domingo, 7 de agosto de 2011

Diario de sueños (1)


De pronto estaba allí, en aquella habitación, inmóvil por miedo a que el sonido de mis movimientos rasgara el aire. Estaba allí y eso era lo único que sabía.


La criatura dirigía su cara hacia donde yo me encontraba, pero donde deberían haberse hallado sus ojos, había dos rendijas negras que se hundían en la piel macilenta y me miraban inexpresivas, sin un atisbo de vida, con el color de la muerte. Colocó su mano en el cristal que nos separaba, no sin dificultad, y  la dejó quieta. Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo, pero un instinto extraño que no logré reconocer me impulsó a poner la mía frente a la suya. El monstruo la observó durante unos segundos, casi perplejo. Acto seguido, empezó a dar golpes contra la pared transparente, y sus iguales comenzaron a imitarle.
Empezamos a correr. No sé quiénes eran los demás ni porqué estaban allí, pero saber que eran humanos como yo bastaba. No era momento para plantearse otras dudas.
Analicé la situación mientras movía las piernas como si me fuera la vida en ello, porque probablemente, me iba.

Desde que había despertado en aquella enorme habitación tapiada burdamente con maderos irregulares, la pesadilla más increíble había comenzado y ahora estaba huyendo a toda velocidad de ella.
Había intentado reconocer el lugar, pero no se parecía en nada a mi cuarto ni a ninguna otra estancia de mi casa. Nunca había estado en un sitio así. A primer golpe de vista, me pareció vacío, pero cuando me acostumbré mejor a la oscuridad pude identificar a un reducido grupo de gente en una esquina de la habitación. Estaban sellando los ventanales, y por el rumor quedo que empecé a escuchar, había otras personas trabajando de la misma manera en otros lugares cercanos.
La habitación era larga, y tenía amplias ventanas, la mayoría ya tapadas, que mostraban que estábamos en una planta alta de lo que parecía ser un edificio. Estaba amaneciendo y el paisaje que pude ver no me reveló gran cosa: a ese lado, sólo había un descampado.

Como pude, me incorporé lentamente, y sin mediar palabra, un chico se me acercó y me dio un martillo. Entendí lo que quería que hiciera, aunque no la razón… hasta que el Sol comenzó a salir, y Ellos empezaron a acercarse.
No supe muy bien lo que eran. Nunca me habían gustado las historias de ciencia ficción y me resistía a emplear la palabra <<zombi>>. Pero esas criaturas no aceptaban otra descripción.  Trepaban por la pared del edificio y llegaron hasta las ventanas, donde esperábamos expectantes. Entonces empezaron a intentar romperlas, y nosotros salimos corriendo.

Ahora saltábamos inverosímilmente de un balcón a otro, de una ventana a otra, de una habitación a otra, en dirección opuesta en la que Ellos habían aparecido. Dentro de la irrealidad de la situación, conseguí hacerme a la idea de que se trataba de una serie de edificios encadenados, enlazados a través de repisas y terrazas, como una prenda de ropa sin costuras. Avanzábamos veloces por el bloque imposible sin mirar atrás, así que no tenía idea del avance de los monstruos. Sólo veía sombras humanas delante de mí, y por las respiraciones entrecortadas y los jadeos a mi espalda, sabía que el resto de mis inesperados compañeros me seguía.
Como en un videojuego, efectuamos acrobacias increíbles durante un largo espacio de tiempo, hasta que nos metimos en un edificio especialmente oscuro.
Todo era confusión, vuelos de tablas y clavos para intentar tapiar de nuevo la zona. Nadie hablaba, trabajábamos en silencio y con determinación. Cuando aseguramos todo el lugar, nos sentamos en corro a esperar. Mi cabeza estaba vacía, no sabía en qué pensar.

Y al cabo de un rato, la pesadilla volvió a comenzar.

Oímos cómo se arrastraban, cómo aspiraban nuestro olor, cómo intentaban desesperadamente encontrarnos. Y uno de los nuestros no pudo más. Se escabulló hacia dentro del entramado de puertas y se encerró él solo en una habitación. Nosotros empezamos la huida de nuevo, y a lo lejos, escuchamos sus gritos, pero ya no podíamos hacer nada por él. Se había condenado él solo.
La persecución duró horas.
En ningún momento mi cerebro registró miedo, sólo ignorancia y curiosidad. No podía sentir terror, porque dudaba de que lo que estaba ocurriendo fuera real. Me hallaba en un estado de inconsciencia. Sólo corría y corría.
Hasta que tropecé, y me abrí una brecha en la pierna. En el momento en que la sangre fluyó por mis manos, me di cuenta de que aquello no era ninguna tontería, de que la herida me dolía de verdad, de que había un zombi vivo (o más bien muerto) inclinado al acecho detrás de mí, y de que aquello iba a ser el fin…


De pronto estaba allí, en aquella habitación, inmóvil por miedo a que el sonido de mis movimientos rasgara el aire. Estaba allí y me di cuenta, de que lo que estaban tocando mis piernas, era sólo la tela de las sábanas de mi cama.

2 comentarios:

  1. Típico sueño en el que te levantas con el corazón desbocado y sudando. Pero bueno, si te dio para escribir esto, ¿tampoco estuvo tan mal no? yo en mis sueños nunca puedo correr, por más que lo intente, me agoto y no avanzo nada, sin embargo, soy capaz de volar, aunque es un vuelo incontrolado y tan pronto sube como tan pronto baja, soy como un superman novel jajaja.

    Besos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ese sueño sigo sintiéndolo fresco y aún me recuerdo corriendo y saltando de edificio en edificio. Lo más curioso es que ni leo historias de zombies, ni he visto Walking Dead ni nada parecido, soy más de vampiros xD jajaja

      NO CORRAS, VUELA :)

      Eliminar