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El despertar

Se llega hasta la casa a través de un camino de tierra que bordea el mar. En aquel lado, éste es rocoso y encrespado, no hay arena ni nada que recuerde a una verdadera playa, y los márgenes están sembrados de arbustos punzantes y cactus amenazadores. Por eso es raro ver a alguien en las inmediaciones, ni siquiera en verano. Ahora es pleno agosto y el sol pega tan alto y tan fuerte que las sombras que hacen las ramas de las palmeras parecen pintadas con betún en el suelo, casi como si la tierra se hubiera abierto en grietas allí donde las hojas dibujan su silueta.  El caserón está abandonado, le faltan paredes y algunos trozos del tejado se han desprendido; incluso no tiene puerta. Su fachada ha sido pasto del arte urbano y sirenas, criaturas extrañas y palabras ininteligibles adornan su color viejo y desgastado. Aquí y allá se ven pedruscos, trozos de metal y escombros en general. La erosión y el tiempo han hecho mucha mella en un lugar que, a juzgar por tu porte altivo, debió t...

¡Impostura!

Dejé claras mis intenciones desde el principio. Yo iba a lo que iba, y se suponía que ella también. Pero había algo extraño en aquellos ratos de conversación en la cafetería de turno, algo que se me escapaba y parecía decirme, aquí hay gata encerrada. Nos conocimos por medio de un colega común, en una de esas noches difusas entre semana de alcohol y antros sombríos, donde se agazapan en las esquinas barrigudos con maletín. Yo carecía de lo primero pero portaba lo segundo, en la otra mano una copa que apuré de un trago antes de cogerla por el codo y sacarla ansioso de allí. Aquella noche lo hicimos en mi casa. Rompí mi regla en la impaciencia de culminar la jugada rápido. Pero después de aquello no repetí el error, y en las ocasiones siguientes íbamos siempre a algún hostal de poca monta que pagaba yo. Cero romanticismos, cero riesgos de que me pidiera quedarse a dormir. A ella la pareció bien todo lo que le expuse la mañana después del primer escarceo. Yo sólo buscaba una distra...

Gracias, coronel

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Así es -suspiró el coronel-. La vida es la cosa mejor que se ha inventado.

Carta en el buzón de espera.

Me prometiste que no pasaría nada, pero aquí me encuentro, con la desazón pintada en el rostro. Llevo demasiado tiempo esperando, y no ceso de preguntarme, ¿a qué esperas tú? Dijiste que todo estaría bien, que sería rápido, que en breve volverías a mi lado de nuevo; en vez de eso, me desvanezco cada día un poco más, noto que mi cuerpo disminuye densidad, como un globo perdiendo aire, soltando lastre. He pinchado y descarrilo, la inquietud habita mis avenidas por lo demás desiertas. No me gusta la respuesta que me da el silencio cuando le interrogo exclamando, ¿se habrá olvidado de mí? Esa respuesta callada me hace languidecer. Entonces siento que me esfumo, que a ratos soy sólo humo, un mero recuerdo, una vaga presencia que camina de puntillas mientras la habitación se hace inmensa y me traga. Si tú no estás para mirarme no existo en los espejos. Si no me tocas no soy carne, si no me hueles no expulso aliento, si no me escuchas no tengo voz. Tal vez he olvidado quién soy mientra...

Susurros

Hilas. Como una aguja que cose heridas y pincha, a veces pincha, pero un pinchazo suave placentero intenso y loco orgánico y orgásmico, como si la condición natural de la piel fuese ser cosida por ti, como si la recepción natural de la herida fuera tu hilar. Giras. Te enredas en un tejemaneje de estrellas girándote en torno a mi eje, y ruedas sin ruedas psicodélica coloreada e indómita salvaje y horizontal, generando una avalancha de riesgos que estoy dispuesto a tomar, consciente mi inconsciencia de que eres tú, la mejor meta eres tú. Aunque seas demolición. P .

Peces de estación

Tiene el pelo ralo y le empieza a escasear por la frente, lo lleva peinado hacia atrás y sus cabellos parecen hilos de pescar de distintos tonos grisáceos, tirados por algún marinero desde su cabeza hasta el mar de su cuello. Un bigote espeso le corona el labio superior que ahora se tuerce en un gesto que nunca reconocería como compungido. Usa gafas de cristal grueso y patillas color antiguo, tras ellas se entrecierran unos ojos casi celestes enmarcados de arrugas y pesares. Chaqueta marrón de ante, de esas con muchos bolsillos, pantalón azul de chándal, zapatillas Nike manchadas de tierra; el conjunto de los domingos. De uno de los bolsillos extrae un paquete de Winston y se enciende un cigarrillo. Se lo lleva a la boca una y otra vez, creando ondas de humo que se asemejan a su cabello y que encuadran su cara entre las nubes de la tarde. Mira al horizonte mientras espera en la estación. Acaba de ayudar a su hija a subir al tren. Le ha colocado la maleta, la ha acompañado hasta el...

Prosopopeya gris

Afuera el frío tiritaba y se olía el asfalto recién pavimentado de la calle de atrás, que emanaba sus efluvios aún calientes dejando un espesor incómodo y sobrante en el aire escarchado. Una maleta gris, empujada en sentido contrario, había venido de allí. Había subido de uno en uno los escalones del portón, marcando un ceremonioso golpe doble en cada paso, hasta llegar a la llanura del recibidor. Entonces lo atravesó, serpenteando despacio como si sus dos ruedas se deslizaran temerosas entre raíces nudosas de árboles centenarios, dejando hilos brillantes y babosos de alquitrán como si de un caracol se tratase, adoptando su misma religiosa paciencia. Los raíles semitransparentes y negruzcos se detuvieron frente al ascensor. La maleta entró, iniciándose en una subida a cámara lenta hasta el quinto piso en una de esas, a veces anheladas situaciones, en las que el viaje a las alturas dura media vida. Cuando se abrió la compuerta se lanzó al vacío del pasillo en un salto mortal, y dudó en...

Yo, y el otro

"También dijo una cosa Paquito Medina de la que pienso acordarme mientras viva: - Cuando te ocurre algo malo tienes que pensar que se te pasará; aunque tú no lo creas, se te pasará, y a veces te acordarás de las cosas como si le hubieran pasado a otro. - ¿Y tú por qué lo sabes? - Porque me lo dijo mi padre una vez." Elvira Lindo, Manolito Gafotas. Es curioso cómo las coincidencias hilan entre sí de las formas más insospechadas. Hace una semana me sumergía ávidamente, en mi intento desesperado de huir del mundo real y buscar un refugio, en las páginas de una novela cualquiera que encontré en la Feria del Libro, alentada porque su título me recordaba a una de mis canciones favoritas. Resultó no ser una novela cualquiera, sino nada más y nada menos que una de Muñoz Molina, un imprescindible de las letras españolas. Huelga decir que me encantó. Suele darme "igual" la biografía personal de los autores que leo, que a veces es mejor no saber ciertas cosas ...

Hungarian dream

I dreamt with it last night. I dreamt with that day when you gave me one of your wiser advices. It was a cold frozen midday and we were in one of our lovely post meals in the middle of the forest. (There does not exist a word in any other language than Spanish for "sobremesa"). We were talking about a difficult situation for me. And you said: Don't do it because of the rest, do it or do not do it for you, because whenever you do something you're not confortable with, or that it's against your values, you will feel miserable. It's that the word which is stuck in my head from that moment: miserable. It's such a powerful word. And like our conversation was, as always, hopelessly, in English, when the advice comes to my mind is in the same language and pronunciation, and the reminder of the word so is. Miserable. I've needed to think about this advice too many times from that day. That means it was a really good and useful one, but it also implies t...

Ojalá que llueva

"This morning, with her, having coffee." Johnny Cash, when asked for his description of paradise. Ya no recuerdo cómo pensé en empezar estas líneas, porque en verdad sé que ahora poco importa lo que pueda añadir. Esta condensación de palabras se pega a mi piel como se adhieren a un enamorado los malos presagios, y alguien dijo que el asesino sabe más de amor que el poeta. Lo pensaba esta mañana, a solas conmigo y sin mí, mirando por la ventana mientras sostenía la taza de café, muy amargo, y volaba a mi frente aquella frase de Johnny Cash. El paraíso ahora está muy lejos, quién sabe si siquiera llegó a existir entre nosotros; eso es lo que me cuentan las gotas de agua que intuyo moverse entre las nubes, abrazadas a su esponjosidad y resistiéndose a caer, negándonos una lluvia que limpie esta ciudad y esta sensación de asfixia desde que ya no estás.  Desde mi segunda planta se adivinan los mendigos tomando posiciones en las esquinas y en los portales, agazapán...

A tu nombre le falta mi voz

A tu nombre le falta mi voz. A tu aliento le falta mi eco. A tus manos les falta mi cuerpo. Faltan tantas cosas que ya no queda nada, ningún resquicio donde resarcirme de tanta pérdida desbocada. Desbocada. Como un caballo al que le desregalan unos dientes para morder del árbol del pecado tu manzana. A tu futuro le sobra mi pasado. A tu espalda le sobran seis arañazos. A tus cartas les sobra mi remitente. Y aún, aún en este vacío tan candente las sobras de una pasión refulguran asfixiadas. Asfixiada. La llama que no quisimos ver lamida ha mutado y a sí misma hoy se llama, se pone en espera, y se apaga.