sábado, 5 de octubre de 2013

Mi equipo favorito


Ocupé mi asiento con una mezcla de nervios y congoja; nervios pasivos, no por estar, sino por lo contrario. Estaba en la butaca y a la vez no estaba, y me convertí en una suerte de espectador y también actor, pues conforme pasaban los minutos iba siendo más consciente de que aquello también me incumbía a mí, aunque no tanto. O quizá sí.
Si existe una cosa contagiosa, cuando es sincera, es la felicidad. Puedo decir que fui feliz el rato que estuve sentada en ese lugar, lloré por dentro y reí por fuera, y la mayoría de esos gritos eran de un éxtasis contento, agradecido y también un poco frustrado. Pero que a todas las cosas malas hay que sacarles el lado positivo y convertirlas en no tan malas. Y ese asiento no fue el atisbo de silla eléctrica que al principio esperaba en parte, fue un mullido sillón donde sentí justo eso: la felicidad contagiada y compartida. Si hay algo más bello que ser feliz, es poder compartirlo.
Así pues, disfrazada de testigo mudo, fui partícipe de una película que pasaba ante mis ojos y en la que yo misma actuaba, donde las exigencias de guión eran claras y ahora parecían pedir un The end. Era una película que englobaba todos los géneros, un nuevo de cine, donde cabía la comedia, el romance, el drama (mucho drama), las aventuras, la ciencia, y la ciencia ficción, la guerra y el terror; la vida, en su máxima expresión. Y en aquella sala improvisada de cine escuché, con los ojos anegados en lágrimas, las voces que habían puesto banda sonora a un período que podría llamar de muchas formas, pero que hoy llamaré, la felicidad con "mi equipo favorito".
Espectadora y actriz, moví las manos, el corazón y la sonrisa clamando por unos recuerdos que, no siendo aún capaz de poner en esa perspectiva temporal que me hará valorarlos todavía más, resonaron con fuerza en mis sienes, y me hicieron echar la vista atrás para ver todo el camino recorrido. Aun teniendo heridas en los pies de tanto correr, esa película demostraba que en nuestro equipo, en las buenas y en las malas, al principio o al final, había habido siempre un compañero que te cambiara los zapatos o hiciera un trecho tirando de ti. Por que sí, la felicidad no es nada si no es compartida, y a las tormentas se sobrevive mejor en compañía.
Intenté extraer la enseñanza de aquella lección mientras miraba de soslayo, intentando que no se dieran cuenta de mi emoción, las cabezas pensantes y privilegiadas de mis amigos, de mi equipo favorito, del equipo favorito. Y no pude llegar a una única conclusión, al igual que tampoco pude echarme a llorar, porque eso evidenciaría que aquel acto era una despedida. Y no lo era. Era una escena de alegría, de continuidad, un día para recordar toda la vida y repetir desde otra butaca en cuanto llegue el momento.
Así, que por ahora, me dejaré de moralejas, y en lugar de eso, seguiré aprendiendo, aprendiendo también a ser feliz. Por eso cuando me levanté del asiento y las luces del cine se volvieron a encender, sólo tuve clara la tarea que tenía yo para esa noche: compartir, una vez más, con mis compañeros de equipo, la felicidad.
Y eso hicimos.

2 comentarios:

  1. "Si hay algo más bello que ser feliz, es poder compartirlo."
    "la felicidad no es nada si no es compartida, y a las tormentas se sobrevive mejor en compañía."
    Por si no la conoces, una canción del Maestro ;)
    http://www.youtube.com/watch?v=a8mMRSQNdo8
    Buenas noches y sonrisa :)

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    1. No la conocía,me ha encantado,gracias por compartirla conmigo!Últimamente no tengo mucho tiempo para andar por aquí y me gusta aún así encontrar tus comentarios tan bellos, un abrazo enorme :D

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