jueves, 25 de agosto de 2011

Herencia rota

Y cuando no pudo más... sus gafas lloraron por ella. Y tuvieron miedo.

Sus gafas tuvieron miedo, porque ni llorando podrían curar su miopía de corazón.
Habían corregido su vista durante muchos años, la habían enseñado a observar nítidamente a la razón; pero ahora tenían miedo, porque el amor es ciego, y ella lo era más.

Y no podían ayudarla a ver las cosas de otra forma, no podían calmarla ni sonarle la nariz, sólo podían empañarse y llorar con ella, haciendo que todo se mostrara aún más turbio, desorientándola más en su enjambre de lágrimas y dioptrías.

Sus gafas tuvieron miedo, y del miedo se descolgaron de sus orejas y se deslizaron por su nariz, estrellándose contra el suelo en una caída vertiginosa que ella ya no pudo contemplar. Y al chocar, se rompieron en mil pedazos, coincidiendo con los fragmentos de su corazón.

Trocitos de cristal empapados de agua y sangre que ella nunca volvió a ver, y que en un último rencor de miedo y amor, le cortaron los pies el pasar.

1 comentario:

  1. Tengo gafas desde que tengo uso de razón y odio cuando las muy cabronas se empañan. Son mis ojos así que vieron cosas que ni yo mismo creería.

    Lo que un día sirvió para ver, otras veces sirvió para cortarse los pies...curiosa metáfora del amor.

    Besos

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