lunes, 2 de septiembre de 2013

#5 El nombre que ahora digo. (Biblioteca de cámara)

"La guerra, la guerra era un laberinto de mujeres vestidas de negro, de perros perdidos y niños que jugaban a la guerra, de niños que jugaban a los muertos, a ser muertos como su vecino al que le había caído un cascote de metralla mientras tomaba una sopa con restos de patatas y anguila o pagel o rodaballo, un pez que asomaba su raspa entre el caldo naranja, un estanque tintado de pimentón o sangre. Un pez que no nadaba, que miraba con su ojo muerto los ojos muertos del vecino, el trozo gris de metralla del que goteaba una sangre espesa y oscura, lenta, vaga, aburrida la sangre de tanta guerra, de tanto fluir por cabezas, pechos y espaldas, cansada de salpicar paredes, mesas, árboles, adoquines y tapias. La guerra era una soledad con bombas, voces y banderas, una soledad de niños y de muertos. De ojos, de peces sin vida. Un relámpago que estababa dentro de mi cabeza. La guerra era yo".
Antonio Soler.




Si después del texto de arriba necesitas alguna razón más para aventurarte a leer este libro, añadiré que es una belleza y una historia de amor que cautiva.
La guerra como un juego de niños, el amor como un verdadero campo de batalla. La novela está llena de poesía y de sentimientos, de melancolía y tristeza, de miedo y soledad. Un discurso a dos voces con la Guerra Civil española como trasfondo, con anécdotas y risas, con pasiones y amistad. Leer y disfrutar.

«He perdido mi patria, dejó escrito Gustavo Sintora en el inicio de uno de sus cuadernos. Pero cuando escribió esas palabras, Sintora no se refería a ningún país, a ningún ejército ni territorio, a ninguna bandera. Su patria fue una mujer, una mujer que tenía nombre y ojos de atardeceres.»

6 comentarios:

  1. Qué sorpresa con tu blog,me ha gustado mucho. Saludos!

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  2. "La guerra era yo" En esta frase está todo cuanto uno ha de comprender. ¿Dónde están escritos los pensamientos en el cerebro? ¿Qué es eso que llamamos identidad y que tanto sufrimiento nos causa?
    El amor está muy lejos de ser un campo de batalla. Por esto nos cuesta tanto vivirlo sin añadirle parafernalia mental :) Bueno, si no leíste bien el texto que escribí ahora no me comprenderas, pero a tiempo estás de leer en el blog y salir de dudas. Si así quieres, o entiendes, que sea.

    Quizá estas preguntas no sean románticas y llenas de sentimientos y poesía mas... te pueden liberar de esa guerra que está en ti, en cada uno de nosotros. En los menos conscientes más.

    Zapatos y calcetines desparejos ¿eh? :) No estaba en mi creer que podrían traer suerte... la suerte ya está en uno :) Así lo entiendo yo a día de hoy. También la busqué fuera de mi. Perdía el tiempo, si.

    ¡Feliz día! Ciao.

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    1. :) Leeré tu blog de nuevo ya que me encantó, lo que escribes aquí también es muy reflexivo y me gusta, gracias por el comentario y por pasarte!
      Yo tampoco es que "crea" que pueden traer buena suerte ;) pero a veces uno necesita estímulos e ilusiones para encarar esta guerra imaginaria, ¿no? Las preguntas siempre son necesarias para intentar encontrar las respuestas.

      Un saludo y gracias!

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  3. Hola Patricia! Viendo tu comentario en el blog "Un pasillo encerado", he llegado al tuyo. Me ha llamado la atención el título de la entrada, y me he dado cuenta que pertenece al libro de Amtonio Soler, libro que tengo y aún no he leído, pero que lo haré en cuanto tenga tiempo. Un saludo.

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    1. Hola!Muchas gracias por pasarte a visitar,ojalá leas el libro y te guste mucho!Un saludo :)

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