viernes, 29 de abril de 2011

Punto de inflexión

Esa frase que dice... "La vida se vive hacia delante,pero se comprende hacia atrás", tiene demasiada razón.
Tiene más razón que los libros de matemáticas o de medicina, que las abuelas ancianas, que los locutores de radio. Por tener, tiene más razón que el ateísmo, que los que defienden que es bueno comer un trozo de chocolate y beber un vaso de vino al día, que los vegetarianos. Tiene más razón que los reyes magos (si existieran), que el profesor Dumbledore, que el dolor de cabeza, que el amor.

Tiene toda la razón concentrada del universo y más, pero es absolutamente irreversible; ningún humano puede alterarla y comprender la vida antes de vivirla. Ni siquiera las sabias abuelas, ni los locutores de radio, ni un Dios ateo, ni un médico o un matemático vegetariano, ni los reyes magos ni  el rey Dumbledore, ni los que defienden que es bueno comer un trozo de chocolate y beber una copa de vino al día.
Ni siquiera yo, que mi cabeza muere del dolor de amor por ti.

jueves, 28 de abril de 2011

En la misma carretera

Los cuerpos maceraban al sol, tumbados en el asfalto caliente y seco. Eran dos chicos y una chica, típica historia americana de carretera y verano, de aventura impulsiva que lanza a los jóvenes a escapar, con el ruido de un motor, del ruido de sus propias vidas.

Había llegado el fin unas semanas atrás. Fin de la primavera, fin de una era de luz y color. El año en que se cumplen los dieciocho es uno de los más importantes para una persona cobarde. Se acabó la posibilidad de esconderse tras el muro paterno, adiós a la seguridad del hogar… ¿tampoco tú estás preparado para enfrentarte en solitario a tus miedos?
Así que a principios del verano, embutieron shorts y camisetas en un par de macutos, cogieron el dinero ahorrado y el coche de segunda mano de ella, y dejaron sordas de un portazo a las puertas de sus respectivas casas, y dentro a unos padres ciegos y también sordos, que nunca habían escuchado los lamentos callados de sus hijos adolecentes ni habían sido capaces de ver la ayuda que pedían a gritos esos cuerpos cambiantes. Esos padres que tampoco tenían sentido del tacto, ni supieron oler el miedo a crecer de sus vástagos. El único medio del que disponían era el habla: los improperios jamás fueron suficientes, y el concierto de agudos y graves con que festejaron la huida de los chicos no fue precisamente callado.
Pero ellos sabían lo que debían hacer, y si querían superar ese cambio que les acechaba, tenían claro que necesitaban combatir solos, y por una vez, hacerle frente a lo que hubiera ahí fuera sin muletas ni manos que les guiasen.

"La vida nos lleva por caminos raros, y suele mirarnos con los ojos cerrados."

Con esa idea en mente comenzaron el ansiado viaje los tres amigos, decididos a buscarle un sentido a esos caminos y a abrirle los ojos a la vida, antes de que fuera demasiado tarde por haber escogido un sendero incorrecto: precisamente, no haber elegido.

miércoles, 27 de abril de 2011

Caligrafía inicial de agua

Ella sentía que no pertenecía a ninguna parte.
Y así era.

Cuando le sobrevenía esa sensación, no podía más que sentarse con las rodillas cruzadas y la espalda apoyada en el aire y llorar. Llorar hasta que el sonido de los sollozos lo calmase todo, llorar hasta que se le olvidara el motivo por el cual lloraba. Llorar y ahogar la pena, porque esa frase hecha no es una metáfora, sino una realidad terapéutica.

Ella era una persona paradójicamente dependiente, pese a saber que nadie dependía de ella; pero no lograba entender que el resto de la gente no supiera de la reciprocidad. El mundo tenía oscuros secretos que ella no conocía, porque cuando los empezaba a desvelar, otra tela negra caía sobre ellos ensombreciéndolos más y más. Y así nacían las mentiras que la rodeaban, algunas de ella podridas hasta la hipocresía.

El agujero de lágrimas que la absorbía cuando sentía que se acababa el mundo solía empezar por un problema pequeñito, alguna tontería que hería su fina coraza. El defecto de ésta era que, lejos de protegerla, la exponía más a los desprecios de la raza humana, pues se caracterizaba por la hipersensibilidad, y por dotarla de una capacidad de amar y querer que conseguían que se encariñara verdaderamente de la gente, de corazón. Algo a lo que muy pocos correspondían, por no decir ningunos. Así, problemita a problemita, arañazo a arañazo, ella se iba encogiendo más y más en su caparazón casi transparente, hasta que estallaba por dentro cuando la última hoja caía del árbol de la paciencia de su ser.

Entonces rompía a llorar.
Al principio puntuales gotas sobre sus mejillas; luego surcos en la piel que empezaban a limpiar los escombros arrojados, hasta formar un torrencial río de agua y barro por su cuerpo, que iba enjuagándola de pesares y malas sensaciones. La lluvia seguía y seguía, y podía continuar horas si la gravedad del asunto lo requería. Hasta que la final ella, vacía de sentimientos y deshidratada, secaba el escozor de sus heridas y soplaba con los ojos cerrados, como alejando de ella ese final e intentando atraer un nuevo comienzo.
Un comienzo en el que tal vez dejara de estar en medio de todo pero sin estar en nada, para empezar a pertenecer a algo.

Las lágrimas eran su caligrafía inicial.
Y así empieza esta historia.