sábado, 31 de agosto de 2013

The taste of completeness

The most perfect figure in the world is the circle. There does not exist a better shape with more mathematical properties and results. Put your finger in a point, move it with the same radius according to a centre and form a perfect circunference. Now, try to do the same with your life. Exactly. Why would you like to do it?

We are supposed to walk along during the life, following our steps in order to improve, to move away and to create a better ego in the next stop. But most of times, we realize we've been walking in circles. Too often one confirms that the start point is the same as the finish line. And I'm still trying to figure out if in this case that's a good property, or not.

The circle can also be used as a metaphor of periods of our existence. I call a period of existence a quantity of time when you are focusing in some specific objective: the period of studying in the university, the period of finding a job, the period of being promoted, the period of having children... Ok, these are big goals. There are smaller periods: the period of trying to get fit, the period of following a diet, the period of learning to drive. Every time you achieve something, you close the circle. Too many times, the circle stays open and it's a long twisted line that will stay with you the rest of your life, remembering you with its company that you failed in something, remembering you the frustration.

Sometimes, there are circles that are necessary to close and leave, even if we don't want because we are too confortable in them. That's called the confort area. We'd love to stay there forever and don't rescue our static daily tranquillity, we'd love to keep walking in that circle for a long time and we think that it would be enough. But the truth is that it's not. Humans need to move on, to keep thinking further and wishing much more further. People need to have dreams and look for new periods and circles to draw.

Now, one of my biggest dreams ever has finished. I've made the very last step and I have closed the circle. I know I have to move apart, and to start drawing new ones and also to complete the others that are still open. I know it's gonna be difficult, but that's the point of this art. Because making perfect circles is an art.

Then, why would we like to compare our life to circles? Because cycles need to be started and finished before we get lost in them, because dreams have to be dreamt and goals have to be wished. And then, just then, you can start walking, always for a period of life that can't be eternal, cause there are many more desires and objectives waiting for you.
Let's try to fill our life of perfect circles, as many as possible, let's make it the biggest and most beautiful sphere ever, and then, when we will be staring at the horizon of the way, we will be happy and satisfied, with a long path in our back and an infinite hope in front of us.

viernes, 30 de agosto de 2013

Psicodelia

Llegó un momento en que la música retumbaba demasiado fuerte dentro de su cabeza, los movimientos frenéticos la mareaban y el olor a cuerpos sudados se mezclaba en todos sus poros. Algo iba mal y la incomodaba. Se sacó otra pastilla del bolsillo y al minuto las luces eran de nuevo fantasía e infinidad. Los sonidos excitaban sus sentidos y su alma se manifestaba en movimientos rítmicos y artísticos.

Ella era psicodelia, y la psicodelia era ella.

Empezó a viajar de nuevo, a un mundo de colores brillantes y formas geométricas que se materializaban ante sus ojos cerrados, y cuando los abría la realidad giraba y se hacía menos real que nunca. Movía sus brazos con una dificultad no exenta de majestuosidad, y sus pies se confundían con el suelo. Ella se hacía uno con el entorno, y el entorno era tan homogéneo y simétrico que parecía de mentira. El instante era eterno, las voces hablaban por horas y la música se alargaba hasta el techo.
Del techo brotaba también humo, crecía en espirales perfectas y se dirigía hacia su boca; ella lo aspiraba agradecida y su inconsciencia se alimentaba un poco más. Lo visual y lo sonoro se entremezclaban como un sólo ser y la experiencia sensorial era extrema.

Ella ya no era un cuerpo, era una sensación. Inmaterial e intangible, sólo respirable y sensible.

Los rayos fluorescentes se propagaban en todas direcciones, y ella los seguía y se fundía con ellos. En la estela de una luz se dio de bruces con un sonido más opaco, y varias figuras comenzaron a mudar de forma y a intentar meterse en ella. No sabía qué eran, ni qué era ella, pero amaba esa confusión y sólo quería perderse más y más. En medio de una nube de consistencia distinta distinguió un patrón que se repetía y se dejó llevar por él. Notó una tibia presión en las muñecas y aguantó la respiración aumentando la concentración en la sangre.

La psicodelia había alcanzado su clímax, y ella yacía inconsciente en la oscuridad del furgón policial.

jueves, 29 de agosto de 2013

#4 Tiempo de arena. (Biblioteca de cámara)

"El pasado es un peso del que hay que saber liberarse para que no se convierta en tristeza. 

El pasado sólo es arena depositada en el globo inferior de un reloj.
Tiempo de arena silenciosa y quieta, que sólo tiene sentido si una mano la hace girar y le devuelve el movimiento. (...)
Tiempo para llorar, para calmarse, para reflexionar, para conocer sus verdaderos orígenes y para resolver cómo recuperarlos. Otra vez el tiempo y la paciencia... 

Tiempo de arena."
Inma Chacón


Éste es uno de esos libros que de entrada me conquistan por su título, y por frases y párrafos como el anterior. Sin embargo, no se trata sólo de una novela muy bien escrita, con prosa cuidada y una narración histórica admirable; esta novela tiene algo más que me atrapó, y es que gira entorno a personajes centrales con una característica común: son mujeres. Tres hermanas, cada una de las cuales tiene momentos de gloria durante las páginas, cada una se mueve por unas pasiones e ideales diferentes, y en cada una podemos ver reflejado un mundo distinto. Mundos que convergen y se separan una y otra vez. Amor, rebeldía, pasiones, luchas. Es una novela preciosa de leer y que engancha.
Uno de mis temas favoritos en la novela es, de hecho, el amor, y cómo las hermanas lo viven de forma distinta, fidelidad o pasión desbordada. También, por supuesto, el aporte a la figura femenina que se niega a ser sometida por el hombre, la senda del derecho a una universidad o a un puesto de trabajo decente, el reclamo de la igualdad.
En definitiva, es un libro que me encantó, y que merece ser leído con cuidado y disfrutándolo.

miércoles, 28 de agosto de 2013

Suena el timbre


Se quita las gafas, se suelta el pelo, los libros vuelan.
El mundo me, le, se sonríe.

lunes, 19 de agosto de 2013

Habitación 238

Voy a quedarme con él un tiempo, no quiero obligarle a que se vaya. 
Me divierte la idea de que está en mis manos, en mis pies o en mi boca la posibilidad de forzarle a marcharse. Está en cualquier parte de mi cuerpo en realidad, pero sobre todo fantaseo con acercar mis manos y hacerlas chocar. Llenar el silencio de aplausos. Hay algo de tétrico en ello, aplausos en medio de un cuarto vacío; las palmas se multiplicarían por la magia del eco. También hay algo que me pesa en la garganta. Siento sonidos macerándose ahí abajo, hay unos dedos invisibles tocando mis cuerdas vocales, tentándome a expulsarlos y gritarlos, pero con la mente los obligo a parar. No, no quiero hablar, no quiero chillar, aún no estoy tan loca. Quiero que el silencio se quede conmigo un poco más.
Además, pronto el ruido aparecerá por sí solo, el ruido siempre tiende a inundarlo todo de forma natural, como si el espacio le perteneciera.
Ahora que puedo, quiero disfrutar de su ausencia.

Estoy conmigo misma y con mi silencio en una habitación muy blanca. Cualquiera que me espiara por un agujero podría verlo y no oiría nada. Pero en verdad, la estancia está llena de voces. En mi cabeza. La voz de la conciencia, de la locura, de la razón. No lo sé. Incluso podría ser mi propia voz. Ya no recuerdo como era. Creo que una vez me dijeron que sonaba firme y sensata, debe ser más bien grave entonces. Definitivamente no es mi voz.
He dejado de aburrirme y ya no tengo miedo del tiempo. El tiempo se ha convertido en otra especie de silencio. No puedo sentirlo avanzar. Aunque imagine un reloj en mi muñeca y use mis latidos como segunderos, al rato deja de tener coherencia. Como cuando repites una palabra muchas veces y pierde su significado. Aquí dentro nada lo tiene. Minuto, hora, hora, hora, días. Todo es lo mismo.

Voy a quedarme conmigo misma y con el silencio un par de tiempos más. Hasta que la enfermera vuelva. No sé cuando será eso, quizá dentro de muchos tiempos. Pero me he propuesto no hacer ningún ruido hasta entonces. Es lo único que puedo controlar ahora mismo. Seguiré aquí sin moverme, como si no respirara. Estoy encogida y con las orejas tapadas, me da igual lo que me insista mi boca y mi cabeza, no pienso gritar, no pienso dar golpes, no pienso existir aquí. Y tampoco voy a tener miedo.
El ruido de la puerta al abrirse reclamará la normalidad, entonces las medidas volverán a tener sentido y mis voces se callarán. No, no voy a tener más miedo. Sé esperar.

domingo, 18 de agosto de 2013

Un profeta llamado Tú

Hace poco estuve hablando con un amigo, y sin pensarlo mucho, me vino a la boca decirle, como halago, que era "mi ejemplo a seguir". Lo mencioné haciendo referencia a que admiraba el camino que estaba trazando y logrando, en el ámbito de estudios y profesional. Pero éste amigo mío cuando se habla de negocios o de zalamerías es muy serio y correcto, lo cual también valoro, y me contestó: "Síguete a ti misma, no merece la pena seguir a nadie más".  La conversación no avanzó mucho más y cada gorrión a su nido, y cada facebook a otro hilo de mensajes, pero yo me quedé dándole vueltas. No es que mi amigo haya creado una nueva filosofía con lo de tu único ejemplo a seguir debes ser tú mismo, pero sí que me sirvió de pretexto para reflexionar sobre el tema. Y como reflexiono mejor cuando lo escribo, aquí va mi aporte en forma de comentario aburrido de texto, más que nada, para recordármelo a mí misma cuando me haga falta.

El camino del "éxito" tiene, entre otras peculiaridades, que es único. Las reglas o pasos que le han servido a uno no tienen porque aplicarse a ti ni garantizarte nada. Lo único que tú puedes hacer es reflejarte en otros y aprender de ellos. Pero un reflejo no debe ser una copia.

A veces me pregunto a quién soñaban con parecerse los niños de hace años, muchísimos años, cuando no existían los medios para divulgar tanta información y con ella modelos a seguir, como existen hoy en día, ya sea en nombre de cantantes, actores, deportistas, artistas, ¡famosos!, al fin y al cabo, gente conocida y reconocida por la sociedad, todos ellos figuras ensalzadas y heroificadas por millones de personas alrededor del mundo. También, quiero pensar, hay otros millones de personas que prefieren inspirarse en científicos de talla, en escritores, en emprendedores, en políticos (quizás quede alguno en quién poder fijarse).
¿Con quién sueña un niño de Sudáfrica que no conoce la existencia de ninguno de esos? Quizá su único héroe sea su padre.
En épocas anteriores, me imagino que los roles ansiados eran los personajes de leyenda, los guerreros, los curanderos, los príncipes. Que "todas las niñas sueñan con ser princesas". Pues no, todas no, pero lo de generalizar es otra historia. Puede que el primer ejemplo a seguir surgiera a la vez que el primer líder de una manada, el primer jefe de un clan. Sí, pensando así, parece intrínseco a la raza humana tener la necesidad de poder fijarse en alguien mejor y superior para soñar con prosperar. Quizá también en parte, por eso, creamos a Dios y a los dioses. Pero eso también es otra Historia.

Así pues, actualmente, proliferan los ejemplos plasmados en redes sociales y revistas de glamour, donde se fotografía la vida que algunos morirían por, paradójicamente, vivir. Y no tan lejos, las comparaciones pueden hallarse en cualquier lugar: el vecino con mejor trabajo que tú, el primo con mayor sueldo, el amigo con mayores expectativas. El error puede ser creer que tienes que hacer lo mismo que han hecho ellos para obtener eso, sobre todo, porque quizá eso no sea lo que tú quieras. Tú tienes que tomar tus propias decisiones y escoger tus propias metas.

El error en sí comienza desde muy pequeño. Yo creo que está bien, mientras se crece, tener esos modelos a seguir. Cómo decía antes, la clave está en aprender, no en copiar, y en la vida de casi todo se puede aprender.
Lee y extrae sabiduría, memorízala para tenerla en cuenta, no para que sea la biblia que guíe tu pensamiento. No dejes que nadie piense por ti.
Oye música y exprime sensaciones, recoge versos, identifica emociones parecidas, y rechaza otras.
Ve al cine y al teatro, almacena experiencias, viaja tanto como puedas, conoce a gente, admírala y habla con ella.
Y sobre todo, escucha. Escucha a todo el mundo, por supuesto con más atención a aquellos que más valores, a tus "ejemplos a seguir". Escúchales siendo muy crítico, compartiendo opiniones, y chocando en otras. Ahí te darás cuenta de que nadie puede ser tu absoluto ejemplo a seguir, porque tú eres único y estás compuesto de una mezcla única de ideas y sentimientos.

Algo que me viene a la mente relacionado con esto, es esa decepción que nos invade cuando, por ejemplo, leemos una entrevista a un escritor que nos encanta... vaya, que nos encanta como escribe, porque como persona acabamos de ver que no nos gusta nada. O a un futbolista que demuestra tener más sangre en los pies que en la cabeza, o un enfermero que encierra más conocimientos y en más ámbitos de los que habríamos juzgado en un principio. No sé si más vale malo conocido que bueno por conocer, o si habrá alguien cien por cien puro y culto por ahí que merezca ser un líder total en nuestro días. En este momento y hasta nuevo aviso, yo creo que es mejor no seguir a nadie, y seguirte a ti mismo, como decía mi amigo, porque tú serás el único que no te saldrá rana. Así pues, empieza ya, ahora mismo, a trabajar para regalarte, de tú a tú, muchas sorpresas, de las buenas.

Por tanto, date cuenta de que eres un alumno más de la vida, de que cualquier persona puede ser un profesor para ti, pero también es a su vez alumno. No tengas fe ciega en nadie, no te dejes guiar por lo que opinen otros, no imites los sueños de los demás.
Con todos los elementos que las vivencias te van dejando en el camino, con los pequeños ejemplos que puedes tomar de otros y con ciertos reflejos para tus metas, traza con determinación tus propios objetivos, piensa en cómo los llevarás a cabo, y esfuérzate por ellos al máximo.
No flaquees si no salen a la primera, ni a la segunda, ni a la enésima, porque sigues siendo un alumno de la vida y tendrás que ir cambiando con ella, adaptándote y aprendiendo cada vez más.
Creo que al final, el objetivo debe ser aprender lo máximo, ser tan sabio como  puedas y aplicar lo que sabes en la vida para ser feliz.
Pero esa es sólo mi moraleja. Tú tendrás que crear la tuya.

viernes, 16 de agosto de 2013

Paréntesis

Hoy es un día de esos que no tienen nombre pero que sólo te pertenecen a ti, un día impropio con nombre propio que me niego a decir. Un día lleno de un vacío que lo llena todo.
Hoy se me desparrama el café por la taza, una y dos y tres veces, aunque a la cuarta entiendo que ahora la taquicardia es justificada.
Hoy no encuentro el abrigo pero me niego a cerrar la ventana.
Hoy pido sin decirlo un alto el fuego, enviando señales de humo mientras me caliento, o lo intento. Y respiro el humo y su veneno a medio pulmón. 
Porque hoy funciono a medias como un trasto viejo.
Y mientras el hoy se va acabando llega el reloj a una encrucijada. Se me está agotando el día y la señal aún no ha venido aunque no me haya movido de casa.
Hoy es un día en que ni la poesía me salva, en que las ojeras hacen sombra en mis clavículas. Hoy busco mi nombre en la sala de espera pero no llega la cita.
Hoy ladro blasfemias en un lenguaje que nadie entiende, y cuando hasta mis paredes se aburren de verme, descuelgo la línea dejándome ausente, y vuelo a la calle buscando otro nido.
Y mezclo mi rostro con rostros cualquiera, haciéndome anónima en mitad de la pena, cruzando la acera bailando en silencio las letras que retumban con eco en mi mente, siguiendo tan ausente.
Hoy busco insistente un nicho en el cielo, chocando con la gente, mirando los huecos que anidan en las nubes de esta tarde tan tardía, queriendo perderme, aunque ya esté perdida.
Pero hoy el viento no sopla a favor.
Hoy le pongo música a las preguntas y acordes a las respuestas, dejándolas en el aire, porque aún no sé comprenderlas. Y pido que regrese el mes de abril que aquel ladrón birló, y busco otra estación de trenes sin destino, queriéndome inventar una nueva dimensión y esconderme en sus recodos hasta que se suicide el tiempo. Este tiempo que me asesina el aliento.
Hoy me arrugo como los troncos de los árboles de la alameda, y vuelvo a casa guiada por la oscuridad del barrio. Hoy es un día tan largo que parece un año.
Hoy sólo soy otro objeto en el cajón de objetos perdidos y nadie ha venido a recogerme. Hoy el amor no existe, y tampoco yo.

jueves, 15 de agosto de 2013

Cuento de verano V

Las ramas de los árboles caducos estaban tan secas que parecían espantapájaros, y los pájaros espantados preferían posarse en los viejos cables telefónicos. Por la obsoleta carretera hacía meses que no pasaba un coche. Algunos plásticos negros de los antiguos invernaderos se arrastraban por el suelo como sombras en la noche, aunque estaba empezando a llegar el atardecer.
La tierra marrón y árida comenzaba a colorearse de un naranja opaco, pero por el horizonte venían destellos tan ardientes como el magma. Un volcán sin cráter había estallado hacía minutos, y las llamas de lava corrían más rápido que el Sol corre hacia su escondite entre las montañas. Los matorrales y arbustos notaron el calor en las raíces, los pinos de las laderas se agitaban y las piedras se caldeaban.

El fuego avanzaba a pasos de gigante y el paisaje era un enano sin piernas. La anterior calma que precedía al ocaso se había visto sacudida. Las fauces del fuego comenzaron a devorar los postes eléctricos, las derruidas casetas de madera, y eso las alimentó. La maleza chisporroteaba y los plásticos negros se vieron reemplazados por verdaderas sombras negras de ceniza y destrucción. Las aves huían volando entre nubes de humo y dióxido. El incendio empezó a subir por la montaña guiado por la hojarasca.
El único verdor que aportaba el pinar se asfixiaba en la peor de las muertes. La savia se secaba y los árboles se retorcían sobre sí. Pronto sólo quedó un cementerio de troncos irreconocibles. Todo había ardido y el fuego se bebió a sí mismo satisfecho tras su cena.

El día se vistió de luto y el cielo sacó su manto de estrellas como si nada hubiera pasado.
El desolado paisaje quedó oculto tras la noche.
A lo lejos un cuervo graznó "Nunca más".

martes, 13 de agosto de 2013

Cuento de verano IV

La decadencia.
Llegó sin avisar una tarde de agosto, aunque en verdad sí había mandado algunos avisos que no quisimos ver. Pero ese día tocó a la puerta con una realidad innegable y tuvimos que reconocerla y llamarla por su nombre. Y cuando se le pone nombre a las cosas ya no hay forma de ignorarlas.

Éramos sólo dos y otras veces dos solos, compañía o soledad. Y las grietas se fueron abriendo paso entre nosotros, en los muros de la casa que habíamos construido. Creímos que bastaba habitarla para conservarla, que bastaba hacerla latir para mantenerla sana. Pero la costumbre convirtió en ruinas los cimientos y la falta de estímulos enfermó el corazón.

El declive nos sorprendió en medio de telarañas y silencios, conviviendo con insectos de patas tan largas como la distancia que nos separaba. Nos creíamos tan cerca, y ese día algo nos abrió los ojos y nos despertó. Y al despertar vimos cortinas de humo entre los dos, sillas que no se sostenían y una cama partida por la mitad, ventanas rotas que encerraban una atmósfera densa y claustrofóbica. La adrenalina se oxidaba encerrada en envases herméticos, la monotonía era polvo sin barrer por el suelo, y el suelo se tambaleaba. 

La caída fue vertiginosa y duró unos segundos. Todo se hizo trizas en un instante tan corto como el pasado y tan largo como el futuro. De repente, las bisagras chirriaron, los postigos cedieron y la nube negra entre los dos se disipó y pudimos vernos otra vez, pero ya no éramos los mismos. Éramos otro tú y otro yo, y ya no éramos nada.

En aquellos segundos sentí las paredes caer a nuestro alrededor, los muros de un hogar que de pronto dejó de fingir serlo. Sentí los objetos volverse transparentes y te vi en medio de un desierto, donde no eras más que un espejismo. Tuve sed, náuseas y miedo. Supongo que tú sentías lo mismo.  Así que estábamos allí, en medio del vacío, sin saber en que dirección avanzar porque todos los sentidos habían dejado de tener sentido, preguntándonos cuándo habíamos empezado a decaer y a caer y a separarnos. No yo encontré respuestas, tú no diste soluciones.

Cuando el reloj de arena deslizó su último grano, nos miramos por última vez y emprendimos una nueva marcha, siendo dos solos, sin encontrar aún el sentido, pero en direcciones, más que nunca, opuestas.

lunes, 12 de agosto de 2013

Cuento de verano III

Home is where the heart is.


Empezaste a hacer las maletas otra vez. Quién sabe cuantas maletas habrás llenado a lo largo de tu vida, cuantos destinos habrás decidido tomar. Yo hace tiempo que paré de contar despedidas.

Con tu metodología sistemática doblabas la ropa y colocabas algunas piezas del rompecabezas pulcramente ordenadas. El resto lo dejabas atrás. Las piezas que ya no encajarían allí donde ibas. Nunca desplazabas recuerdos, los detalles físicos se perdían, y en aquel entonces yo no sabía si viajabas con algo en la memoria.

Todo tenía lugar a lo largo de más o menos una semana. De pronto empezabas a mostrarte taciturna, impaciente, los días te iban poniendo de peor humor; dabas vueltas por las habitaciones, encerrada como en una jaula, salías a correr más de lo normal. Hasta que una mañana agarrabas el teléfono y dabas parte al dueño de la casa de que cesaba el alquiler, colgabas y me mirabas susurrando lo siento.  Después gritabas diciendo que no aguantabas más, que tenías que marcharte, y sacabas las maletas del altillo. Nunca cuestionaste que te seguiría.

Se sucedían entonces los mismos procesos: despedirnos de algunos conocidos, dar explicaciones en el trabajo, dimitir o romper el contrato temporal, empaquetar algunas cosas. Desordenar la vida que creíamos ordenada.

No, nunca cuestionaste que te seguiría. Y a veces me pregunto porqué yo no me lo cuestioné. En ese momento me aterraban otras cosas, y sobre todo una: que no decidieras incluirme en tu próximo equipaje, que te cansaras de mí como lo hacías de una ciudad.

Es cierto que paré de contar despedidas, mi pasaporte contaba países por mí, mis fotografías enumeraban lugares. Después de ella, la Polaroid era mi sombra. La una mi brazo derecho, la otra una prolongación del izquierdo. En cada aeropuerto empezaba la sesión e inmortalizaba con un clic el cartel del próximo vuelo, el que ella elegía en el momento guiada por sus instintos, o por su desesperación. Llegados a destino comenzaba la nueva aventura, las nuevas búsquedas, la integración con la nueva atmósfera. Todo era nuevo menos tú y yo, tan antiguos como siempre, con un lazo centenario. Los primeros meses eran excitantes, después llegaba una agradable calma, y pasado un tiempo que nunca supe entender ni contabilizar, el final.

Ese día el verano estaba en su cumbre, y la temperatura dejaba el ambiente sin movimiento, estático e imperturbable. En medio de la placidez del sol vi las sombras en tu cara, el vértigo en tus ojos y tu respiración ahogándose, y antes de que dijeras nada, decidí sacar yo las maletas del altillo. Al fin y al cabo, mi hogar está contigo, mi corazón está donde tú vayas.

lunes, 5 de agosto de 2013

Cuento de verano II

Se levantó con un buen humor inusual. Cogió su taza favorita y la llenó de agua caliente y unas hojas de té. Cuando agarró el tarro de azúcar se lo acercó a la nariz para asegurarse de que no lo estaba confundiendo otra vez con la sal, pero se ensimismó y respiró sin querer cerca del borde. Los granos blancos volaron silenciosamente y se esparcieron por todas partes, pero no le importó.
Abrió las cortinas que ondeaban con la brisa vespertina y sacudió la alfombra por la ventana. Hacía años que no hacía la cama, le encantaba ver la sábana blanca desparramada por la superficie.
Se lavó la cara con agua salada y decidió que eran suficientes preparativos. Acercó la mesa a la ventana y se sentó en la silla. La altura del alféizar era perfecta y podía contemplar todo el mar.

Entonces cerró los ojos y respiró. Aspiró el olor del té, de la sal y del agua. Abrió los ojos y dio un sorbo. 
Estaba preparada.

Extendió ante sí un gran papel blanco y eligió uno de los lápices, de los de mina más blanda. Esa noche había soñado con pájaros y empezó a plasmarlos. Pájaros de alas grandes y muy abiertas, de envergadura colosal. Pájaros de todos los tamaños, pero siempre con sus brazos extendidos. Pájaros que querían abarcar el mundo.
Había sido un buen presagio. Deslizó distintos carbones por el papel, emborronando con el dedo donde era preciso, creando matices, sombras y realidad. Entonces empezó a transformar el dibujo. Asemejó las alas de los pájaros a las velas de los barcos, y les hizo surcar los cielos. Naves navegando en un mar de nubes esponjosas, de algodón de azúcar. Aves volando en un cielo de olas y espuma. Con los lápices creaba formas bellas en el papel, y de fondo se oía el graznar de gaviotas y el susurro de la marea.

A cada rato se paraba y dirigía la vista al exterior. Devolvía la taza a su mano y el líquido caía por su garganta con un gorjeo parecido al de un gorrión. El día estaba lleno de plumas y ella se estaba convirtiendo en pájaro.

Cuando se dio por satisfecha contempló su creación. No era una obra de arte, pero era un reflejo de su alma. Su estado de ánimo, sus sensaciones, sus sueños. Una blancura llena de alas y de esperanzas, trazos de viajes y de escapadas, barcos de papel de vida y libertad que ninguna goma podría borrar.
Se miró las manos negras de carboncillo y las yemas de sus dedos convertidas lápiz. Su poca profesionalidad quedaba latente en el dibujo y en las huellas dactilares desparramadas entre las aves. Pero le gustó. Supo que ésa era su identidad y un reflejo de ella.

Cogió las llaves de casa y, dejando una marca negra en la puerta, se fue a nadar por el cielo y a volar por el mar.

domingo, 4 de agosto de 2013

Cuento de verano I

Hoy es uno de esos días en que el cielo se confunde con el mar, en que no existe horizonte y por la ventana se ve una extensión azul interminable, como si el fin del mundo hubiera llegado y todo se plegara sobre sí mismo. 
El fin del mundo llegó hace tiempo.

Hoy zarpó otro barco y decidí que la calma había llegado a puerto y que también debía llegar a mi cama, así que he puesto la caja en la puerta. El marrón contrasta con su pintura azul y con la pared blanca. Dentro de ella están todas esas cosas que quizás ya hayas olvidado y que yo quiero olvidar.
Esa caja es la barca de la memoria, de la memoria física; de la otra podría llenar flotas enteras.

Hoy tomé esa decisión y mientras las nubes flotan en el agua cierro la puerta por dentro, y la caja queda fuera, y su contenido fuera de mí. Las postales de París, la servilleta de aquel bar, el autoretrato en carboncillo, el primer juego de sábanas, el CD que grabaste para mi coche, las entradas del concierto donde nos besamos por primera vez, la lista de viajes por hacer, tu camiseta que era mi pijama, los pétalos secos de esa flor del Botanique Garden, el recibo de aquel hotel.
Un corazón de madera lleno de aquellos y aquellas, de lejanías.

Hoy no hay olas y su silencio me hizo darme cuenta de esa lejanía, de las distancias. De que el tiempo ya ha pasado y no debo esperar más. La caja ya está llena de telarañas y de cosas que no volverán ni crecerán. La casa está llena de vacíos y de un fantasma que cada día se desvanece un poco. Es momento de desterrar los errores y cerrar con llave.
Y tirar la llave al mar.

Hoy por fin he empezado a levar anclas, a alejarme de esta tormenta. He soltado lastre y ahora es la caja quien se halla inmóvil en la puerta. Quizá pasen años hasta que vengas, y estará vieja, destrozada por la lluvia y la intemperie, por el paso de los siglos y el viento del invierno, por la espera a ti.
Aunque espero que no vuelvas nunca más.