sábado, 4 de octubre de 2014

Olor a sábado

Hoy siento en el corazón
un vago temblor de estrellas,
pero mi senda se pierde
en el alma de la niebla.
La luz me troncha las alas
y el dolor de mi tristeza
va mojando los recuerdos
en la fuente de la idea.



Canción otoñal, Federico García Lorca.


Hace unos días me topé de bruces con un recuerdo de mi infancia. No sé qué fue lo que retuvo ese pensamiento en el aire, pero de pronto se formó una composición ante mis ojos y me llegó un olor del pasado, y la combinación de ambas sensaciones me transportó irremediablemente a una situación vivida mucho tiempo atrás, repetida casi con periodicidad cada sábado.

Me vi a mí misma con cinco o seis años ante el escaparate de una tienda, un cubo de cristal incrustado en mitad del pequeño centro comercial, cuyas paredes hasta el techo exhibían cientos de peluches ahogados contra el vidrio. Uno con otro, los juguetes peludos y mullidos se aplastaban entre ellos, luchando por un espacio para mostrarse al público, a niños como yo que pasaban por allí y se detenían ante los cristales, posando los ojos de un peluche a otro, ensimismados. Lo cierto es que de pequeña nunca me gustaron los peluches, tampoco lo hacen especialmente ahora. Escucho en la lejanía la suave letanía de mi madre diciendo que eran una fuente incansable de polvo y bacterías, y en verdad, cuando me regalaban uno, yo no sabía muy bien qué hacer con él más que colocarlo encima de la cama como adorno y observar cómo a su vez él me observaba impertérrito, casi aterradoramente. Al cabo de unas semanas el peluche en cuestión era sentenciado a una caja en el altillo del armario. No, nunca me gustaron los peluches; prefería, en caso de tener que hacerlo, abrazar un buen cojín.
El caso es que cada sábado yo empleaba unos minutos ante el escaparate poblado de ositos, perros y demás fauna rellena de algodón, mientras mi padre guardaba cola en el puesto del salazón. Cuando le llegaba el turno, yo me acercaba corriendo porque me encantaba ver cómo le señalaba a la dependienta el trozo exacto de estornino que quería, el corte preciso, la cantidad justa. Después íbamos a la carnicería, donde siempre acababa comprando más de lo que mi madre le había indicado, y esa noche cenábamos algo rico que no estaba planeado en el menú. Si hacía falta entrábamos el supermercado, y a veces dábamos una vuelta por las zapaterías. Camino a la salida pasábamos ante el puesto de copias de llaves, con su olor a óxido quemado; por el pequeño tiovivo que funcionaba a monedas y en el que aunque mi padre me lo ofrecía, nunca me apetecía realmente montarme; por delante del asador de pollos de los padres de mi compañero del colegio, el penúltimo de la lista alfabética, aún lo recuerdo, donde se nos hacía la boca agua y mirábamos con ojos lastimeros y salivando a los ejemplares dorándose en las vitrinas, sabiendo que mamá ya tenía la comida preparada y no podíamos pedir uno; y también por la taquilla del cine, deteniéndonos siempre para coger el panfleto con la cartelera de la semana, aunque rara vez íbamos. Después tocaba la vuelta a casa en el coche recalentado al sol, por aquella época el Golf blanco, con las ventanillas bajadas y la radio, y el periódico y las bolsas de la compra en el asiento de atrás.

Esos eran los olores de los sábados, antes de que mi hermano naciera y de que mis padres compraran la casa de campo. Olor a carretera y a calor, a salado y a comida, a gente entrando y saliendo, a trasiego y a movimiento. Después los sábados pasaron a tener olor a tierra, a árboles frutales, a jazmín, a granja de gallinas, a avestruces. Mucho después el olor cambió para convertirse en aroma a hogar, a regreso, a lápiz y apuntes, a comida casera, a tierra pero a una tierra distinta; y otros sábados sólo olía a ciudad y a soledad. Pero esas son otras historias. Además, hoy es sábado pero aún no sé muy bien a qué huele.

18 comentarios:

  1. Hay que ver lo importante que es el olor de las cosas y cómo muchos recuerdos regresan a nosotros por esos aromas, esos olores lejanos que sin embargo están cercanos a nosostros, a nuestras mentes y a nuestros corazones. La verdad es que tener la suerte de poder disfrutar de todos nuestros sentidos, es un potente complemento en esos momentos en los que sin saber cómo ni porqué acuden a nuestra mente los recuerdos.

    Bonito regreso al pasado, bonita y sensible descripción.
    Besos Patricia y feliz sábado! :)

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    1. Desde luego que llevas razón Sofya, y es curioso porque de todos creo que el olfato es el sentido en el que menos suelo reparar, pero hay veces que me vienen imágenes como ésta, tan nítidas. Feliz...lunes! :) Beso enorme y siempre gracias por leerme.

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  2. Que bonito cuando vuelven recuerdos así.
    Envidio tu estado de superclarividencia, yo la mayoría de las veces apenas recuerdo y llego a dudar haber sido pequeño, jeje
    Esperaré mi próximo olor a recuerdo...

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    1. Aunque apenas recuerdes, seguro que hay cosas puntuales en las que puedes apoyarte para ver imágenes, yo tengo recuerdos sueltos, pero si te esfuerzas puedes traerlos a ti seguro.
      :)

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  3. Qué agradable lectura, Patricia. Volver al tiempo en que no había más magulladuras que los frutos del juego imprudente. Cuando nada susurraba que no hay vuelta atrás y todo hablaba de la infancia. Yo necesito recorrer ese camino cada cierto tiempo. El otro día, sin ir más lejos, me puse a caminar por la calle de mi niñez antes de conciliar el sueño. No está entre mis virtudes la memoria fotográfica y me suelo perder los detalles, pero las calles de mi infancia las tengo grabadas a fuego. Soy de la opinión de que, sin la infancia, nada tiene sentido.

    Genial, como siempre :)

    Besote,
    Andoni

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    1. :) Es maravilloso disponer de esos retazos, de las calles de tu infancia, eso dice y significa tanto para una persona. Si no has leído "El mundo", de Juan José Millás, te lo recomiendo :) Yo tengo sentimientos encontrados con la infancia, será que también recuerdo cosas que no me hacían sentir tan bien, pero sin duda nada tiene sentido sin ella.

      Gracias por pasarte, como siempre :)
      Abrazo

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  4. Venía a decirte - MiniBlog

    Se me hace muy fácil imaginarte de chica, aún cuando tu hermano no había nacido. Pero no venía a decirte eso. Venía a decirte que me alegra que recuerdes cosas del pasado con la misma potencia que vives el presente. Venía a decirte que el tiempo es cocinero de oficio, y condimenta los días como le viene en gana. Venía a decirte que das la impresión de feliz, sea el sábado que sea y eso me alegra a mi también, y a muchos de los que te leen. Venía a decirte que nunca es tarde para saborear un sábado y convertirlo en pasado, pero del bonito.

    Pero, lo que venía a decirte era eso, que lamento llegar un Lunes... :(

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    1. Y yo lamento entonces contestar un lunes ;) Bastante es que me leas, Alberto!te lo agradezco mucho. Gracias por escribirme algo tan tan bonito, un miniblog dentro de un blog :D gracias por tus palabras tan lindas, un besazo.

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  5. Surgen los recuerdos cuando menos te lo esperas y sin saber porqué. Por la forma de una nube, un olor, algunas notas de una canción...
    Y es bonito dejarse llevar por ellos un ratito. Sea sábado o domingo o cualquier día de la semana.
    Este escaparate de peluches amontonados me recuerda uno de Madrid, en la Gran Vía, donde mis hijos se pasaron largos ratos con la nariz pegada al cristal imaginando historias entre todos los bichos :)
    Y a mí, sí me gustaba mi osito que compartió de todo conmigo desde la cuna hasta que desapareció en una mudanza que me llevó también al campo donde encontré otros sábados.
    Los olores del camino cambian pero su recuerdo permanece en nuestra "oloroteca" particular.
    Hoy es lunes y aquí huele a tu infancia, Patricia :) Y huele bien. :)
    Besote y abrazote de osa.

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    1. Me encanta el término "Oloroteca" :) Me alegra de que mi infancia te huela bien Fram, al menos ese recuerdo olía muy bien. Seguro que en el campo tu encontraste otros sábados y otros olores, mucho más tú; y que ese osito seguía de otra forma contigo.
      Qué guay lo del escaparate de Madrid :D cuando vuelva y vaya a Gran Vía lo buscaré, por si sigue allí :)
      Gracias, siempre, por leerme, y olerme.
      Beso enorme.

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  6. Hoy voy a ser breve porque se puede resumir así: QUÉ PRECIOSIDAD DE TEXTO, PATRICIA, QUÉ PRECIOSIDAD!!!!!!!

    Y un besazo de regalo!!!!

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    1. :) gracias por sacarme cien sonrisas, lo que es una preciosidad es que te lo parezca, que me digas eso, es el mejor regalo.
      Un besazo de vuelta, y trillones de gracias.

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  7. Olor a sábado... Mis tres olores irrepetibles (aunque repetidos por buscados): olor a campo manchego, olor a pino carrasco y, sobre todo, olor a Tánger. No pierdas nunca tus olores, Patricia. Besico.

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    1. Tus tres olores son maravillosos, Diego. Creo que dicen mucho, muchísimo de ti. Y me alegra que los hayas podido, en cierta forma, repetir. Gracias por el consejo y por leerme, Diego. Otro besico.

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  8. Los olores son nuestra memoria. Y estoy de acuerdo en eso que dicen de que el olfato es nuestro sentido más emocional.
    Un beso para ti Patri, de viernes y con olor a pan recién sacado del horno.

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    1. Menudo beso ese! Yo quiero pan casero :D También quiero que sea viernes jaja
      Muchas gracias desde este lunes, intentando buscar más olores. Un besote :)

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  9. Desde hace meses, tu rincón huele a casa abandonada... :(
    Un besote ululado con perfume de lluvia.

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    1. Querida Fran... :( Lo sé, están siendo unos meses muy complicados, no tengo ni fuerzas ni ganas, espero poder encontrarlas pronto y volver a estar aquí, a visitaros, y a retomar aquel correo. Gracias por tu comentario, me alegró mucho que te acordaras de mí.
      Un beso gigante, ululando desde un Madrid un poco sombrío. Y abrazos fuertes del sur.

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