domingo, 8 de septiembre de 2013

El último tren

Un libro, como un viaje, se comienza con inquietud y se termina con melancolía.
J.Vasconcelos.

Podría decir que no me gustan los aeropuertos, y empezar con un cliché triste y melancólico lleno de despedidas agridulces y tópicos hollywoodenses, pero lo cierto es que iré contra corriente y diré la verdad: me encantan los aeropuertos. Son como una puerta mágica, como un portal que te lleva a un destino soñado, son un milagro con alas, son la ventana abierta a un viaje real. Para los viajes no reales, aunque muchas veces se tatúan en la memoria como si lo fueran y nos hacen sentir más que la realidad, tenemos los libros.

Los aeropuertos juegan un papel significativo como medio de transporte en la imaginación, y es que te hacen levantar los pies del suelo, y así tus pensamientos también vuelan. No conozco una sensación igual que estar elevado entre las nubes y detenerte en el tiempo, mirar por la ventanilla y dejar vagar la mente, dibujar formas y sueños entre el algodón del cielo. El aeropuerto es la estación que te permite entrar a ese parque de atracciones y sensaciones.

Y qué es la vida sino un libro que escribimos día a día, y qué es un libro sino un viaje página a página, y qué es la vida sino el más grande de los viajes y el más bello de los vuelos.
Si con cada capítulo cambiamos de vagón, mañana me toca montarme en el último tren de esta historia y dejar al avión repostando combustible. Y en unos meses me tocará aguantar las ganas de decirle al revisor que pare, que me quiero bajar, que me cambio de tren y de vida, que no aguanto más esta parte del viaje. Pero en todos los viajes hay turbulencias y el consejo es permanecer agarrado firmemente al asiento, porque no podemos permitirnos caer. Quizá en unos cuantos meses más, me toque por fin recoger mis maletas y bajarme en la siguiente estación, quizá por fin pueda despedir este tren y planear nuevos aeropuertos. Y estoy segura que esos "por fin" en algún momento se volverán un "ojalá aún no", y la melancolía teñirá el pasado, porque todo pasado siempre fue mejor. Pero en este presente, sólo quiero continuar escribiendo, aprendiendo, impregnarme de libros y de conceptos, llenar páginas y páginas, secar tintas y poner el punto final a este capítulo del viaje de mi vida, porque ya es hora.
Mañana me embarco en el que espero sea el último tren con ese destino, llena de inquietud, claro, pero también de esperanzas.


2 comentarios:

  1. Hola Patricia. Gracias por tu visita, siempre te esperaré. Lorca y su gente son muy especiales para mí.
    Todos somos importantes, pero me alegra la llegada de un nuevo amigo/a.

    Un fuerte abrazo.

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    1. Muchas gracias María por pasarte y por tus palabras, me encanta lo que escribes, un placer que exista tu tinta murciana. Un saludo!

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