sábado, 17 de octubre de 2015

La vida moderna

Y tu pulso tamborileaba en mis sienes y muñecas como diminutas patas de ciempiés.
Y nos repartíamos los labios y los dientes y el hipo y del alfabeto las impares.
Y en tus dedos yo tocaba mis canciones, dedos de teclas de celesta.
Maga.



Me queda un diecinueve por ciento de batería, y después me apagaré.

Tú, que ya no tienes nombre ni rostro para mí, recargas ahora otras pilas, otros cuerpos que nos alejan inexorablemente. Irremediablemente. Parecía que tu clavija no podría encajar en ningún otro lugar que no fuera mi mente, que mi puerto era tu puerto y nada más, o eso prometías. Pero mis terminaciones nerviosas no eran tus únicas conexiones compatibles, y ahora gasto mi última energía, empecinada y malherida, en borrar tus datos. La malgasto.
Tal vez ya no tengas nombre ni rostro, pero sigues siendo recuerdos. He conseguido provocarme lagunas considerables, incluso alterar mis archivos y modificarlos. Dejé entrar nuestro final como un virus en mi memoria y desconecté la seguridad para que el mal me deteriorara a su paso. Libre, salvaje, sádico y certero. Pero aún siguen quedando recuerdos. Pantallazos que suben de pronto el brillo y me ciegan. Imágenes que me hacen chisporrotear muy adentro y me electrocutan las sienes. Palabras que se clavan practicando lobotomías en mi cerebro.
Sí, todo esto es sólo una burda metáfora moderna para decirte que me has dejado obsoleta, sin cargador, al borde de la muerte, como esos aparatos que después de un tiempo dejan de funcionar simplemente porque sí. La obsolescencia programada. La fecha de caducidad. Me programaste y ahora mi ciclo vital llega a su fin. Ahora que el amor parece un programa que puedes descargarte y que la vida se puede reiniciar con un botón. Ahora que veo tu foto en las redes antisociales y sólo veo un pez que me olvidó y siguió nadando ventiún segundos después. Ahora que el corazón se actualiza a golpe de click y que casi todo ha perdido su valor.

Me queda un diecinueve por ciento de batería, y, después, me apagaré.