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Otoños pasados

Eras como una de esas canciones más bien largas que a mitad de estar sonando cambian de ritmo y se vuelven algo totalmente nuevo, como un paréntesis en una melodía que depara giros y notas distintas y atípicas, casi desafinadas, notas de música y de frescura.  Eras como un relámpago en mitad de un día de sol, un imprevisto, algo tan fuera de lugar y a la vez tan dentro de todo, no encajabas y eso te hacía pertenecer a aquello que te repudiara, eras inevitable, y dudo que lo supieras pero yo tampoco quería evitarte. Eras, eras, el verbo ser te inundaba y tú no te dabas cuenta. Eras con toda tu esencia una fragancia única e inimitable, y tu gracia residía en que nadie se hubiera atrevido a juntar esos elementos químicos para formar tu olor, por eso eras un don en sí mismo, casi un milagro. Eras absolutamente imperfecto, te desordenabas el pelo y daban ganas de dedicarte miles de esas frases de adolescentes que se mueren de amor, de esas que lo describen cuando aú...

¿Puedo volver a nacer?

Solía entrar a mi habitación a despedirse de noche, a veces mientras yo estaba sentada en la mesa terminando las tareas o cuando ya me encontraba en la cama. Según la situación, bien cogía un lápiz de color y hacía garabatos en los márgenes, bien sacaba un libro del estante y conversaba con los personajes de los cuentos, o desordenaba estos y los esparcía por el cuarto. Intentaba llamar mi atención pero yo la ignoraba, ajena. Siempre luchaba con mis peluches antes de irse con la cabeza gacha, fingía que la atacaban y los cogía forcejeando y gruñendo, para al final ganar sin excepción la batalla. Hasta que un día la perdió, y mi infancia salió la última noche por la ventana sin que yo pudiera despedirme, como ella tantas veces había intentado. Mi infancia saltó y se destrozó al caer, y ahora camina con un bastón tan viejo como mis dientes de leche; lo sé porque la he visto alguna vez, agazapada detrás de algún juguete roto, rencorosa y triste porque el final llegó de golpe sin darn...

Cuando la ciudad es una trampa y tu país su aliado

Recorro las calles de mi ciudad de adopción con más prisa que ningún año, porque este año es peor que ningún otro, y los números dicen que esta función es creciente. Las prisas me ayudan porque me impiden apreciar ciertas cosas, pero aún así, de soslayo, no puedo evitar ver lo que mis ojos, culpables por pasivos, no quieren mirar. Antes me era más fácil deleitarme en los edificios bellos, en sus fachadas y cornisas, en las pequeñas cúpulas de algunas azoteas; en las estatuas  y jardines, en la altura de los árboles y en las iglesias; en los escaparates y en el olor de las panaderías, en el clamor de los bares y el discurrir de la gente; en los paseos, en el río, en la catedral y su plaza, en los detalles de Murcia, qué hermosas eres, qué hermosa eras; era más fácil disfrutar del murmullo de la ciudad. Fácil. Vivir en la comodidad es fácil. La seguridad es fácil. Tener un techo y dinero en el bolsillo es fácil. Creer que dispones de futuro es fácil. La vida es más fácil de lo q...

Soliloquio desnudo

Me piden que desnude la voz. Que me exhiba propia, yo, sin adornos ni baratijas, sin piedras preciosas ni altruistas. Me exigen una transparencia incorpórea y grave. Pero ¿y si detrás de mi desnudez no hay nada? El vacío es en sí mismo una existencia, un monstruo de ojos negros y sangre caliente, la peor pesadilla que si fuera mujer llevaría tacones de aguja y un abismo en la mirada. El acantilado tiene las piernas esbeltas y morenas y es insoldable. He olvidado cómo saltar. Te pido que desnudes la voz. Que seas sincero, tú, sin adornos ni perfecciones, sin mejoras inverosímiles. Te exijo que te hagas transparente y eterno, porque sé que detrás de tu desnudez está el infinito. El infinito que es nuestra existencia, un lobo disfrazado de felino que no sabe a quien morder, un aullido agudo que resuena en las montañas, anciano como la Luna pero sin edad. El eco tiene paciencia y sabe esperar. El salto es impaciente, la desnudez ingrávida, el cielo sólo una promesa desleal.

El último tren

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Un libro, como un viaje, se comienza con inquietud y se termina con melancolía. J.Vasconcelos. Podría decir que no me gustan los aeropuertos, y empezar con un cliché triste y melancólico lleno de despedidas agridulces y tópicos hollywoodenses, pero lo cierto es que iré contra corriente y diré la verdad: me encantan los aeropuertos. Son como una puerta mágica, como un portal que te lleva a un destino soñado, son un milagro con alas, son la ventana abierta a un viaje real. Para los viajes no reales, aunque muchas veces se tatúan en la memoria como si lo fueran y nos hacen sentir más que la realidad, tenemos los libros. Los aeropuertos juegan un papel significativo como medio de transporte en la imaginación, y es que te hacen levantar los pies del suelo, y así tus pensamientos también vuelan. No conozco una sensación igual que estar elevado entre las nubes y detenerte en el tiempo, mirar por la ventanilla y dejar vagar la mente, dibujar formas y sueños entre el algodón del cielo....

Suspiro africano

Caía la tarde y los niños correteaban haciendo ruido por la aldea. A esa hora el calor era pesado y el sudor se pegaba a la piel, pero los pequeños jugaban con las cabras en el corral, las barrigas hinchadas y las moscas entre los ojos. Los animales eran escuálidos pero daban leche y eso ayudaba a la materna. Mamadou ponía un poco de orden en el alboroto cuando los ancianos protestaban chocando las manos y moviéndolas con gestos de disgusto. No era el mayor de sus hermanos pero sí el más sensato, y haciendo honor a su nombre se ganaba el elogio de los viejos, demasiado cansados para siquiera moverse apoyados en la pared de piedra. Esa tarde Mamadou sabía que su padre volvía antes de remover la tierra porque se presentían lluvias para la noche, así que aguardaba impaciente el momento de verle aparecer para ir veloz a la aldea vecina. Allí había una casa donde vendían café y a su Baba le encantaba, aunque fuera muy caro para poder beberlo a menudo. Mamadou juntaba lo que podía y cuando ...

#5 El nombre que ahora digo. (Biblioteca de cámara)

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"La guerra, la guerra era un laberinto de mujeres vestidas de negro, de perros perdidos y niños que jugaban a la guerra, de niños que jugaban a los muertos, a ser muertos como su vecino al que le había caído un cascote de metralla mientras tomaba una sopa con restos de patatas y anguila o pagel o rodaballo, un pez que asomaba su raspa entre el caldo naranja, un estanque tintado de pimentón o sangre. Un pez que no nadaba, que miraba con su ojo muerto los ojos muertos del vecino, el trozo gris de metralla del que goteaba una sangre espesa y oscura, lenta, vaga, aburrida la sangre de tanta guerra, de tanto fluir por cabezas, pechos y espaldas, cansada de salpicar paredes, mesas, árboles, adoquines y tapias. La guerra era una soledad con bombas, voces y banderas, una soledad de niños y de muertos. De ojos, de peces sin vida. Un relámpago que estababa dentro de mi cabeza. La guerra era yo". Antonio Soler. Si después del texto de arriba necesitas alguna razón más para av...

Primera última cita

- Hacía mucho que no compartíamos un helado. - No sé, me he acostumbrado a pasear solo. - No es sólo eso lo que me preocupa. - Las preocupaciones van y vienen, y dejan lugar constantemente a otras que nos parecen mayores, y las antiguas se vuelven nimiedades. - Mi preocupación está muy presente física y emocionalmente aquí y ahora. - Tal vez el error radica en el lugar en el que nos hallamos y en el tiempo. Tal vez no sea nuestro momento ni dónde deberíamos estar. - Antes no decías eso, te has vuelto tan amargo como el tabaco que no puedes parar de fumar. - El humo me calcina los pulmones y me hace olvidarme así del corazón. - ¿Es esa la estela negra que quieres ir dejando a tu paso? No te reconozco. - Definitivamente hacía mucho que no compartíamos un helado, los árboles están empezado a amarillear, como mis dedos y mis dientes. - No me gusta esto, no me gustas así, pero yo aún te quiero. - El bosque empezará a perder sus hojas y nuestros pasos se desvanecerán e...

The taste of completeness

The most perfect figure in the world is the circle. There does not exist a better shape with more mathematical properties and results. Put your finger in a point, move it with the same radius according to a centre and form a perfect circunference. Now, try to do the same with your life. Exactly. Why would you like to do it? We are supposed to walk along during the life, following our steps in order to improve, to move away and to create a better ego in the next stop. But most of times, we realize we've been walking in circles. Too often one confirms that the start point is the same as the finish line. And I'm still trying to figure out if in this case that's a good property, or not. The circle can also be used as a metaphor of periods of our existence. I call a period of existence a quantity of time when you are focusing in some specific objective: the period of studying in the university, the period of finding a job, the period of being promoted, the period of hav...

Psicodelia

Llegó un momento en que la música retumbaba demasiado fuerte dentro de su cabeza, los movimientos frenéticos la mareaban y el olor a cuerpos sudados se mezclaba en todos sus poros. Algo iba mal y la incomodaba. Se sacó otra pastilla del bolsillo y al minuto las luces eran de nuevo fantasía e infinidad. Los sonidos excitaban sus sentidos y su alma se manifestaba en movimientos rítmicos y artísticos. Ella era psicodelia, y la psicodelia era ella. Empezó a viajar de nuevo, a un mundo de colores brillantes y formas geométricas que se materializaban ante sus ojos cerrados, y cuando los abría la realidad giraba y se hacía menos real que nunca. Movía sus brazos con una dificultad no exenta de majestuosidad, y sus pies se confundían con el suelo. Ella se hacía uno con el entorno, y el entorno era tan homogéneo y simétrico que parecía de mentira. El instante era eterno, las voces hablaban por horas y la música se alargaba hasta el techo. Del techo brotaba también humo, crecía en espirales...

#4 Tiempo de arena. (Biblioteca de cámara)

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"El pasado es un peso del que hay que saber liberarse para que no se convierta en tristeza.  El pasado sólo es arena depositada en el globo inferior de un reloj. Tiempo de arena silenciosa y quieta, que sólo tiene sentido si una mano la hace girar y le devuelve el movimiento. (...) Tiempo para llorar, para calmarse, para reflexionar, para conocer sus verdaderos orígenes y para resolver cómo recuperarlos. Otra vez el tiempo y la paciencia...  Tiempo de arena." Inma Chacón Éste es uno de esos libros que de entrada me conquistan por su título, y por frases y párrafos como el anterior. Sin embargo, no se trata sólo de una novela muy bien escrita, con prosa cuidada y una narración histórica admirable; esta novela tiene algo más que me atrapó, y es que gira entorno a personajes centrales con una característica común: son mujeres. Tres hermanas, cada una de las cuales tiene momentos de gloria durante las páginas, cada una se mueve por unas pasiones e ideale...