sábado, 3 de septiembre de 2011

Verso libre y encerrado

Tengo frío en los pies, aunque llevo calcetines altos.
Se me ha caído tanto pelo que podría hacer una alfombra con él.
Una alfombra donde tumbarme a esperar a la Muerte.

Madrugo, me desvisto, me sujeto a otra ropa para no caer.
Espero, espero, espero, me impaciento, me hundo.
 Dióxido de carbono en los pulmones, drogas en el cerebro. 

Me cuelgan las mejillas que no se acuerdan de como sonreír.
Los ojos me escuecen llenos de lluvia en las pestañas.
Lluvia radiactiva, venenosa, como la sangre de mi corazón.

Se me rompe el cuello si lo giro mucho hacia atrás.
Sólo puedo mirar hacia delante, y allí no veo nada, nada, nada.
Sólo oscuridad, penumbra, abismo, tinieblas ácidas.

Por la ventana se cuelan voces que hablan en inglés.
Entiendo lo que dicen, más que a veces entiendo tu español.
Tus palabras no se corresponden con tus actos.

Madrugo y me desnudo, despacio, con asco de tocar mi piel.
No pasa el tiempo allá afuera,  y yo espero con ojeras.
Espero sentada a que vuelvas, a que me quieras otra vez.

Y la noche cae sobre otro cielo sin estrellas ni Luna.
La noche me cae encima, esto no es el horizonte de Madrid.
Dormir, despertar, esperar, desesperar, esperar.

¿Cuánto le queda a la Primavera para llegar? 

Hoy Tú no has salido en mi sueño.

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