lunes, 21 de abril de 2014

¡Impostura!

Dejé claras mis intenciones desde el principio. Yo iba a lo que iba, y se suponía que ella también. Pero había algo extraño en aquellos ratos de conversación en la cafetería de turno, algo que se me escapaba y parecía decirme, aquí hay gata encerrada.

Nos conocimos por medio de un colega común, en una de esas noches difusas entre semana de alcohol y antros sombríos, donde se agazapan en las esquinas barrigudos con maletín. Yo carecía de lo primero pero portaba lo segundo, en la otra mano una copa que apuré de un trago antes de cogerla por el codo y sacarla ansioso de allí. Aquella noche lo hicimos en mi casa. Rompí mi regla en la impaciencia de culminar la jugada rápido. Pero después de aquello no repetí el error, y en las ocasiones siguientes íbamos siempre a algún hostal de poca monta que pagaba yo. Cero romanticismos, cero riesgos de que me pidiera quedarse a dormir.
A ella la pareció bien todo lo que le expuse la mañana después del primer escarceo. Yo sólo buscaba una distracción, no quería ni querría nada más, mis motivos eran míos y mis reglas, para ella, si quería. Aceptó y todo empezó a fluir bien. Quedábamos en un bar o un café para beber algo, tampoco me parecía adecuado ir directamente al asunto, y después nos dirigíamos a la pensión más cercana. Para mí ella era sólo un cuerpo, y yo tenía una sed que calmar que la bebida no me saciaba.
Sin embargo, a medida que siguieron los encuentros, las conversaciones vacías dieron paso a largos monólogos de mi parte, y ella me atendía absorta. Sin darme cuenta, le empecé a hablar mucho de mí, el alcohol me soltaba la lengua y la costumbre me hacía encontrarme en confianza, aunque a la vez percibía esa sensación rara, como si ella tramara algo, aunque en verdad se limitaba a escuchar. Le contaba mis problemas en el trabajo, mis aficiones, criticaba al gobierno y a sus medidas, blasfemaba del país. Del presente pasé al pasado, hablé de mis fracasos, de mis derrotas y traumas, sin quererlo le di una explicación a mi actitud y posición con ella, pero yo ni me enteré: hablaba como quien le habla a una grabadora. Con las semanas, comencé a darle detalles de mis sueños frustrados, del futuro que deseaba en mi cabeza, me enajenaba con el vaso en la mano y su sombra borrosa frente a mí. Siento decirlo pero ella seguía siendo sólo un cuerpo y yo en ocasiones me sentía una Sherezade, que no buscaba sobrevivir una noche más sino liberar primero sus palabras y después sus hormonas. Le conté cientos de cuentos reales durante esas mil y una noches.

Pero entonces, un día apareció en el bar vestida de blanco, me dijo que estaba enamorada de mí y que tenía que casarse conmigo, que estábamos hechos a medida el uno para el otro, que sabía todo de mí y yo me había metido dentro, en todos los sentidos y ahora no podía dejarme salir.

Me largué de allí corriendo.

16 comentarios:

  1. AAAAAHHHH!!!! Yo soy un tipo así. Lo reconozco.

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    1. Jajaja pues atento a que no te suceda algo como a aquel!

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  2. Exquisita, como siempre. Con un tono coloquial y diría que divertido -quizás soy yo, que te leo siempre con una sonrisa-, un personaje se construye a sí mismo.

    Un relato que me reafirma en lo que pienso: guían nuestros pasos nuestros miedos y aquello que creemos que no somos capaces de ofrecer. Desde dar poquito a alguien hasta salir corriendo.

    Con esa mezcla de ternura y profundidad que tira del hilo de lo entrañable para recordarselo al lector. Y recordar no es sino "traer de vuelta al corazón".

    Un lector agradecido :)
    Abrazo Patricia!

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    1. Una escritora de pacotilla más agradecida, me alegra que te gustara, tus palabras siempre me animan muchísimo. Estoy de acuerdo contigo en lo que piensas, el miedo es la cerradura que no nos deja abrir otras puertas. Abrazos :)

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  3. Yo soy de los que piensa que lo empieza con sexo termina con uno de los dos saliendo corriendo, tarde o temprano...

    Creo que en este caso el hombrecín del relato usó como paño de lágrimas a la mujercina. Al final siempre sufre el doble el que se convierte en el paño de lágrimas y, misteriosa y curiosamente casi siempre es la parte que se acaba enamorando hasta las trancas...

    Supongo que el protagonista, aunque crea que ha hecho bien porque ha sido sincero, no lo ha sido del todo, al abrirte a otra persona las condiciones cambian un poco.

    En fin, muy bien narrado murcianica, veo que estás siendo una buena alumna jajajajaj.

    Un abrazo grande.

    Salud!!

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    1. Sí, maestro, aprendo de oídas y de vistas, si sabes qué quiero decir jajaja. Ya sé tu opinión sobre el tema, pero... ¡las excepciones están para crearlas! :)Abrazos!!!

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  4. Como de costumbre, muy bien narrado y muy fácil de imaginar las escenas...Creo que en ocasiones creemos tener las cosas muy claras, y nos dejamos predeterminar por antiguas creencias, fruto de antiguas experiencias, y como bien dice Andoni por nuestros miedos, con lo fácil que podría ser fluir y dejar que las cosas surgieran de manera natural...Por eso huímos, porque no nos acostumbramos a fluir, nos da pavor el no poder controlar determinadas situaciones, sobre todo, las relacionadas con el corazón...

    Un beso! :)

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    1. 100% de acuerdo, lo de "fruto de antiguas experiencias" no podía venir más al caso. Coincido plenamente también en que nos da miedo el no poder controlar algo...mucho miedo.
      Gracias por leerme Sofya, besos!:)

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  5. A veces nos confundimos bastante en eso de la claridad.
    Y, cuando hablamos demasiado, a menudo (casi siempre) el último recurso es... salir corriendo!! (pa que no nos pillen los sentimientos).
    Besazo.

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    1. Exacto exacto que los sentimientos son los que más corren! Besos grandes y gracias grandísimas por leerme!

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  6. Eso le pasó a ella por escucharlo a él, en vez de decirle "déjate de rollos y vamos a lo nuestro" :) Espero que aprenda la lección :) Un besico, Patricica.

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    1. Jajajaja desde luego, directos al asunto, es que hay algunos que se engatusan de palabras. Besico :)

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  7. A este cínico le tocó una ingenua. Espero que la próxima vez sea él, el ingenuo y ella la cínica.
    El mundo está lleno de incompatibles sufriendo o corriendo por culpa de discursos poco claros.
    Pero también de compatibles en sentimiento y silencio mutuos. Pero estos, no lo cuentan. O no lo cuentan tan bien como tú. :)
    Bizou, bizou. :))

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    1. Jajaja ninguno sale bien parado, ni adjetivamente ni sentimentalmente, desde luego.
      :) los que son compatibles no necesitan contarlo, por eso se escribe más desde la tristeza que desde la alegría, o al menos, se necesita más.
      Merci merci et plus bizous :)

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  8. Tan real como sorprendente
    Y la gente (entre los que me incluyo) no para de correr sin saber a donde va

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    1. Yo también me incluyo. Al menos intentemos correr sin tropezar y caer demasiado.

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