sábado, 30 de noviembre de 2013

A dos grados bajo cero


"Ser adulto es estar solo".
Rousseau.

No es invierno aún, pero sí lo es, y la corriente de gente se apretuja por las calles anónimamente para transmitirse calor. Yo me quedo fuera, ausente, observando desde una esquina el remolino de alientos y vahos, de miradas que no se mantienen y de manos que no se dan. Se comparte el calor interesadamente, por eso nadie se siente culpable, porque todos son piezas de un mismo engranaje. Y se necesitan. Si miras hacia arriba se ve la atmósfera cargada y densa allí donde está reunida la muchedumbre.
En el resto de la ciudad, frío.
En el resto de la ciudad, culpabilidad y engranajes rotos.
Algo ha salido mal, la máquina del calor ha dejado de funcionar.
Por eso la gente se estrecha, se reúne, siguen mirándose sin ver pero están cerca, cada uno piensa en sus cosas pero son un colectivo. Yo no puedo formar parte de eso, estoy condenada al invierno.
Y lo acepto, no me importa. Ser adulto es aprender a estar solo. No quiero entrar en las terrazas cerradas con estufas de fuego y sentarme al lado de personas buenas, no quiero esperar en la cola del supermercado y quitar el turno a otros que tengan más prisa y más justicia, no quiero mirar en las plazas las luces que alumbran la noche ni oler las castañas asadas y calientes en la calle, no quiero dejarme arrastrar por las corrientes de aire y de gente; he perdido el derecho a todo eso, a formar parte del todo, de todos.
Ahora soy vagamunda, un narrador del cuento de invierno que se adelanta este año. Acabo de escribir el primer capítulo. Ojalá tenga final feliz. Las perdices sobreviven mal al frío.

martes, 19 de noviembre de 2013

¡Música maestro!

Hoy no he podido existir en el mundo real. Hubiera sido un suicidio, sí. Una muerte de esas cotidianas, del día a día, pero real. Que el dolor mata un poco bastante, de eso estoy segura. Así que me he largado. La forma más fácil de desconectar el cerebro y no centrarme en lo que quería centrarme ha sido enchufarlo a los auriculares. Que viva la música. La banda sonora de este día ha sido larga y variopinta, un poco de todo, como debe ser, pero con mucho de lo evidente y lo más innecesario: sad music, of course. Triste, ¿qué entendemos como triste? En un día como hoy, hasta las historias felices me lo parecen. Pero ha dado igual, diecitantas horas escuchando música sin parar. De un estilo a otro, de un ritmo a otro, del español al inglés, de saltar y tatarear a paralizarme en silencio con lágrimas por dentro de los ojos. La música y su magia de transportarnos y no hacernos sentir tan solos. ¿Cómo no? Si otros han sentido eso mismo que yo antes, si aquel sobrevivió para contarlo, mi vida no puede estar tan destrozada. Me río, me voy a reír. A quien engaño, oír esas líneas no hace otra cosa que erosionarme más. Por Dylan, ¡cómo duele! Qué belleza ésta la de poder hacer poesía del dolor y música de las heridas. Qué belleza tan asesina. Más asesina que el botón del replay, venga, que una vez no ha sido suficiente, vamos a rompernos otra vez, nos va el masoquismo. Pero para asesinos sanguinarios, el modo aleatorio: te pilla desprevenido, después de una cancioncilla simpática que te anima el rato... ¡zas!, ahí la tienes, la canción que habla de él, la que te recuerda a aquella noche, la que te clava en el sitio y te va cortando a pedacitos, con cada frase te encaja un puñal y al final finiquita con una estrofa letal, de esas que son un grito entre estribillo y estribillo, y ahí te quedes, la culpa es tuya por haber puesto el random. Así que bueno, el día está acabando, va siendo hora de echar el cierre e intentar dormir. No quería existir en el mundo real, me pasé al de las canciones, y aunque he evitado la muerte tangible, la música me ha hecho una eutanasia suave y lenta, ahora estoy más vegetal que humana. Veamos que pasa si me quito los cascos e intento recuperar mis pensamientos, demasiado tiempo con sonidos... Pues no se oye nada, ummm, ¡nada! Está bien, que tranquilidad, que paz, que calma, que aburrimiento. Cerremos los ojos, ¿qué es eso que se oye? Mierda, es su voz. No he podido olvidarla. Al carajo, música clásica para soñar. Igual mañana amanezco más inteligencia y razón, y menos corazón. Buenas noches.

domingo, 17 de noviembre de 2013

La segunda huida

"La herida es poca cosa, pero luego llega siempre el dolor, su abstracta maquinaria, para marcar a fuego nuestra vida, y el humo de ese fuego es lo que somos."
Felipe Benítez Reyes.


Cae la tarde mientras avanza el vagón por las vías de hierro; cada vez anochece más pronto, fuera y dentro. Las locomotoras ya no escupen humo, pero otro fuego está ardiendo. Por la ventanilla se ve otro tren pasar en sentido contrario. Se aleja. Se desvanece. Se fue.

Mañana dice el mundo que la necesita. Ella contesta que no va a estar. Que ya le da igual que le pongan falta, que la expulsen de donde quieran, Eva y Adán hace tiempo que se fueron del paraíso. 
Mañana insiste el mundo en que la necesita. Pero ella ahora sabe que está perdida. Le dice que lo siente, pero que va a fallarle. Cierra los ojos y se apagan las galaxias de su mirada. Una estrella muere en el cielo. El mundo decide dejarla sola.

Huele a viejo y a usado el asiento, su propio olor se mezcla y se carcome. Poco a poco la máquina avanza, la oscuridad la alcanza, y ella se funde con la tela, se mimetiza con el abrigo, se hace un ovillo y su cabello asoma por el cuello como una madeja de lana. Piensa en que podría tejerse una funda para el corazón, el invierno se acerca, cada vez tiene más frío. Piensa en la escarcha y en los calores capaces de fundirla, y decide dejar de pensar y de hacer inventarios.

Han llegado a la estación antes de lo previsto, los viajeros recogen sus pertenencias, bajan, se reparten abrazos y besos, se comparten sonrisas. Qué difícil es a veces entender las cosas sencillas. El viaje ha sido corto, ni siquiera quedaron huellas.
Ahora, ella es ella y su maleta. El próximo tren irá mucho más lejos, será quizás un transiberiano, será quizás otra huida.

sábado, 16 de noviembre de 2013

#11 El Juego de Ender. (Biblioteca de cámara)

"Quiero ir a casa, pensó Ender, pero no sé donde está".

En el 99% de los casos, el libro es siempre mejor que la adaptación al cine. Ésta no es una excepción, pero puedo dar gracias a la película porque por ella me animé finalmente a leer el libro antes de que fuera proyectada en los cines. Absoluto éxito de decisión. O no, porque ahora estoy enganchada a la saga.
Dejando a un lado mis problemas morales con el autor, en 1985 nació un universo complejo y filosófico que tiene mucho que enseñarnos y hacernos pensar. Una ciencia-ficción muy distinta que oscila entre la fantasía y la ética como tejidos principales, en una trama que hila muy fino, tan fino que hace falta otra lectura. La segunda parte de la saga, La Voz de los Muertos, requiere al menos tres. No puedo ni quiero decir nada sin desvelar el argumento, a estas alturas casi todo el mundo lo sabrá, pero es un libro para adultos y jóvenes, sobre todo, para reflexionar. Reflexionar muy y mucho sobre los dilemas morales que se plantean, sobre la guerra y la paz, sobre la importancia de las personas y sus acciones y decisiones, sobre la empatía, sobre el amor y el odio, la amistad y las obligaciones, el dolor, sobre la vida. ¿Quién dijo que la ciencia-ficción no es real? Please, read.

—Tenemos que irnos. Aquí soy casi feliz. 
—Quédate entonces. 
—He vivido demasiado tiempo con el dolor. Sin él, no sabré quién soy.



Recomendación: Leerlo a la vez que un gran amigo con quien merezca la pena comentarlo más que con nadie, devorar el libro en dos días y después correr al cine el día del estreno, sonreír al ver a gente que debió leerlo en el 85, salir del cine y criticar la película como si no hubiera mañana, empezar el siguiente libro y engancharse a una saga que te haga suspender todos los exámenes. Hecho ✓

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Deslocura I

-Está escapando a mi control, son demasiadas conexiones.
-Tal vez deberías darle un poco de tiempo, tomar distancia.
-No puedo tomar distancia, me moriría de dolor y desasosiego, la ignorancia me desconsuela mucho más, no soportaría no saber, y el tiempo no hace más que ponerme contra la pared.
-Debes decidir cuál es tu posición en este juego.
-Lo sé, lo sé. Pero me resisto a explicar las reglas.
-No lo hagas, nadie tiene porqué entender nunca sobre qué estamos debatiendo, al fin y al cabo esto es una cosa tuya. No tienes ni porqué explicártelas a ti.
-Pero las conexiones...
-Confía en mí, nadie se dará cuenta. Ni siquiera te das realmente cuenta tú.
-Es un secreto a voces.
-Las voces están sólo en tu cabeza.
-¿Cómo ésta?
-Exacto, como yo.

martes, 12 de noviembre de 2013

Gravedad cero

- Pasarán más años, mil años, e igual sentiré que el tiempo se ha detenido aquí. Que vuelvo a tener miedo, más miedo, y no sé a quien voy a acudir entonces, estoy perdiendo mi gravedad.
- Estaré, para lo que necesites.
Los pasos se desvanecieron a lo lejos por la calle.
- Te necesito a ti.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Cinco minutos con Mario

"El otoño en ti es siempre primavera y necesito huir a un mundo de miradas transparentes. Debí haberte besado más urgentemente."
Carlos Chaouen.

¡Ah, estás ahí! Hola, ¿cómo estás? Te veo genial, muchas gracias por venir. Perdona el retraso. Bueno, no digas nada, déjame hablar. Em... sí, bien, qué embrollo. Se me ha olvidado lo que iba a decirte, así que voy a improvisar. Traía un discurso preparado, no te creas, desde luego sabes que esto es muy importante para mí, lo más importante. Pero los nervios, ya sabes. Por eso he llegado también un poco tarde, estaba torpe, se me caía todo lo que tocaba, he roto medio piso hoy. Sí, no me mires así, sé que tú también estás rota, y que es culpa mía, pero hoy voy a convencerte para que me dejes volver a repararte.  Bien, ejem, ¿por dónde empezar? Lo que pasó, pasó. No voy a mentirte, eres una mujer inteligente y negarlo ahora sería insultarte. Además de inteligente eres preciosa, divertida, generosa... Ya, vale, perdona, no se trata de comprarte con piropos. Pero no los olvides. Viniendo hacia aquí he visto a una pareja bailando al lado del río. No había música, al menos no en el aire, seguro que en sus cabezas sí. Me ha hecho sonreír, me ha recordado a cuando íbamos a bailar y seguíamos hasta que encendían las luces y apagaban la música para echarnos, pero tú y yo seguíamos porque éramos felices y no queríamos que acabaran esas noches. Perdona que me emocione, no seas tan fría mujer, seguro que tú también lo echas de menos... Vale, vale, tranquila. Sigo con lo que he venido a decirte. Pues bien, pues eso, que lo que pasó, pasó, y ya no puedo hacer nada por evitarlo, fueron una serie de acontecimientos que ya te expliqué en su día y que no pude remediar, pero ahora sí puedo, y por eso he venido a pedirte perdón, y a decirte que ya está en mi mano que las cosas vuelvan a ser como antes, ¿recuerdas? Cuando todo estaba bien y tenías siempre tu hermosa sonrisa en la boca, no ese gesto que me haces ahora, no, no me hagas eso. Quiero volver a estar como antes, no sé vivir sin ti. Sé que me equivoqué en muchas cosas y lo siento, pero ahora soy un desastre, soy una tristeza andante que se arrastra. Podemos volver a ser los de antes, ¿a qué sí? ¿Y los niños? Van a estar tan contentos. Tengo muchas ganas de volver a verlos, de que vayamos al parque los viernes por la tarde y al lago los domingos, juntos como siempre, nada va a volver a separarnos, ¿vale? Dime que sí. Hay tantas cosas que quiero hacer contigo, tantas que aún no hemos hecho y que me faltan; me pesan todos los besos que aún tengo que darte, todas las noches que no paso durmiendo a tu lado, todas las caricias que te debo y las palabras de amor; me pesan las cosquillas que quiero hacerte para que te sigas riendo conmigo, los planes incumplidos, me pesan como un muerto los sueños que tuvimos, y yo cada vez estoy más muerto, hay algo que me arrastra hacia abajo, ya no sé donde está el norte y el sur. Perdóname, déjame volver a mi vida de antes, a nuestra vida. Déjame salir de este eterno otoño y volver a tu primavera. No, no te levantes por favor, no te vayas, ¡no puedes dejarme así! No, no llames al camarero, pago yo pero no puedes irte aún. Tengo más cosas que decirte, mil estrellas para prometerte y promesas que esta vez cumpliré, confía en mí. No te vayas por favor. No sé ser yo sin ti, ¡por favor!, no te vayas...

sábado, 9 de noviembre de 2013

The magic trousers


They are getting too old, but why should that be a reason for throwing them away?

My magic trousers. I know that you hate them. You've hated them from the first time when I was wearing the pair, but you didn't tell me that time, there was no confidence enough between us. But after time, it grew and you were sincere, even when I didn't ask you for it. I hate them, I don't like at all the colour and the shape on you, you said. But they were too confortable and close-fitting, and I kept using the trousers a lot. That's how they became magic. Because everything happened while I was on them.
They got wet hundred times because of the rain and the snow, they stand me in the bike and with my falls, they celebrated parties and goodbyes, they travelled with me and helped me to reach the top of that castle, they sat on the green grass and got dirty, they were washed in my favourite laundry while I was reading books, they walked and walked on my legs, sometimes even they slept with me. And overall, they were there that night of the delirium, and the trousers took something from the train station and from all those magic days, and that's why now they represent that confort, that perfect happiness, that calm that the combination of all those circunstances gave me.

It might sound stupid, clothes are not that important, but now everytime I see them in the closet I remember those adventures on them, and I imagine your disgusted face saying, oh no, come on!, not again those trousers, you have hundred more! And I smile and put my nostalgic face like if I'm again on that brigde.

But now they are getting too old, eroded and used. And I resist to stop using them, they remain me so good memories, and I feel so safe and confident about me when I'm wearing my magic trousers, that I think I will use them forever. There are some things that one just can't live without, and I feel that if I abandon them in the wardrobe, I will be also leaving something else behind. And I have already left too much.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Inventario


Hay períodos en la vida que pasan muy rápido, casi sin darnos cuenta, semanas en las que los acontecimientos se suceden y no podemos casi ni meditarlos, corren y corren y nosotros corremos tras ellos, viviéndolos a veces tan deprisa que no nos da tiempo a disfrutar las sensaciones que nos dejan.
Creo que después de un buen día o  de un suceso importante que nos hizo felices, deberíamos siempre tener una jornada de reflexión, una especie de domingo tranquilo para relamernos de las emociones de la víspera, una calma que nos ayude a fijar los recuerdos y a disfrutarlos otra vez antes de que se desvanezcan sus detalles, una tarde de sofá y manta y cerrar los ojos para que por ellos pase de nuevo la película que hemos vivido recientemente. Yo procuro hacerlo siempre. Lo llamo hacer un inventario emocional. Para asegurarme de que lo cumplo, intento despertarme antes de la hora normal, y aprovecho ese rato en la cama para hacer el ejercicio de memoria y conservar esos momentos frescos, repasarlos y saborearlos, como si fueran un buen sueño que no queremos olvidar. Durante los días siguientes me dura mucho más la felicidad, y me sorprendo a veces sonriendo porque sí por la calle, cuando me viene algún momento evocado dichoso, alguna conversación que me hizo reír o me emocionó, alguna persona que me alegró o a la que yo alegré.
Las cosas buenas que nos pasan hay que mantenerlas y protegerlas, el paso del tiempo las deteriorará mucho menos si las tratamos con el cariño y la devoción que se merecen.
¿Y sobre las cosas malas? En esas no debemos detenernos con tanto tiento. Será mejor mirarlas desde la distancia, cuando otras las han tapado y el tiempo hace que ya no duelan tanto, para desde lejos poder apreciar con más sabiduría y experiencia las lecciones que de ellas podemos extraer, las situaciones de las que debemos aprender. Creo que tenemos derecho a querer borrar los días malos de nuestro calendario personal, derecho a esconder en cajas lo más negro para que no aparezca en nuestro inventario de sonrisas. Sí, ¡venga!, empieza a almacenarlas.

sábado, 2 de noviembre de 2013

Champiñones

Todos los sábados el mundo te amanecía como un champiñón, blanquita, suave y aterciopelada. Removías las sábanas como limpiando telarañas y aparecías con tu pelo hecho selva. Yo estaba ya despierto, deshojándole rayos al sol. Era nuestro día compartido de la semana, tú te levantabas pletórica y yo me insuflaba de ti. Desayunábamos rápido y salíamos al bosque. Danzabas con tu cesta entre los árboles, mirando los colores otoñales en las hojas y en la tierra, recolectando algunas para tu colección. Yo te miraba a ti y a tus pies bailar caminando, y cuando entre ellos se cruzaban las raíces nudosas prestaba más atención. Descubría entre ellas los frutos del otoño, te los señalaba y tú te inclinabas para recoger los hongos. Tu mano delicada se fundía con la tierra y se volvía naturaleza. Respirabas verde y espirabas oxígeno. Sentirse vivo era una obligación allí. Después de algunas horas volvíamos a casa con la cesta hasta arriba, te dirigías al fregadero y limpiabas la cosecha con tus manos. Yo me acercaba a ayudarte, me añadía a tus manos y entre ellas, convertidas en terciopelo, se colaba la suavidad de las setas, el agua quitaba la suciedad y dejaba una combinación mágica entre tu piel y la piel. Habría podido quedarme así para siempre, con nuestras manos juntas bajo el agua, convirtiéndonos en uno de la forma más pura posible.