viernes, 11 de mayo de 2012

Corazones de papel.

Odio esos pisos donde las paredes parece que son de papel, donde no sabes si es el vecino o tú quien está usando la ducha, donde oyes el ruido de la freidora sin estar cocinando, donde no tienes intimidad.

Pero lo que más odio no es eso. Odio sólo una cosa, siempre la misma cosa.
Odio escuchar pisadas en el suelo, y que se me encoja el corazón pensando que son las tuyas, pero nunca lo son. Odio escuchar el crujido del colchón y pensar que eres tú que te levantas a buscarme, pero nunca eres tú. Odio que no vengas a buscarme, odio respirar pensando que tú sí me oyes a mí esperarte. Pero nunca atiendes. Odio escuchar movimientos y comprobar que no eres tú el que se mueve, que ya no estás. Odio escuchar el ascensor y pensar ilusa que vuelves, pero nunca vuelves. Odio estar cansada y no poder descansar porque mi corazón de papel sigue inventándose sonidos. Corazón de papel que se dobla con las lágrimas, que se encoge con la rabia. Odio escuchar tantas cosas que no existen.

Lo odio, te odio.

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