jueves, 15 de agosto de 2013

Cuento de verano V

Las ramas de los árboles caducos estaban tan secas que parecían espantapájaros, y los pájaros espantados preferían posarse en los viejos cables telefónicos. Por la obsoleta carretera hacía meses que no pasaba un coche. Algunos plásticos negros de los antiguos invernaderos se arrastraban por el suelo como sombras en la noche, aunque estaba empezando a llegar el atardecer.
La tierra marrón y árida comenzaba a colorearse de un naranja opaco, pero por el horizonte venían destellos tan ardientes como el magma. Un volcán sin cráter había estallado hacía minutos, y las llamas de lava corrían más rápido que el Sol corre hacia su escondite entre las montañas. Los matorrales y arbustos notaron el calor en las raíces, los pinos de las laderas se agitaban y las piedras se caldeaban.

El fuego avanzaba a pasos de gigante y el paisaje era un enano sin piernas. La anterior calma que precedía al ocaso se había visto sacudida. Las fauces del fuego comenzaron a devorar los postes eléctricos, las derruidas casetas de madera, y eso las alimentó. La maleza chisporroteaba y los plásticos negros se vieron reemplazados por verdaderas sombras negras de ceniza y destrucción. Las aves huían volando entre nubes de humo y dióxido. El incendio empezó a subir por la montaña guiado por la hojarasca.
El único verdor que aportaba el pinar se asfixiaba en la peor de las muertes. La savia se secaba y los árboles se retorcían sobre sí. Pronto sólo quedó un cementerio de troncos irreconocibles. Todo había ardido y el fuego se bebió a sí mismo satisfecho tras su cena.

El día se vistió de luto y el cielo sacó su manto de estrellas como si nada hubiera pasado.
El desolado paisaje quedó oculto tras la noche.
A lo lejos un cuervo graznó "Nunca más".

5 comentarios:

  1. Nuestra relación con la naturaleza es penosa...Nuestra conducta tendrá sus consecuencias.

    Un abrazo

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    1. Mucho me temo que las tiene ya.
      Muchas gracias por leerme, me llena el tintero y el alma.
      Un abrazo grande.

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  2. Las consecuencias son muchas y ya las vivimos. Algunas saltan a la vista y otras son más insidiosas, más a largo plazo.
    Tu estremecedor texto es una pesadilla recurrente y desgraciadamente una realidad.
    Pero es una realidad también el esfuerzo de muchos para contrarrestar la locura de unos pocos... prefiero pensar que son pocos a pesar del ruido que arman. Hay otros, luchando, organizados en grupos y/o de forma individual.
    Un libro, ya antiguo quizá, pero que rige la vida de muchos :"El hombre que plantaba árboles" de Jean Giono.

    Como ves, sigo paseando por tus renglones. :) Y me gusta el paseo. :)

    Abrazo y sonrisa.

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    1. Mil gracias por tu comentario, y por mencionar el libro! Voy a buscarlo para poder leerlo, me parece una maravilla la sinopsis, tiene que estar bonito!
      Si todos damos un paso juntos, el salto será enorme, y unos pocos no podrán pararlo :) Gracias de veras, mil besos!

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  3. Que no tengamos que sufrir esta estampa nunca como espectadores directos...pero llegará, porque no hemos hecho otra cosa que joder el planeta y eso traerá sus consecuencias tarde o temprano.

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