lunes, 3 de junio de 2013

Nunca estaréis a salvo.

El sol brillaba alto despuntando la azotea, y él se empezó a desperezar. Por la ventana entraban abundantes rayos de luz que irradiaban la estancia y le cegaban los ojos aún dormidos. Por la posición del astro debían ser más de las dos, pensó, y lanzó el primer improperio del día.
Se deslizó de la cama hasta el suelo como una serpiente y encendió el televisor. Con las noticias de fondo se aguó la cara y el cuerpo en el baño sin espejo. Ya no tenía. Le daba miedo mirarse en los ojos y no ver nada. Porque hacía tiempo que no sentía nada.
Se atusó la barba mientras bebía zumo de un cartón y escuchaba la voz monótona del presentador. Nuevas medidas en el Congreso, últimas exigencias desde Bruselas, novedades viejas sobre juicios de corrupción, un incendio aquí, una caída en la bolsa allá.
- Tras haberles contado las noticias destacadas del día, volvemos sobre el suceso con el que abríamos el telediario, y que tiene conmocionada a toda Inglaterra.
Sin mediar más palabra, apareció en pantalla un hombre de color con las manos ensangrentadas en mitad de la calle, una calle que conocía muy bien. Portaba dos cuchillos también empapados en sangre, y le hablaba muy rápido a la cámara. 
- We must fight them as they fight us. An eye for an eye, a tooth for a tooth.
Se irguió en la silla y empezó a temblar, sin poder quitar los ojos del aparato, antes somnolientos, ahora fuera de las órbitas. El protagonista de la noticia tenía la voz urgente, firme, fuerte acento británico.
I apologise that women have had to witness this today, but in our land our women have to see the same. You people will never be safe. Remove your government, they don't care about you.
You people will never be safe, you people will never be safe...
No le titubeó la voz, no tenía miedo de estar en la calle tras haber cometido un asesinato feroz, diciendo aquello, en lugar de intentar huir. No quería huir, quería mostrarle al mundo lo que había hecho. A sangre fría, con el pulso tranquilo, con la conciencia tranquila. Porque era justo. Ojo por ojo, diente por diente. Aquello que había hecho era justo. Su Dios lo permitía, su acción le glorificaba, you people will never be safe.

Aún sin poder pestañear, se abalanzó sobre el teléfono y marcó acuciante el número. Hacía siglos que no lo usaba, pero lo recordaba perfectamente. Escuchó desesperado las pulsaciones de la línea, hasta que oyó un click.
-Hi, this is Emma. I'm afraid I am not available at the moment. But please leave a message and I will call you back as soon as possible. Thank you, bye bye!
Respondió con silencio al mensaje y colgó. Sudando, dio vueltas por la habitación mascullando más improperios, sin dejar de escuchar ambas voces: la fría, letal y a la vez humana, nunca estaréis a salvo; la dulce, correcta, londinense, hi, this is Emma.
Inevitablemente, vino a su mente un libro que había leído recientemente. No recordaba al autor, sabía que era muy famoso en Japón, Marakuma, Mukurami, o algo parecido. En el libro contaba pequeñas historias sobre distintas personas y cómo les había cambiado la vida después del terremoto que asoló una ciudad japonesa. Había intentado ponerse en la piel de los personajes durante la lectura, aunque la empatía no era su don, pero en ese preciso instante lo comprendió.
Entendió como toda nuestra perspectiva se modifica cuando ocurre algo que no podemos controlar, cuando el universo se mueve, cuando la tierra tiembla, cuando la naturaleza despierta y no somos nadie para detenerla. E, incluso más escalofriante, cuando un humano decide creerse con derecho para atentar contra otro. Nuestra forma de ver la vida cambia, porque nos damos cuenta de que somos frágiles, mortales, de que en un momento pueden arrebatarnos todo, y entonces pensamos... ¿qué he estado haciendo hasta ahora? ¿Vivía o moría? Y ponemos en orden todas nuestras prioridades, y decidimos darle más valor al día a día y empezar a vivir de verdad. Porque no somos intocables y acaban de recordárnoslo, acaban de tocarnos muy de cerca y nos han dicho lo vulnerables que somos.

Seguía mareando los pies por el cuarto, meditando en silencio tantas ideas, interpretando sentimientos. Volvió a llamar.
-Hi, this is Emma. I'm afraid I am not available at the moment. But please leave a message and I will...
- He-hello, Emma. It's Marco. I know it's been a long time, but I...I just saw in the news what happened in the city. I'm horribly worried, are you OK??? Please let me know as soon as you can. I... I've been thinking and...I...I would like a lot to visit you, if you want... I just need to order some issues and I will just... buy the tickets for the first flight I find. I... I don't know how to say this but I.. I've missed you. Well, hmmm... We will better talk face to face. I'm looking forward for that. I wait for your call. Bye.

Dejó el teléfono y empezó a hacer las maletas.

1 comentario:

  1. Ojo por ojo y el mundo acabará ciego. Espeluznaba escuchar al hombre con las manos ensangrentadas hablándole a la cámara.

    A veces nos acordamos de ciertas personas cuando pasan cosas que no podemos controlar. Supongo que más por un sentimiento de culpabilidad que por preocupación real.

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