos, borré los errores y hasta sus enseñanzas. Por perder, perdí hasta el aliento. Y la respiración. Los latidos de mi reloj. Los tic-tac del corazón. Mis pies pisaron cristales. Perdí la conciencia y el subconsciente. Perdí tantas cosas que dejé de llamarlo perder y lo llamé ganar. Y a lo poco que recibí después de aquello lo llamé milagro. Nunca un milagro se había parecido tanto a la nada. Nunca el vacío había estado tan lleno ni mi vaso roto tan colmado. Tras el túnel vino la luz. Después de perder las huellas dactilares perdí algo más que mi identidad; pero luego recuperé mucho, quizá demasiado. Y no sólo la cordura. Encontré el Origen. El Porqué de la Verdad. La Verdad es algo que se parece mucho a la Mentira pero que se diferencia de ella en una cos...

Y te has quedado un año más

Porque siempre es peor quedarse que irse, cuando es otro el que te deja atrás. Imposible remendar un corazón abandonado, que contempla los paisajes ahora hastiados de ausencia, los lugares compartidos, mientras suenan notas de tragedia. Imposible revivir el latido apagado, si no es llenándolo de otras gentes y momentos, más falsos, más huecos... Permaneces enclavado en un eje sin rotación. Trasládate o muere, mantra que le llena... Se lleva el aire las gotas de miel transportadas en el camino recorrido, agriando el sabor del nuevo individuo roto en el que te has convertido. En realidad, eres más viejo que nunca. Estás solo. "Dormíamos tan unidos, que amanecíamos siameses". Ahora duermes y no despiertas para no pasar frío en ese lado de la cama, por miedo a no reconocer el sonido del vacío. Sigues imaginando aquella respiración fuerte, tecleas en la mesilla con los dedos sus pasos extinguidos, evocas una imagen que sólo volverá en tu mente. Es tan corto es...

Prisas.

Por llegar, por intentar llegar. Por mantenerse, por sobrevivir, por no abandonarse. Y por marcharse. Marcharse entre dolores de cabeza, uñas rotas, moratones, arañazos, lágrimas, decepciones y fracasos. Por marcharse, por huir, por dejarlo todo. Prisa.

Odiar.

El que odia puede ser ruin, cruel e injusto. Pero lo odiado es el desencadenante. ¿El fin justifica los medios?

Ya a la venta.

Tengo la nariz alargada y no me llamo Inma, ni Ana, ni Marta, ni Sandra. A veces me llamo Soledad, que también empieza por "ese", pero no sé si cuenta. Tengo otras cosas grandes, y otras pequeñas, y hay otras cosas que no tengo. Tendrás que descubrirlas, no lo pone en el envase. Elige. Se compra aquí. Pero no podrás pagar con tarjeta.

Octubre es el mes de hierro del Otoño

Odio soñar con otros hombres cuando duermes conmigo.   Me gusta taparme con el edredón grueso y despertarme con menos peso en la piel. Prefiero escuchar música que me entristece en esos días del mes, y en los demás. Me gusta engañarme a mí misma y creerme que soy valiente. Me alivia el aire fresco que pega en la cara cuando me encuentro enferma.  Quiero que me cuiden cuando lo estoy, lo necesito. Sé que no estoy sola, pero me gusta autocastigarme. Me gustas, yo no me gusto, y odio algunas cosas. Arriesgo en las decisiones pequeñas, porque las grandes se me quedan grandes. Detesto las cosas que no tienen sentido. Prefiero las cuadrículas. No, es mentira. Dame un buen folio en blanco y crearé. Adoro el verdeazul del mar y su olor. Me gusta el tacto de la arena y como deja las uñas la sal. Amo el Sol y lo que crea. Amo la lluvia y lo que destruye en su propia creación. Sé que no soy nada, y eso es suficiente. Por encima de todo, adoro el Otoño. Tend...

Me lo merecía

Ni Ley de Murphy ni tonterías. Yo me lo guiso, yo me lo como. Yo me guiso el añarazo de la frente, los moratones de las piernas, el bulto en la derecha del tamaño de mi estupidez, los ojos hinchados y la nariz llena de mocos. Pero eso no me lo como, por Dios. Yo me guiso también el arrepentimiento y la rabia de lo sucedido, pero no hay forma de digerirlo. Y yo me guiso que no me cojan el teléfono: ¡para adentro también! Y así fue como me peleé por primera vez conmigo misma, y perdí. Vuelvo a la cocina, a guisarle a él su comida. Y yo me guiso que no me cojan el teléfono, cómo era, 017... 018... ¿016? Da igual, no van a cogerlo, no me lo merezco.

Si fueras a morir mañana, ¿qué harías?

Piensa en ello. Piensa en lo que harías si éste fuera tu último día con vida. Sostenlo en la punta de los dedos, deja que se espese y madure; pero sólo un momento. Y entonces, hazlo. Plantéate esto cada vez que puedas, porque así vivirás intensamente, estarás un poco más cerca de tus verdaderos deseos. De la vida de verdad. Cuando se hunda tu ánimo, cuando se doblen tus rodillas y te falte oxígeno en la cabeza, piensa: ¿qué haría si fuera a morir mañana? Entonces el soplo de aire, color de último día, te llenará los pulmones y te devolverá las ganas de vivir, gracias a la satisfacción de saber, que en realidad, no es el final.