martes, 19 de noviembre de 2013

¡Música maestro!

Hoy no he podido existir en el mundo real. Hubiera sido un suicidio, sí. Una muerte de esas cotidianas, del día a día, pero real. Que el dolor mata un poco bastante, de eso estoy segura. Así que me he largado. La forma más fácil de desconectar el cerebro y no centrarme en lo que quería centrarme ha sido enchufarlo a los auriculares. Que viva la música. La banda sonora de este día ha sido larga y variopinta, un poco de todo, como debe ser, pero con mucho de lo evidente y lo más innecesario: sad music, of course. Triste, ¿qué entendemos como triste? En un día como hoy, hasta las historias felices me lo parecen. Pero ha dado igual, diecitantas horas escuchando música sin parar. De un estilo a otro, de un ritmo a otro, del español al inglés, de saltar y tatarear a paralizarme en silencio con lágrimas por dentro de los ojos. La música y su magia de transportarnos y no hacernos sentir tan solos. ¿Cómo no? Si otros han sentido eso mismo que yo antes, si aquel sobrevivió para contarlo, mi vida no puede estar tan destrozada. Me río, me voy a reír. A quien engaño, oír esas líneas no hace otra cosa que erosionarme más. Por Dylan, ¡cómo duele! Qué belleza ésta la de poder hacer poesía del dolor y música de las heridas. Qué belleza tan asesina. Más asesina que el botón del replay, venga, que una vez no ha sido suficiente, vamos a rompernos otra vez, nos va el masoquismo. Pero para asesinos sanguinarios, el modo aleatorio: te pilla desprevenido, después de una cancioncilla simpática que te anima el rato... ¡zas!, ahí la tienes, la canción que habla de él, la que te recuerda a aquella noche, la que te clava en el sitio y te va cortando a pedacitos, con cada frase te encaja un puñal y al final finiquita con una estrofa letal, de esas que son un grito entre estribillo y estribillo, y ahí te quedes, la culpa es tuya por haber puesto el random. Así que bueno, el día está acabando, va siendo hora de echar el cierre e intentar dormir. No quería existir en el mundo real, me pasé al de las canciones, y aunque he evitado la muerte tangible, la música me ha hecho una eutanasia suave y lenta, ahora estoy más vegetal que humana. Veamos que pasa si me quito los cascos e intento recuperar mis pensamientos, demasiado tiempo con sonidos... Pues no se oye nada, ummm, ¡nada! Está bien, que tranquilidad, que paz, que calma, que aburrimiento. Cerremos los ojos, ¿qué es eso que se oye? Mierda, es su voz. No he podido olvidarla. Al carajo, música clásica para soñar. Igual mañana amanezco más inteligencia y razón, y menos corazón. Buenas noches.

4 comentarios:

  1. Bueno... no está tan mal empacharse de la banda sonora de nuestra vida de vez en cuando. A mí me gusta: o bien para revivir momentos gratos o bien para exorcismo de los malos.
    Pero no me gusta en plan aleatorio: prefiero elegir yo.
    Como de vez en cuando hay que reponer fuerzas, espero que hayas pasado una buena noche, con equilibrio de razón y corazón o sólo un ligero desequilibrio (elige cúal prefieres ;)
    Besote de ¡buenos días! y sonrisa... de insomne crónica :D

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    1. Jajaja me gusta lo del exorcismo de los malos momentos, sin duda es así. Y lo mejor es que en verdad,funciona un poco. Aunque me sirve más el exorcismo de escribirlos y así ir pasando páginas. Muchas gracias querida Framboise, eligo el desequilibrio siempre ;) Abrígate, que hace mucho frío, de todos los tipos. Un abrazo enorme de una que duerme pero con pesadillas. Muá :)

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  2. Antónimo personal para mejorar y compartir:

    Hoy quiero existir al mundo real: hoy quiero hacer (y hacerme en y por) un mundo mejor.

    El dolor no mata, solo duele: no hay que confundir el dolor con la muerte. Creo en el renacer.

    No me he largado porque no he podido, así que prefiero arreglarme y continuar viviendo.

    Me he puesto los auriculares para conectarme más con el mundo, para intentar
    explicarnoslo mejor. Estoy buscando el disco apropiado.

    Hoy quiero historias felices, no que solo me lo parezcan. He parado la música un momento
    para interesarme por tu tren.

    Me niego a llorar una canción, prefiero cantarla y tocarla.

    Quiero música que no me haga sentirme solo, quiero sentir a la gente que la sintió antes.

    Solo un idioma: bailar el alma con la música.

    La música no me recuerda a la voz de nadie, solo a sus gestos, como una peli muda.

    Buenos días!!!!!

    PD: haz párrafos por favor XD #denso

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    1. El motivo de no hacer párrafos es justo ese, transmitir la densidad y el agobio cargante de ese día "Musical", como si las palabras salieran a borbotones después de tantas canciones....
      Gracias por tu disertación,cada cual interpreta la música y sys sensaciones a su manera :)

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