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A tu nombre le falta mi voz

A tu nombre le falta mi voz. A tu aliento le falta mi eco. A tus manos les falta mi cuerpo. Faltan tantas cosas que ya no queda nada, ningún resquicio donde resarcirme de tanta pérdida desbocada. Desbocada. Como un caballo al que le desregalan unos dientes para morder del árbol del pecado tu manzana. A tu futuro le sobra mi pasado. A tu espalda le sobran seis arañazos. A tus cartas les sobra mi remitente. Y aún, aún en este vacío tan candente las sobras de una pasión refulguran asfixiadas. Asfixiada. La llama que no quisimos ver lamida ha mutado y a sí misma hoy se llama, se pone en espera, y se apaga.

La ratonera

Al principio no fui capaz de desentrañarlos y los ruidos simplemente se sucedían a distintas horas del día, pero poco a poco he ido dándoles forma y asignándoles una historia. Podemos decir que habito en una suerte de caja rectangular, en la que a veces me siento como un ratón compartiendo espacio con otros roedores, los pasillos de mi edificio son largos y llenos de puertas que amplían esa sensación de ratonera. Esos otros ratones hacen algunos ruidos, y aunque antes me importunaban, he tomado por costumbre adornarlos y transformarlos en sonidos llenos de literatura, nostalgia y sonrisas. Desde el techo me llegan pulsaciones de tacón de aguja, normalmente a mediodía, durante un rato bastante largo. He pensado alguna vez en sacar mi vena filantrópica y regalarle a la desconocida un par de mullidas zapatillas, pero no puedo dejar de deleitarme en ese latido tan armónico y bien pausado, como si en verdad estar en su casa con tacones durante dos horas fuera la cosa más cómoda del...

#13 La ladrona de libros. (Biblioteca de cámara)

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Huyo de las etiquetas de "Best Seller" y de las adaptaciones cinematográficas, pero el título de este libro me perseguía desde hacía tiempo; a veces el título consigue por sí mismo lo que no hace una sinopsis. Y si está en este rincón, es porque me ha encantado. No puede no hacerlo un libro que incluye cosas como ésta: "He odiado las palabras y las he amado, y espero haber estado a su altura". Fuera, el mundo aullaba. La lluvia estaba sucia. Para mí, lo original de este libro (a parte de la narradora, una dama muy letal), es que no trata la Segunda Guerra Mundial de forma directa, no muestra su crueldad y su horror gratuita y forzadamente, sino que el conflicto y su crudeza se dejan entrever a través de los ojos inocentes de la protagonista, de las historias que se suceden en las calles de su ciudad, en los personajes que la acompañan en esta época tan dura que se nos retrata. Esos personajes son un desfile variopinto de voces, muchas de ellas entrañab...

Reset

Creo que tampoco estoy pidiendo nada del otro mundo, ¿no? Sólo necesito un poco de paz, por favor; de tranquilidad. No estoy solicitando una eutanasia, sólo quiero un sueño temporal, pero uno de verdad, en el que pueda descansar enteramente. He probado a bloquear el whatsapp, a desactivar mi cuenta de facebook,  desinstalar twitter y cerrar el resto de mis redes sociales. He apagado el móvil y dejado al ipad sin batería, he bajado los plomos y me he metido en la cama tapada hasta arriba. Pero el problema radica en que al disco duro de mi cabeza no se le acaban las pilas y no puede dejar de pensar, de evaluar, de sentir. Este ordenador que es mi cuerpo está agotado de ordenar y de ordenarse; se encuentra bajo mínimos, en números rojos, pero por algún motivo que desconozco, por mucho que note mi cansancio extremo, es incapaz de traspasar ese 1%, aunque la pantalla no tenga ya brillo y pida a gritos con un mensaje de urgencia que me conecte al cargador. No tengo cargador, al me...

En el hueco de tu silencio

Tu ciudad sigue con sol y sin jactancia  siempre esperándote Mario Benedetti. ¿Cómo suplo el hueco de silencio que has dejado? Me encorvo aquí tan solo, ciego, sordo. Las paredes de esta casa se pueblan de fisuras y no hay tiritas en el botiquín abandonado a su suerte en el lavabo, donde descansan aún tus restos de carmín que me resisto a limpiar. El olvido es una mancha en el espejo del baño; el espejo, un traidor que me escupe un retrato cincelado de grietas y de arrugas, donde una vez se vieron risueños nuestros rostros. De noche escucho los pasos de otros, los gemidos de otras, un televisor encendido y algunos gritos lejanos. A veces pienso que el que grita soy yo, pero estoy tan afincado en el hueco de tu silencio que no me sé reconocer en otros sonidos que no sean los que tú escuchaste de mí. Me afano en poner tildes a los versos, en corregir gramáticas y necedades, mientras dejo pasar el tiempo intentando reunir el valor para barrer tus recuer...

Espejismo al óleo

Él tocó a la puerta, dos golpes secos, y ella tuvo miedo de abrir y dejar a la sequía entrar de nuevo. Pero esta vez no era una tierra árida y reseca la que pedía permiso para regresar, aunque el golpeteo sonara hueco y corto; de alguna forma el manantial se había llenado y lo supo nada más verse en el reflejo de sus ojos acuosos por las lágrimas y por el pasado, que estallaba detrás de las pupilas desvelando más secretos de los que son capaces de confirmar las palabras. Con otro golpe seco cerró la puerta tras de él, los diques estaban a punto de rebosar en forma de tormenta pacífica esta vez, y ella esperaba con el paraguas cerrado, como una bandera blanca ondeando al viento; una declaración de intenciones, una intención declarada, clara y limpia. Si hubo tiempo que perder, no lo supieron, porque todos los relojes se pararon, y sólo horas después, cuando tuvieron que volver al mundo real, vieron como ni siquiera ellos estaban de su parte y les habían mentido, haciéndolos cre...

Por la espalda

Las palabras me han traicionado. Confiaba en ellas, ingenua y ciegamente. Eran los testigos fieles y callados de mis emociones, las consejeras comprensivas de mis pensamientos, la respuesta y la forma de formular la pregunta, la herramienta para dar rienda suelta a las historias y sensaciones que abstrajeran mi mente de la realidad; eran la prosa y la poesía. Después de años usándolas para crear e imaginar, para describir situaciones y versar sentimientos, para idealizar momentos o soñar desenlaces; después de años tendiéndome su brazo silabeado para usarlo a mi antojo y permitirme empatizar con otras vidas; ahora, justo ahora, se burlan de mí. Ahora me está vetado elegirlas, y algunas se empeñan en aparecer en mi boca cuando no quiero nombrarlas, me señalan con su sílaba acentuada y se mofan. Hay grupos de palabras escondidas en algún rincón de mi cabeza que se resisten a mostrarse ante mí, que ya no me dejan usarlas y se ríen con onomatopeyas. Hay otros conjuntos que no pa...

Confesión de un secuestro por amor

Desapareciste en un parpadeo. Conté hasta tres, abrí los ojos y ya no estabas. Quizás añorabas  todo lo que robé de ti. Merezco una cadena perpetua, mi cara en un cartel de se busca, y todas las condenas del mundo para pagar el botín, para intentar equilibrar la balanza de la cantidad legal de sueños que puede soñar un hombre, y que puede ver cumplir. Este hombre te soñó a ti. Fuiste un tesoro ilícito, una cámara acorazada que se abrió sin llave maestra. Una joya en un escaparate, un año sin almanaques todo hecho de horas soñadas, de esas que desajustan la justicia que ordena el destino de los mortales. Fuiste una colección de arte, a veces la más perfecta imitación de tu propio ser hecho a medida. Yo hurtaba con desenfreno en las esquinas de tu escultura, adueñándome de todo lo que generosamente me dabas. Birlaba tus piedras preciosas, me guardaba con celosía el mapa para escalar a tus piernas, preciosas también. Eras mi diamante en bruto, y te...

Pudo empezar por vocal

Empecé por la A, ¿por cuál iba a empezar? A veces me gusta comenzar por el final, eso es cierto, pero en este caso el final me rozaba peligrosamente con las uñas afiladas, así que, falto de imaginación para idear otro criterio, abrí por la primera página sin más y empecé a leer. A, ababillarse, ababol, abacá, abacería, abacial, ábaco, abacorar, abad, abada, abadejo. De cada diez palabras conocía sólo un par; me sentía un inculto y un ignorante a medida que pasaba hojas del diccionario, lo cual no hacía sino motivarme y esperanzarme aún más en mi empresa. Iba con el pesado tomo a todas partes: escrutaba palabras en la cola del supermercado, en los descansos del trabajo, mientras sacaba dinero del cajero, esperando en los atascos, cepillándome los dientes, en la cama hasta caer rendido. Y a la mañana siguiente volvía a retomarlo con más entusiasmo si cabe. Atenuar, ateo, aterciopelado, aterecerse, aterirse, atérmano, aterrada, aterrador, aterrajar, aterrizaje. Cuando acabé con la p...

El mismo hombre

“No tenían razones para no emborracharse”. Un paseo por el lado salvaje , Nelson Algren Deambula sin pisar las baldosas amarillas en busca de algún bar que le soporte y le expropie de los soportales que le aguantan cada noche el alma. Una persiana subida es un atisbo de vida aún viva a esas horas de la madrugada cuando el cínico suplica y el borracho se desnuda, cuando los gatos se besan en los tejados y la niebla le pone celosa un velo a la luna. En cada nueva vieja barra se desvela y se le revela un antiguo secreto a voces por los altavoces raídos de telarañas del local. A ritmo de blues, las más noches, se encuentra mirando en el fondo de un vaso, fondeando como un buzo a contracorriente, escuchando de un saxo las notas que no toca. Esta noche no le toca hallar respuesta alguna a la ausencia de su boca, y el saxo suena a sexo, y el sexo muere ajeno a todo en los tejados aún poblados por felinos cuando a él le cierran la persiana y corre gatuno a la caza...

Érase una taza

"Almaceno tazas en un lado de la mesa de estudio: tazas con posos de café, marcas rojas de té, cercos sabor chocolate y restos de más café. Mis amigos cuando me visitan me preguntan por qué necesito tantas tazas para mí sola. No es puro afán coleccionista, aunque un poco también; simplemente las uso una detrás de otra y me gusta apilarlas, ponerlas en fila y reposarlas a ese lado de mi zona de trabajo, vigilantes y expectantes.  Tengo tazas de todos los colores, algunas con mensajes optimistas, tazas recuerdos de viajes, regalos, tazas con forma de animal, unas grandes, otras pequeñas, altas y delgadas, tazones y tacitas, con tapadera y un agujerito para beber, tazas rotas por el asa, pegadas y reparadas, desportilladas; tengo una familia variopinta de tazas de todas las edades y razas. No penséis que las uso y las voy abandonando a su suerte y suciedad, eso no; pero hasta que no acabo en lo que ando metida, sea un trabajo, un escrito o un poema, quizás un dibujo, no las muevo....