lunes, 30 de septiembre de 2013

Otoños lejanos

Me asomé al que antes era el remanso de tu mirada y encontré un abismo al que caí, desbordándome por el acantilado como la poesía por tus ojos, con un iris becqueriano más desgastado que el amor y más inmenso que el océano.
Me asomé y encontré un deshielo imparable, un cuentagotas infinito de lágrimas que se derretía y amenazaba con inundarlo todo, agonicé por un instante en el frío glacial de tus pupilas que centellearon brillantes y mojadas, y la cascada atronó en tu valle.
Te contemplé por detrás de tu propio reflejo,  atravesé el páramo de tu expresión vacía y aguada y miré más allá, en la lejanía, y entonces regresé y me coloqué justo en frente de ti. Me pregunté entonces cuanto hacía que no te observaba así, desnuda, transparente y traslúcida; la luz se iba colando en tus poros y tus ojos se volvían espejo de lo que yo veía de ti, haciéndote un espejismo aún más inverosímil.

Por fin rompiste a llorar.
Detrás de aquella estatua momentánea de hielo te desmoronaste y no me dejaste seguir quieto, analizándote, buscando explicación al mármol de tu rostro. Rompiste a llorar y supe que el océano me había alcanzado, y me sentí como un bote a la deriva sin brújula ni norte, con la orilla tan lejana como tu mano cerrada en un puño tembloroso. Mi barca había chocado contra tu iceberg. Este era el final, y aunque he llenado páginas en blanco desde aquel Otoño intentando comprenderlo, sé que la lógica no regía tus reglas, sé que eras una nube y yo tu jaula, sé que necesitabas salir al bosque y arrancar las hojas y llover tormentas, todas las tormentas que tenías acumuladas y que te estaban ahogando. Porque tú eras de otro planeta y yo tenía los pies en la tierra, y para el amor hay que levantarlos y dejarse llevar.

4 comentarios:

  1. Entro, te leo, mis ojos se enganchan con palabras familiares, llenas de recuerdos y añoranzas.
    Y salgo sin haber podido decir nada.
    Y vuelvo. Y releo. Y me quedo muda antes tanta sensibilidad tan bien vertida a traves de las teclas.
    Y al final, yo tampoco sé que decirte hoy.
    No encuentro la palabra, el adjetivo exactos para decir.
    Me ha gustado mucho.
    Abrazote grande. Y sonrisa.

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    1. Algo parecido me pasa a mí al leer tus comentarios, me honra que te guste y también me honra tocarte la fibra sensible, siempre y cuando esa fibra no duela y solo se emocione. Para ello te mando un abrazo lleno de buenos recuerdos y añoranzas felices, un beso enorme.

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  2. Esta entrada aceptaría un remix bestial. Buen material :-)

    PD: El otoño de cristal se rompe y debajo solo hay un enclenque muñeco de madera, pero más vivo que todos los materialismos que le rodean. Cuando el otoño deja de llorar es cuando asoma el invierno.

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    1. Remixea, Joseja Jean jajaja
      Ummm para mí que el invierno es justo eso, las lágrimas del otoño ;) Gracias por leerme y comentarme, como siempre y con madera.

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